Archivo por días: 5 septiembre, 2007

Temporada

En los últimos días han llamado de dos emisoras de radio solicitando mi colaboración en la nueva temporada. Una de ellas ha dicho que puedo incorporarme cuando lo crea más conveniente, así lo ha dicho; la otra ha ido más allá y, ante mi asombro, me ha dado carta blanca para elegir el día, la duración y hasta los contenidos. Eso sí, ambas emisoras han coincidido en una cosa:

hacerlo gratis.

Es curioso el mundo de las emisoras comerciales. Allí el prime time no es nocturno sino matutino y los programas son el pretexto para poder dar salida a lo que realmente importa: los anuncios publicitarios. Hasta las secciones de los magazines son contenedores publicitarios convenientemente maquillados: un amable doctor explica las alergias de temporada o los problemas de varices y, antes de marcharse, el locutor nos recuerda la dirección y el número de teléfono donde el tal doctor pasa consulta. Lo mismo con la veterinaria, el cuidador de plantas, la tarotista y demás. En realidad, una colaboración en radio es una transacción: tanto la emisora como el colaborador sacan un provecho material. Y es lógico que así sea. Pero yo no tengo nada que anunciar, ni un negocio que publicitar. Ni siquiera puedo venderme a mí mismo aunque igual si lo hiciera me enteraba de para qué sirvo.

Me da morbo pensarlo.

No me considero un materialista en ese sentido. He colaborado gratis durante varios años en diversas emisoras poniendo en ello todo mi empeño y afecto y no me ha importado que así fuera. Pero ahora, después de tanto tiempo en el puto paro, la cosa me resulta más llamativa: la cosa en sí es que las cosas sean así. En cualquier caso no está el horno para emisiones, dadas las circunstancias, así que he declinado amablemente la invitación. Hay ratos, sin embargo, en los que pienso sobre qué habría hablado en caso de haber aceptado, habida cuenta las características de la proposición; sobre qué temas, de qué manera. Y lo más importante: ¿por qué?. A veces pienso que me gustaría oirme en la radio para averiguar de qué cosas hablo y qué motivos justifican que tenga que ser yo el que las hable. No sé, es raro, pero divertido; tiene un punto a lo Millás. Por cierto: Millás cobra, es brillante y hasta tiene un punto a lo Millás. El mundo está mal repartido.