Viajeros 22 agosto, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Glenn Gould
El calendario y el paso del tiempo siguen empeñados en sumirme en la nostalgia y el estupor. El 20 de Agosto de 1977 yo tenÃa 7 años y junto a mi padre escuché en el telediario de la noche calurosa la noticia de que desde Cabo Cañaveral habÃa salido al espacio la primera de las sondas Voyager, aunque de nombre fuera segunda: Voyager 2. Lo excitante de las Voyager, la 1 y la 2 (aunque yo me quedé con la 2, igual mi padre se quedó con la 1, no sé), lo que las diferenciaba de otras, eran las misiones que se les habÃan asignado, que también eran dos.
La primera era explorar los planetas exteriores, llegar allà donde nadie habÃa llegado gracias al ingenioso sistema de vuelo que se le habÃa ocurrido a un estudiante universitario consistente en aprovechar el campo gravitatorio de los planetas para coger impulso hacia el siguiente mediante un efecto peonza. La segunda de las misiones, la más fascinante, era que las dos pequeñas sondas partÃan con la orden de, una vez terminados los deberes, internarse en los remotos confines del universo por los siglos de los siglos portando ese anhelo ancestral del ser humano de perpetuarse. Ninguna creación del ser humano, a dÃa de hoy, le sobrevivirá tanto como las Voyager, que seguirán surcando la glacial oscuridad a una velocidad inimaginable cuando el Sol haya agotado su combustible y la Tierra y los demás planetas del Sistema Solar hace muchÃsimo que hayan desaparecido convertidos en motas de polvo cósmico. Qué vértigo da pensarlo.
Mi padre me explicaba algo parecido hasta donde yo podÃa entenderlo aquellas noches del verano de 1977 en la terraza y cuando mucho después (o poco, visto lo visto) en 1986 la Voyager 2 llegó a Urano me puse a recortar de los periódicos la noticia al volver del Instituto y lo mismo hice en 1989 cuando alcanzó Neptuno y todavÃa años después cuando giró la cámara para tomar, a las puertas del lÃmite del Sistema Solar, la fotografÃa más imponente que se ha tomado jamás: todos los planetas, todos los vecinos, posando juntos; con un Sol convertido en un puntito minúsculo indistinguible entre el océano de estrellas a no ser por la flechita puesta gentilmente por los cientÃficos, y un apenas nada que resultaba ser ésto que tan grande parece porque hay otros océanos, y los desiertos, y la Muralla China, y el Paseo de Gracia de Barcelona, y la cordillera del Himalaya, y la Marathon de Nueva York, y la cocina de mi casa desde la que se ve a un vecino hacerse un lÃo con la cuerda del tendedor nueva. La fotografÃa daba para pensar en muchas cosas.
Qué cosa el instinto de permanencia buscando perpetuarse. Las especies se perpetúan en la descendencia y desde hace 30 años, también en el viaje interminable de la Voyager 2. De la misma manera que llevamos al abuelo en el nombre que nos pusieron y los ministros y los alcaldes y hasta las ciudades enteras dejan su señal al mañana en las placas inaugurales de los parques, las calles y las autovÃas, la Voyager lleva en su interior la señal de todos los que somos, los que fueron y los que serán. Los cientÃficos le encargaron a Carl Sagan el trabajo (más testimonial que práctico, pero indudablemente atractivo) de confeccionar una grabación que contuviera los sonidos de la Tierra: la lluvia al caer, el canto de los pájaros, el llanto de un recién nacido, la música de Bach brotando de las manos de Glenn Gould… No deja de ser significativo que el músico que un dÃa huyó del mundo siga viajando fuera de él aun cuando el músico ya no existe y aun cuando llegue el momento en que el propio mundo ya no exista.
30 agostos después, la Voyager 2 sigue latiendo a pesar de los achaques de la edad y del esfuerzo; un poco sorda, un poco ciega, un poco reumática (alguna articulación se resiente en forma de antenas que no se despliegan), la sonda sigue enviando un débil beep y unos gramos de información diaria (su cuaderno de bitácora) que tardan la friolera de 15.000 millones de kilómetros en llegar a los oÃdos de una generación de cientÃficos distinta a la que la despidió, tal dÃa como ayer, en el amanecer caluroso de Cabo Cañaveral.
El dÃa que la Voyager 2 agote sus últimas reservas de baterÃa y se desconecte, allá por 2030, pasará a convertirse en un meteoro silencioso y veloz, sin obstáculos ni freno. Los modernos ordenadores de hoy en dÃa han determinado que el primer objeto astral que avistará de cerca la viajera en su travesÃa infinita tendrá lugar dentro de 193.000 años, cuando pase a 1,7 años luz de la estrella Ross248. Por su parte, el viejo ordenador que lleva a bordo la Voyager 2 guiándola en su viaje épico sucumbirÃa a la hora de hacer correr algunos de los juegos que a finales de los 80 se programaron para el ordenador Spectum. Todas las cifras aquà nos desbordan y sobrecogen.
Comentarios»
¿Tú también soñabas con las estrellas, Mariano?
Yo siempre las veÃa con una cierta ansiedad… recordaba aquél cuento de Bradbury sobre la mujer del astronauta, para la que las estrellas eran lágrimas.
Ahora mismo me asomo y veo el cielo gris y húmedo, pero me conforta saber que detrás de las nubes están las estrellas.
¿Sabes que el 27 se verán dos lunas?
CortesÃa de Marte.
Ya te mantendré informado.
(Estoy comiendo una Pantera Rosa, con PaladÃn)
Abrazos fuertes.
M
Siempre soñaba con las estrellas, Miguel. Ahora también pero cuando no lo consigo sueño que soñaba con las estrellas. Yo me quedo muy quieto cuando las miro, como si me paralizara esa mezcla de vértigo y emociones que creo que es común a todos desde la noche de los tiempos.
(A Marte a veces le da por acercarse y mirar)
Buen provecho!
Lamento decirte Miguel que lo de las dos lunas es una leyenda urbana que se repite cada agosto. Una cadena de mails más.
A mi también me hizo mucha ilusión lo de las dos lunas pero lo comprobé.
Es imposible que marte se acerque a la tierra tanto como para verse tan grande como la luna. Ays nuestro gozo en un pozo.
Este año me quedé sin lluvia de estrellas…pero eso se repite cada año.
(Tendremos que repetirlo alguna vez no emejota?¿?)
Os dejo un enlace para lo de las lunas http://www.milenio.com/mexico/milenio/firma.php?id=540374
(Me está gustando este nuevo espacio, es más recogido…cómo me des envidia….)
“la nebulosa de andrómeda”!!! eso me recordaste… (yo soy la pesadita de las asociaciones… no lo puedo evitar…) el libro este es un canto al socialismo soviético, sorry, pero lo leà hace 30 años y lo que más se me quedó fue la inspiración que le da a un cientÃfico recibir un mensaje holográfico desde la nebulosa, una mujer bailando, y su desesperación por saber que ella no existe más… aparte, asà como un montón de cosas son rediscutibles de ese “futuro perfecto”, el libro me dejó la sensación de que el futuro está abierto. O lo estaba. Un poco de la eternidad y “finitud” del ser humano.
Me gustó mucho tu post, no le tienes miedo a escribir y eso es muy agradable.
¡Anda! ¡Vaya cosa! ¡Menudo chasco!
Por cierto, Raquel, que Milenio es el diario para el que yo escribo en México… ¡y Luis es amigo mÃo!
No cabe duda que el mundo es un pañuelo virtual.
A que sà da envidia este hombre, ¿eh?
(Un abrazo, Mariano. Toma champaña para inaugurar la casa)
Una pequeñÃsima corrección, emejota. El “efecto peonza” que comentas no se llama asÃ, sino “efecto honda gravitatoria” o “asistencia gravitatoria”. Alf lo explicó muy bien en un par de post en su dÃa. Aprovecho para recomendar su blog: Malaciencia, donde se le saca punta cientÃfica a cualquier pelÃcula, serie de TV, tebeo o noticia que se ponga por delante. Los posts son:
Honda gravitatoria (1)
Honda gravitatoria (2)
Y os dejo, que simplemente he hecho una reparadora pausa en el trabajo.
Saludos,
Ferre
Ooops, el segundo post no ha salido bien:
Honda gravitatoria (2)
Emejota..no sé si sabÃas que la astronomÃa es una de mis pasiones…lástima que nunca avance en su conocimiento por culpa de las mismas nubes grises que tapan a Miguel..
Este año, también para mÃ, la lluvia de estrellas se quedó solo en lo primero :(
Beso /abrazo
(los sies grados Miguel ;P)
(cuántas cosas me encuentro)
Raquel, Miguel: sobre las cadenas de mails. Debo ser un afortunado impermeable a esas cosas porque no he recibido nunca ninguna. Y espero que por mucho tiempo! Me da envidia que escribas en un diario de papel, Miguel, lo confieso :) Oye Raquel, que me acabo de dar cuenta, ya ves tú: por qué dentro de aquà eres Rachel y fuera Raquel? Cómo sé yo que eres la misma? Es tu doble astral??
Crishu: lo sabÃa, lo sabÃa. Sé que la astronomÃa es una de tus pasiones. Mi sentido de la orientación es nulo mirando el cielo, la luna y ya. Me pierdo aunque no haya nubes… Os admiro.
Ferre: muchas gracias por la corrección. No es pequeñÃsima: imagina mandar a las Voyager con el efecto equivocado y a saber qué chasco! Desde chaval tenÃa el recuerdo de ese nombre, lo de la peonza, no sé si por la traducción al castellano de “Cosmos” donde Sagan hablaba de las Voyager o por un antiguo documental titulado “Voyager: la odisea infinita” que tenÃa (y tengo) grabado… en Beta! (qué tiempos…)
Pal: muchas gracias y bienvenida. Interesante cuestión lo del miedo a escribir. Enfrentarme al folio en blanco me produce muchas veces ansiedad y me paraliza. De un tiempo a esta parte más. Pero dejar que fluya la corriente interior y plasmarla en el folio me gusta.
Un abrazo para todos.
que chula la nueva casa, toc toc
Soy la misma, la misma pero me gusta más verlo escrito con CH, igual si es mi doble astral, igual deberÃa haber sido siempre Rachel…
Si que has tardado en darte cuenta, jo
¿Quieres que te envÃe una de esas cadenas?
Adelante, adelante, Sergio. Bienvenido de nuevo.
Mira Raquel/Rachel, Sergio también hace toc toc, como yo en los mail!
¿Te gusta más con CH? ¿y se pronuncia reichel??? tengo que decir ahora reichel???? (dice Wanda que sin CH queda más mono) (qué va a decir) (no?)
No, no me envÃes unas cadenas, que prefiero ir por libre :)
Bueno, pensándolo bien, mandame una pero sólo si da morrrbo. Si no, no.