Ultimatum

Hoy he pasado el día fuera. Fuera es subir al tren y estar dentro lo de una hora más o menos. Tenía que ir un día u otro a hacer unas cosillas, sin prisa, pero resulta que al punto de la mañana un operario municipal ha despertado al edificio entero regando un trozo de acera con una manguera a tal presión que aquello parecía la ignición del Challenger. Me he asomado a mirar a riesgo de mostrar un espectáculo erótico-festivo (iba semidesnudo) a los escasos viandantes que a esas tempranas horas circulaban con la legaña puesta y por un instante he temido que el operario saliera propulsado por los aires dejando un cráter en la acera. Desvelado, he encendido el ordenador para mirar el correo. Un amable lector me ha escrito para decirme que si en los próximos días mantengo mi actitud de no escribir sobre análisis musical dará de baja el feed de este blog y no me leerá más. Para colmo, el correo termina diciendo: hala.

Pues vete a solfear.

Hoy no ha habido post musical porque he decidido pasar el día fuera. Me he ido con la música a otra parte. Pasamos lo del tren, pasamos lo de la primera mitad de la mañana y llegamos a, más o menos, las 12:30. He hecho un alto en los recadillos que tenia previsto hacer y me he sentado en una de estas plazas ultramodernas que tienen como sombra altos edificios llenos de despachos. Me he puesto a mirar a la gente que pasaba, todos con prisa, oye, y con esas caras. Me he acordado entonces del inolvidable Tooru Okada, que en unas páginas de la no menos inolvidable “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” hace lo mismo. Me he sentido Tooru Okada pero sin caramelo de limón en la boca y sin la señora enigmática que se para delante de él acrecentando el enigma, que para eso es señora enigmática. Lo que sí ha sonado es el teléfono. Era un ex-alumno mío del año de la polka que se fue a la universidad después de hacer incursiones en la música sin saber que lo suyo era en realidad la literatura. Tuve esa convicción cuando él todavía iba al instituto y cayó en mis manos un relato suyo. Asombroso. Pues está al teléfono. Al menos lo estaba esta mañana. Me ha preguntado si podría facilitarle algún material para llevarse en el equipaje a la Universidad. Yo: ¿material de? Él: no sé, alguna audición o partitura interesantes para pensar sobre ellas. Yo: ¿tanto se aburre uno en la universidad? Él: no, no, pero a veces me apetece bastante. Y yo: de acuerdo, pero a cambio de un relato. Y él: (risas). Y yo: extensión y temática libres. Me da igual que sea un microrrelato o un relato sin micro. Pero tienes de plazo hasta Navidades. Él: vale. Yo: ¿seguro?. Él: seguro.

Parece que hoy era el día del análisis músical.

Antes de comer me he comprado una sudadera para el invierno. Negra. Es negra pero alegre, no sé cómo explicarlo, no sé siquiera si alegre es un adjetivo adecuado para una sudadera. Pero me ha gustado. Después, otra gestión más y a comer.

(en el Pans and Company)

Tengo debilidad por los Pans and Company. Es algo que me puede. Pasemos al postre. Por la tarde, antes de volver a la estación, me he pasado un momento por la FNAC. La Filmoteca sigue ofreciendo suculentos menús. Al pasar por la sección de librería he buscado un ejemplar de “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”. Según mi consulta, a Tooru Okada se le ocurre lo de sentarse en una plaza a mirar a la gente una mañana de la página 355. De vuelta en el tren me he acordado de lo del trato para canjear material por relato. Habrá que empezar a pensar en algo, aunque no estoy muy seguro de ser capaz de cumplir mi parte. Y ya lo estoy sintiendo.

5 pensamientos en “Ultimatum

  1. Erendira

    Chin!por que no fui tu vecina? Por lo de espectáculo erótico-festivo, jiji. Que hay en el Pas and Company, digo, que de especial? Igual un dia me animo a ir de vacations a La Madre Patria y te invito a comer (aqui es donde me arreglo el vestido y te hago un guiño ( ;) )Jiijijiji, Dios Mio! el casi-otoño me tiene desatada!

  2. Rachel

    Vaya con los lectores y sus exigencias. ¿Y la amenaza de darse de baja? ¿Qué pasa que entonces informa a wordpress y te castigan con escribir 100 post o qué?

    Lo del caramelo de limón ha sido fallo tuyo, seguro que en cualquier tienda tenías uno de esos “adoquines” esperándote.

    (Bizcocho apuntado)

  3. toni

    es raro sentarme ahí, mientras te leo, en una plaza, con o sin caramelo de limón, mirando a la gente. es raro, pero esa sensación es la que hace que sepa que Peter Pan y Alicia todavía siguen ahí. es casi como cuando paso los ojos por las aventuras de Kafka en su orilla particular. qué sensación de cobijo y de calor. así que no entiendo lo de las exigencias del lector. y también le mando a solfear.
    por cierto, me guardaréis un trozo de bizcocho, es que aún voy a tardar un rato en llegar, que el mar está un poco revuelto y el aeropuerto está lleno de guiris que vuelven a casa. tengo que traer algo?

  4. Rachel

    Hombre pues claro que te guardamos toni, si quieres puedes traer tu cámara y este fin de semana le hacemos una excursión por aquí.

    (¿De chocolate o con mermelada de mora?)

  5. emejota Autor

    toni: ha quedado más de medio bizcocho con chocolate así que no hay problema. Además estaba muy bueno. Han insistido en que me trajera un trozo a casa, no sé si por remordimientos de lo de la galleta y el vaso de agua o porque me ha dado la ligera impresión de que el vecino está de bizcochos hasta el gorro. Pero allí lo he dejado, que todavía están en edad de crecer y hay que alimentarse. Sigo en la orilla de Kafka, es verdad. Todavía no he salido de ahí.

    No sé lo que tiene de especial el Pans, Erendira, en realidad se supone que son establecimientos fríos y asépticos de comida rápida. Soy refractario a esos sitios excepto cuando pone Pans. Es un misterio.

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