Archivo por días: 30 septiembre, 2007

Obituario

Lois Maxwell, Se ha muerto la señorita Moneypenny, la secretaria de “M” desde “Doctor No”, la que coquetea con Bond, James Bond, cada vez que éste abre la puerta. Esa misma. Pues se ha muerto. Lo que equivale a decir que se ha muerto Lois Maxwell, actriz canadiense, muerta a los 80 años en Australia. Caben decir de momento dos cosas. Una, que a veces ocurre que los actores y las actrices se mueren pero para los periódicos quien se muere en letra gorda en los titulares es el personaje y después, en letra pequeña, la persona que lo encarnaba; y además pasa que eso no es injusto sino que parece que es buena señal: que el personaje te haga sombra. Y dos: que a saber qué iría a hacer esta mujer tan lejos, desde una cuna de Canadá a un ataúd de Australia, hay que ver, y a esa edad. Pues eso para empezar. Para seguir, otras dos cosas. Una, que a mí siempre me pareció que esta mujer tenía un rostro muy interesante, pero sin querer decir que tenía mucha cara, que hoy en día el lenguaje se ha vuelto tan así que a nada que te descuidas parece que has dicho una cosa fea cuando no quieres; lo del rostro interesante viene a que siempre me dio por imaginar que cuando se apagaban los focos y esta mujer salía del fotograma y la gente del cine debía tener una vida muy interesante. Pero quién sabe. Además ya no le podemos preguntar, se ha muerto.

Lo segundo es que las breves escenas que sirven de transición entre el mundo de la acción y el despacho severo de “M”, es decir, el cuartito de Moneypenny, me encantaban y me siguen encantando. Y no quería que se acabaran. Esa ironía aplicada al ligue elegante, picantón e inocente al mismo tiempo, me gustaba mucho porque siempre sospeché que todo era teatro, que lo hacían para disimular por si había mucha gente en la sala pero que en realidad lo suyo era un rollo más ya nos entendemos. Pero eso lo pensé en la película número nosecuántos. En las primeras yo me lo creía todo. Pero todo, oye. Las sospechas empezaron después. La que se mantuvo intacta, antes y después, fue la duda: ¿qué hacía esta mujer cuando Bond, James Bond, no pasaba por allí? ¿Cuál era su horario de oficina? ¿Qué había en esos papeles que sostenía en la mano? ¿Pasaría frío en ese despacho? Porque allá por Londres debe haber muchas humedades y además los ingleses son muy de protocolo pero luego más rancios que igual hasta ni arreglan la calefacción. ¿Tendría Moneypenny una estufita debajo de la mesa? Y la cuestión definitiva, ¿nunca se percató esta mujer que Bond tenía la cara de Sean Connery y de repente se le puso la de Roger Moore pasando un rato por la de George Lazenby? Es que parece que no se dio ni cuenta. Los espectadores, por su parte, no le reprocharon que le tirara los tejos a cualquiera de ellos ni viceversa. Y eso es porque tenía elegancia y distinción, glamour de secretariado diplomático. A otra la pondrían a caldo en la tele y la llamarían lo menos fresca. Pero es que hoy es distinto.