Archivo por días: 6 octubre, 2007

Grabación

Los chavales de Kantika están este fin de semana encerrados en un estudio para grabar un nuevo CD que se pondrá en circulación estas navidades. El trabajo cuenta en esta ocasión con una obra mía. El encargo surgió hace meses pero como la salud es la que viene marcando el ritmo de las cosas no me hice muchas ilusiones, más bien al contrario. El trabajo era sencillo y no: al oyente le parece sencillo el resultado pero es que aparentar sencillez en música es bastante complicado. Es una paradoja muy atractiva. Al componer hay que medir los pasos, sopesar los contrapuntos, ajustar las líneas melódicas, tensar un poco el extremo de los hilos, dar aire a los silencios y limpiar lo sobrante para que al final nada de eso se note. Así tiene que ser.

El plazo de entrega era el 30 de Junio pero como en todo, este último año, no pudo ser. Iba escribiéndose en la cabeza, eso sí, a síncopas y entre silencios, más de negra que de blanca, o en todo caso, en silencios en blanco; lo hacía aquí, en casa, o en aquellos paseos de la playa de finales de Julio, a pesar de ir fuera de tiempo. En Agosto el pensamiento no cerró por vacaciones aunque para entonces ya no pensaba tanto en el destino como en el destinatario. Y ahora, la semana pasada, a las puertas de Octubre, ya fijado en el papel, por fin y al fin, se me ocurrió enviarlo, principalmente por sentir la satisfacción personal de haber sido capaz de concluir algo (satisfacción tan necesaria para mí en estos momentos, a pesar de la indicación de los médicos para no tensar esfuerzos. Tampoco van a saber ellos de todo, digo yo).

Lo envié por mail mientras hacía hora para pasar a casa de los vecinos a cenar y a la vuelta de la cena tenía en el buzón una respuesta entusiasta y el reto de incluirla en el disco a pesar de ir con el tiempo en contra. Cuando los chavales acudieron al ensayo el pasado martes supongo que se llevarían un susto considerable pero han podido con ello. Cómo y de qué manera, ni idea. Creo que las voces van a contar con la ayuda de un piano, lo que no entra en la concepción original de la obra y hasta va en su contra. Pero creerlo, y no saberlo, explica un poco los mecanismos de este oficio en el que la obra deja de ser de uno en cierta manera desde el momento de la entrega. Para un incondicional de estos chavales como soy yo, es una suerte contar con esta oportunidad. Pocas veces ocurre que la voz propia se proyecte en la voz de otros, en la de aquéllos que tanto te dijeron y tanto bien te hacen. Yo creo que por eso el cuerpo ha querido hacer este esfuerzo grande, quizá es que lo ha necesitado hacer. En eso reside la satisfacción principal.