Inauguración

Pues Belén ya tiene su piso. Ayer por la noche hicimos cena de inauguración y el repartidor del chino debió confirmar sus sospechas, largamente albergadas, de que ya nos hemos casado o algo así. Es divertido porque un día, a mitad de un arroz frito con ternera, a la sombra del árbol de plástico que debe ser común a todos los restaurantes chinos del mundo, tuve de pronto la certeza de que el chino nos dirigía esa sonrisa oriental porque nos suponía tortolitos. Belén dijo que no, hombre, pero yo dije que sí, quiero. El chino seguía sonriendo de pie al fondo y a partir de entonces cuando se acercaba a la mesa le decía yo a Belén que deberíamos mirarnos lascivamente o algo parecido para dar un poco de juego y ella tenía que aguantarse la risa.

La casa de Belén huele a madera nueva y, de momento, tiene en el suelo del pasillo una caja con el micro-ondas y una pila de libros y unos cables sueltos colgando del techo. En el resto de la casa parecido y a ratos hasta una estantería vacía. Varios años diciendo en el restaurante chino aquéllo de a ver cuándo podemos estrenar cenas en mi casa, a ver cuándo y, al final, ya está, cena en casa de Belén. Pero de tanto esperar en el restaurante chino terminamos por acostumbrarnos a esa comida y ayer nos la llevamos a casa, para inaugurar. En realidad nos la llevaron. Abrimos la puerta y el chino nos dirigió una oriental sonrisa de sorpresa, primero, y de complicidad, después, y aún de satisfacción como diciendo ésto ya lo suponía yo, mientras nos contemplaba rodeados de cajas, vacías unas, a medias otras, llenas las de la mampara y las de algunos artilugios que no sé qué eran pero que seguro que eran de esos que al final convierten una casa en casa.

El piso de Belén es muy bonito y tiene la luna creciente enmarcada en la ventana del salón y dos copas de chocolate y nata de postre. En la cocina hay un frigorífico que escupe el hielo en el vaso como si cayera una granizada de esas de gota fría de septiembre (a mi me dio un poco de impresión, todo sea dicho).

3 pensamientos en “Inauguración

  1. toni

    a todos nos gusta estrenar cosas nuevas. y casas, todavía mucho más. todo huele a nuevo (incluso la madera), pero sobre todo huele a ilusión y a qué feliz voy a ser aquí, cuántas cenas voy a montar con los amigos. a nosotros nos falta un mes y medio más o menos, para estrenar la casa nueva, digo. enhorabuena, Belén. y cuidado (o no) con los malentendidos del restaurante chino, porque a veces pueden llegar a entenderse bien y al final va a ser que sí, que quieres.

  2. Rachel

    jejejeje sois la aldreguería del chino. Ahora sólo queda volver a darle que hablar. ¿Cuando vienes a cenar y le recibimos tú y yo? ¿O con Iván?

    (Tú sigue llamándome cono siempre, las variantes que hace el resto de gente han ido surgiendo de manera natural, cuando esté con Wanda ya me pondré la “Q”)

  3. emejota Autor

    Raquel: un ménage à trois! :p

    Toni: el malentendido con el restaurante chino llega cuando estás hambriento y pides tu plato favorito pero luego resulta que en esos envases de astronauta llega otra cosa que, para colmo, te da un repelús horrible. Para cuando te das cuenta, el chino hace rato que se ha marchado en su moto. En esos casos, siempre hay alguien que se apresura a llamar por teléfono al restaurante para que subsanen el error pero a mí siempre me da una pena y una vergüenza terrible porque el chino tenga que volver sólo para eso.

    (feliz mudanza)

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