Archivo por días: 2 septiembre, 2007

Altar

La habitación verde - TruffautHe estado visitando “La Habitación Verde” en la que François Truffaut erigió un altar para rendir tributo a los afectos de su memoria. Pero eso pasa después, vayamos por orden. La película, delicada y amarga a un tiempo, rodada en 1978 con la luz de Néstor Almendros, es una adaptación del relato “El altar de los muertos”, de Henry James. La historia nos sitúa a finales de la década de los años 20 y nos habla de Julien Davenne, modélico redactor de necrológicas en un periódico de provincias. Davenne vive entregado a la tarea de preservar la memoria de los muertos y decide crear un altar en homenaje a todos sus difuntos encendiendo una vela para cada uno de ellos. La causa que justifique esta obsesión parece estar, en un principio, en el hecho de que Davenne ha perdido a gran cantidad de gente querida en poco tiempo: a su joven esposa al poco de casarse y a muchos amigos en la Gran Guerra; sin embargo, la clave de la historia no la encontramos en la veneración enfermiza por la memoria del pasado sino justamente en el temor y el recelo hacia el futuro. El propio Julien Davenne lo confiesa a la luz temblorosa de las velas en la capilla de la memoria donde tienen cabida todos los difuntos menos uno, Paul Massigny, el amigo que le traicionó: “Destruyó mi confianza en la vida. Me enseñó a sospechar”. Los vivos pueden traicionar; los muertos nunca. Para Davenne, es más seguro y confortable vivir en el recuerdo agradable que no puede empañarse, desasosegante posibilidad del presente. De ahí la importancia de mantener viva la llama de la memoria para ahuyentar la sombra del olvido.

Davenne está encarnado por el propio Truffaut, que aquí está tras la cámara y también delante de ella. Truffaut fue más amigo de pequeños papeles y cameos que de llevar el peso del protagonismo absoluto pero resulta difícil pensar en alguien más idóneo para encarnar al personaje de Davenne. Davenne nace de ese porte hierático tan característico de Truffaut que, sin embargo, concentra toda expresividad en la mirada.

François Truffaut

Hay otra razón para ponerse en la piel del personaje de Davenne. Al recrear en plató el altar de la memoria, Truffaut coloca el suyo propio y, de esa manera, de las paredes cuelgan las fotografías de Maurice Jaubert, el compositor de la banda sonora de la película, prematuramente fallecido en 1940, y también de André Bazin, Jean Cocteau, Jeanne Moreau, Oskar Werner, Oscar Wilde, Marcel Proust y un amplio etcétera. En la secuencia en la que Truffaut muestra y hasta explica las imágenes ahí expuestas se produce una curiosísima inversión de papeles: ya no es François Truffaut quien encarna a Julien Davenne sino que es el personaje ficticio de Julien Davenne quien interpreta momentáneamente al François Truffaut real, en cuyo altar de “queridos desaparecidos”, por cierto, la muerte es considerada también en un sentido figurado: aquéllos que ya no están pero no han muerto.

Esta incursión personal de Truffaut por las otras muertes me parece muy interesante y sugerente: en el particular altar de la memoria de cada cual hay espacio también para aquéllos que dejaron una huella y por quienes en su día y tras su marcha se guardó duelo. También hay un lugar para las veneraciones secretas hacia quienes nunca supieron que eran objeto de nuestra atención. ¿En qué altar ocuparemos nosotros un espacio sin sospecharlo siquiera? ¿de quién, de quiénes? ¿quién vela por nuestro recuerdo, dónde somos luz y aliento?