Archivo por días: 24 septiembre, 2007

Huérfano

Muchas veces he escrito en este blog sobre el doctor Normal, ese santo varón que tiene en su haber el mérito de saberse entero mi dilatado historial médico y que debe su sobrenombre a la admirable templanza con la que afronta las contrariedades. Para el doctor Normal, lo que ponga en los análisis, el informe del especialista, la prueba solicitada a tal centro, lo que sea, siempre es normal. Pues bien, el doctor Normal se ha ido sin decir siquiera tómate ésto cada 8 horas.

Eso sí que no es normal.

Pero así ha sido. En realidad no me lo han dicho hoy, me lo dijeron el otro día, pero es que me quedé así, muerto, mudo, quieto, todo eso, y preferí esperar un poco. Sé que me repito más que el ajo pero en mi blog me repito lo que me da la gana: fue igual igual a cuando el señor Collins se va, de golpe, pero no porque se va a otro hospital en el quinto supositorio sino porque se muere, y el señor Diperna se lo dice a Kevin y Kevin se queda como yo el otro día, así, muerto, mudo, quieto, todo eso.

Puede parecer que el tono de este post sea desenfadado, incluso algo irónico. Pero no. En absoluto. Fue el doctor Normal el único que puso oídos cuando yo refería unos síntomas que parecían rebotar en la pared de las consultas y se dijo: aquí hay tomate. Y salió entonces ésto y lo otro, siendo ésto el diagnóstico de la ciclotimia y lo otro un gotero de cosas con la poliglobulia a la cabeza. Y fue el doctor Normal el que vio que había que coordinar lo de tantos especialistas a la vez y sin ponerse de acuerdo, contradiciéndose entre ellos a veces, y se ofreció a ser el coordinador para que el paciente dejara de ser una pelota de ping pong dando cabezazos por los pasillos. Y fue el doctor Normal quien después de estudiárselo todo se aventuró al cambio de la medicación principal, después de comprobar, al fin, que el elixir 1.0 había salido rana y que había que cambiar al elixir 2.0, eso sí, con un estricto control, por lo del riesgo de linfoma y un dvd de cosas que el paciente debía ver y donde sale una versión de “La Amenaza de Andrómeda” pero contada como si de un capítulo de “Las chicas de Oro” se tratara, porque sale una viejecita americana en chandal rosa americano con sonrisa americana y dentadura centelleante (americana) y no sé qué más porque no seguí viendo, total, como dice el anuncio ese que están poniendo todo el rato: “total”.

Pues total que ahí te quedas. Y lo entiendo, sí, pero es que ahora es como si estuviera huérfano porque en el hospital están todavía con la cara de susto aunque diciendo que no pasa nada, no pasa nada. Qué van a decir. Por mi parte les he dicho esta mañana: seamos claros, para el médico que le caiga mi caso, le cae un muerto, y quién coño va a querer cargar con el muerto. Porque los demás no conocen esa nueva medicación, así de claro, tienen que empezar desde cero, y tienen que aprenderse toda la historia, con sus derivaciones de 25 años; tienen que empezar a desmadejar un problema que empieza entonces con una súbita inflamación aguda del dedo índice de la mano derecha y llega al día de hoy en la consulta de un psiquiatra, con las plaquetas por el suelo y el hematocrito por las nubles. Por la mitad, de todo. A ver quién entiende eso.

Y en cuanto al paciente, servidor, lo que le toca es verse otra vez a merced de la jungla hospitalaria, que de hospitalaria no tiene nada, y tener que explicar otra vez desde cero todo, siendo todo un todo que ya agota. De verdad. Es una impotencia, un horror. Se me dirá quejica, falso, poco colaborador, me da igual, que lo pasen ellos, no te jode. Ni falso ni quejica ni hostias. Oye, doctor Normal, tío, que siempre te agradeceré todo, y lo sabes, que te deseo mucha suerte y eso. Pero coño, no sé, si no dices adiós porque quieres hacer de señor Collins al menos deja los apuntes o algo a los que se quedan, dales una luz, porque aún tengo que ser Kevin Arnold unos capítulos más. Oyes o no?