Archivo por días: 4 octubre, 2007

Album

sputnik

Sputnik. 50 años.

“Recuerdo muy bien la primera vez que nos vimos, hablamos del Sputnik. Ella se refería a los escritores beatnik y yo los confundí con el Sputnik. Nos reímos y la tensión propia del primer encuentro desapareció. ¿Sabes qué significa Sputnik en ruso? Compañero de viaje. El otro día, buscando una palabra en el diccionario, lo encontré por casualidad. ¿Por qué pondrían los rusos un nombre tan raro a un satélite artificial? No era más que un infeliz trozo de metal que daba una vuelta tras otra, completamente solo, alrededor de la tierra…”

(Haruki Murakami, “Sputnik, mi amor”)

Lluvia

Llovía ayer por la mañana y llovía ayer por la tarde. Llovía todo el rato. Antes, por la noche, tocó un pequeño susto, para qué recordarlo si ya pasó, duró sólo unos minutos, eternos, eso sí, pero sin necesitar ir a Urgencias, menos mal. Por la mañana fue cuando empezó a llover y tuve que ir al hospital pero no por lo de la noche sino porque tocaba conocer al reemplazo del médico, quién será, quién será, pues una de las vacas sagradas del hospital, que estuvo, marchó y está otra vez, hay médicos que se mueven mucho; no sé si es un honor o si es algo alarmante que pongan lo tuyo en manos de una vaca sagrada, pero mejor eso que otra cosa, digo yo. Preguntaba el médico, yo contestaba y afuera llovía. Dentro de la consulta del médico afuera es a la derecha, que es donde está la ventana con los cristales llenos de gotas. Seguía yo respondiendo a las preguntas del médico, en esta primera toma de contacto y, de repente, porque así fue, de repente, sin ningún motivo o por todos los motivos, se me saltaron las lágrimas. No tenía nada que ver que lloviera afuera, de eso sí que puedo estar seguro, del resto, ni idea.

Daba el periódico en un aparte la explicación de ese olor a tierra mojada al que luego dediqué toda la tarde, con minuciosa atención, despreocupado de quehaceres. Es una bacteria que está en la tierra, al parecer, y es curioso leer la noticia, aunque no digan nada de las propiedades reconstituyentes de la fragancia que yo aspiraba desde la terraza, porque aunque el asfalto está abajo, a la derecha hay un solar de tierra y vegetación con un cartel que dice próxima construcción desde hace años y del que han debido olvidarse, gracias a Dios. Llovía y la cortina fina de agua pasaba frente a la vista y el olor de la tierra mojada entraba por la nariz y llenaba los pulmones y eso hizo olvidar el resto. Quizá no fue lo más práctico pero era lo necesario. Ya pasó.