Excursión 9 septiembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 20 comentarios , trackbackLos vecinos llamaron el viernes al mediodÃa para decir que preparaban una excursión de fin de semana y que si podÃan llevarse mi cámara. Es decir, en lugar de invitarme a ir con ellos de fin de semana invitaban a mi cámara. Ten vecinos para ésto. Le entregué la cámara a la vecina dirigiéndole una mirada de huérfano dickensiano y la vecina se echó a reir (normal, para eso le hago el teatro) y para compensar que me habÃa quedado compuesto y sin vecinos me compré por la tarde una caja de las galletas que usan ellos para desayunar y que descubrà un dÃa para merendar. Desde entonces, alguna tarde llamo para decir si me invitan a un vaso de agua y una galleta (que es otra variante de mi papel de huérfano dickensiano) y dicen que sÃ. Son muy caritativos.
Qué más.
Ah, la pereza. Este fin de semana es tan tranquilo (bendita tranquilidad) que me ha entrado una especie de sopor placentero, algo insólito, que ha obligado a aparcar los asuntos del blog y casi los del no blog, aunque he estado leyendo, viendo alguna pelÃcula y el sábado por la noche estuve cenando en casa de Anamari y a la vuelta hacÃa una noche perfecta. He descubierto que tengo un conflicto con el tiempo. Hay dÃas que apenas tengo nada que hacer y, sin embargo, el dÃa me viene corto. Y me dan las 3 de la madrugada con la sensación de que alguien le ha dado al botón del ffwd. Es raro. Debe ser que a ratos me vuelve el punto contemplativo. Desde que era pequeño, cualquier estÃmulo sensitivo, por pequeño que fuera, despertaba en mà una fascinación ilimitada que me dejaba fuera de combate por un buen rato. Estos dÃas, por ejemplo, esté asomado a la ventana o vaya por la calle, me quedo prendado del azul del cielo a partir de mediatarde. Porque están siendo las tardes más asombrosas del año y no sé si la gente que pasa por la calle se da cuenta. Suele pasar en esa transición del verano al otoño: sopla por unos dÃas el viento norte, limpia la atmósfera, y la nitidez del aire y el sol que declina más deprisa dan un azul profundo hasta el vértigo. DeberÃan enseñar estas cosas en el colegio.
Esta tarde vuelven los vecinos y mi cámara. A ver qué cuenta.