Tripulación 23 septiembre, 2007
Escrito por emejota en : Cine , Añade un comentario , trackback
Sobre “Viento en las velas” (“A High Wind in Jamaica”, 1965), de Alexander Mackendrick. Maravillosa pelÃcula y gran director. La sinopsis tiene que empezar hablando de los Thornton, un matrimonio inglés que vive en Jamaica. Los Thornton deciden enviar a sus hijos de vuelta a Inglaterra cuando, tras el paso de un huracán, su madre se da cuenta del efecto que puede llegar a tener en ellos la adversidad del entorno. El navÃo en el que zarpan es asaltado por un barco pirata en el que los niños terminan atrapados por accidente. A partir de entonces, los piratas se ven obligados a hacerse cargo de ellos muy a su pesar, dado que enseguida descubren que la presencia de los niños es un verdadero peligro. Ahà termina la sinopsis, que es como la cáscara, la piel; debajo late la pelÃcula.
Zarpemos nosotros también como polizones en esa travesÃa porque quiero llevar todo ésto a puerto. Que no nos vean. Hay dos piratas que mandan sobre los demás: Anthony Quinn y James Coburn. Quinn hace uno de los piratas más inolvidables que se han visto en la pantalla; él solito se come el pedazo de pantallón en CinemaScope. Y luego están los niños (uno de ellos de mayor será el escritor Martin Amis) que al principio están muertos de miedo:

pero enseguida se lo pasan en grande invadiendo el territorio pirata, interfiriendo en las actividades y la vida de a bordo y convirtiendo el navÃo en lugar de juegos por el que campan a sus anchas poniendo a prueba los nervios de los rudos piratas:




La pelÃcula surca el metraje balanceándose a babor de la comedia y a estribor del drama. La comedia surge, evidentemente, de la convivencia forzada en un espacio reducido de niños y piratas que representan dos estados antagónicos del espÃritu humano: la inocencia y la maldad. Si cerramos plano sobre estos términos veremos, sin embargo, que la frontera que separa las palabras inocencia y maldad tiene aquà unos contornos difusos. De ahà surge la verdadera sustancia temática de la pelÃcula. El hecho que mueve a la madre de los niños a decidir su salida de la isla es, precisamente, su horror al contemplar la indiferencia de los pequeños ante la trágica muerte de uno de los isleños. Tras el paso del huracán, todos salen de su refugio a contemplar la devastación que éste ha dejado a su paso y mientras los adultos corren al auxilio de los gritos de una mujer que acaba de descubrir el cadáver de su marido, aplastado por los escombros, los niños empiezan a chapotear en corro sobre un charco de agua jugando a escasos metros del cadáver.
La pelÃcula plantea la cuestión de la existencia o inexistencia de una conciencia moral en los niños y sus consecuencias; si existe una carga imputable de responsabilidades en seres cuya pureza de espÃritu, paradójicamente, no conoce los conceptos del bien y del mal y, por tanto, no hace distinción. Los actos no se juzgan por sà mismos sino por la valoración que hacemos de los mismos. Lo que a los ojos de un adulto “civilizado” se muestra como un acto censurable, para la conciencia virgen de unos niños su actitud “incivilizada” se muestra a través de un comportamiento habitual y natural porque no puede ser de otra manera, no conoce otra manera. Paradójicamente, aquà es la fuerte presión que una de las niñas recibe de vuelta a casa por parte de la sociedad civilizada y revestida de valores la que confunda y manipule su testimonio ante un tribunal y lleve a la horca al pirata Quinn. Ninguno de los adultos sabrá que allá en alta mar el pirata veló por la vida de la niña ni que la niña consiguió alumbrar el corazón frÃo del pirata. Pronunciada la sentencia y en el revuelo de la sala, sólo nosotros, polizones a bordo, somos testigos de la mirada comprensiva y tranquilizadora que el viejo lobo de mar dirige como despedida a la desconsolada criatura y que vale un mundo. Qué grande Quinn en esta gran pelÃcula.

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Otras pelÃculas de A. Mackendrick en “La Idea del Norte”: aquÃ.