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Coral 19 septiembre, 2007

Escrito por emejota en : Análisis, Música

Me he emocionado mucho esta tarde al volver a escuchar un Coral de Bach. Hubo un tiempo en que era capaz de dibujar el árbol de muchos de esos corales con todas sus ramas, como un genealogista de los corales bachianos; partía de uno de ellos y le seguía la pista: en tal Cantata aparece en elaboración, en tal preludio para órgano reaparece estrenando una nueva armonización. Y así sucesivamente. Y cada descubrimiento era altamente estimulante como alimento para el espíritu al mismo tiempo que una lección deslumbrante e inagotable. Albert Schweitzer empezó su libro sobre Bach afirmando que la obra de Bach debe su grandeza al Coral. Yo me atrevería a decir que surge de él pero creo que eso también lo dijo Schweitzer y además mucho antes. Qué tío Schweitzer.

A veces me gustaría no ser músico para que alguien me hablara por vez primera de los Corales y recorrer de nuevo su preciosa aventura tan sencilla e interesante y en cuyo final… empieza Bach a escribir lo suyo.

El Coral es la principal manifestación musical del Protestantismo. Surgió en tiempos de Lutero porque la consideración de la música en el ámbito protestante difería mucho de la católica. Y aquí empieza lo llamativo: la católica veía con cierto recelo los efectos derivados del placer estético de escuchar o hacer música, no fuera que a uno se le fuera el santo al cielo descuidando la dedicación y la entrega a lo que verdaderamente importaba: la oración. En este sentido, San Agustín escribe en sus “Confesiones” un pasaje muy significativo:

Me inclino a aprobar el uso del canto en la iglesia (…) Sin embargo, cuando ocurre que me siento más conmovido por el canto que por lo que se canta, me confieso a mí mismo que he pecado de una manera criminal y entonces quisiera no haber oído ese canto. Llorad por mí vosotros que reguláis vuestros sentimientos internos de modo que sus resultados sean buenos.”

Lutero no se complicaba la vida con esos dilemas morales. Lo suyo era más sencillo: “la música es un don de Dios”, escribió. Así lo creía y fue consecuente con ello. Pensó Lutero que si la música era un don de Dios a los hombres, por qué no sacar gozoso provecho de ese regalo. Y dicho y hecho. Aparte de promover y estimular la enseñanza musical en la escuela y en el hogar (cuyas consecuencias todavía son visibles hoy en día para cualquiera que ponga la oreja en esas latitudes) Lutero pensó que necesitaba un canto nuevo y distinto para que la gente se comunicara con Dios porque el canto religioso católico (el que hoy conocemos como Canto Gregoriano) no servía. Y no servía por estas razones:

1-. Era en latín (la gente de a pie no hablaba esa lengua)

2-. Era difícil de entonar (esos largos melismas no son coser y cantar precisamente)

3-. Era complicado de memorizar (muchas de las melodías son muy largas)

Así que Lutero se puso a la tarea de confeccionar un tipo de música que fuera justamente lo contrario, es decir:

1-. Que fuera en alemán (la lengua vernácula)

2-. Que fuera sencillo de entonar (para que todos pudieran participar de él, independientemente de sus aptitudes musicales)

3-. Fácil de recordar (por lo mismo)

Ante la imposibilidad de improvisar de la noche a la mañana un repertorio nuevo, Lutero tuvo una feliz ocurrencia: recurrir a la música popular, aquélla que todo el mundo había mamado desde la cuna y que, por tanto, era conocida o, por lo menos, sonaba de algo. Lutero se hizo con esas melodías sustituyendo su texto original por otro religioso. Y ya puestos, las remodeló para que se adaptaran a un formato uniforme. Y así surgió el Coral.

El Coral se caracteriza por ser un canto breve que avanza en grupos de pocas notas separados por pausas breves. Algo como ésto:

Coral

Click para escuchar. MP3. 273 K.

Dos detalles a destacar: todas las notas tienen la misma duración para que la congregación no pierda el hilo melódico. Y después la razón de ser de las pequeñas pausas, curiosísima: son el tiempo necesario para que la vista eche un vistazo al libro de cantos y lea la letra del siguiente verso. No hay que olvidar que la mayor parte de las melodias eran populares (y, por tanto, conocidas) pero las letras eran nuevas.

Pausa (no sé si breve como la de los Corales)

Comentarios»

1. sergio - 19 septiembre, 2007

una vez más… gracias

2. toni - 19 septiembre, 2007

la sabiduría compartida es un gran alimento a las ocho y media de la mañana. y a las ocho y media de la tarde. me gusta hablar de música. incluso intentar interpretarla. pero nunca he sabido muy bien cómo definirla. ni cómo estudiarla. así que escuchar a un músico (algo que se quedó en el conservatorio, arrinconado por un látigo) hablar sobre música es un gran placer. aunque sea leyéndolo en una pantalla de ordenador.

3. Camille - 20 septiembre, 2007

Veo que no te olvidaste de dejar encendida la luz para que se te pudiera encontrar.
Muy bonita esta nueva página y muy buen post!

Saludos

4. emejota - 20 septiembre, 2007

Bienvenida de nuevo, Camille, y muchas gracias.

No me gustan los conservatorios, toni, sospecho que yo a ellos tampoco. Siempre me han parecido sitios equivocados y casi siempre fríos, no sé cómo explicarlo.

Una vez más… de nada, sergio :)

5. nabucodonosor - 5 mayo, 2009

Caí en esta página estudiando análisis de un coral de bach por primera vez en mi vida. Me fascina la música, pero mi formación es escasa y tardía.

Por lo menos me ha situado.

Muchísimas gracias!