Hechizos

“Todas las noches sin falta, Lady Pole y Stephen Black eran llamados por la campana triste a bailar en los sombríos salones de Desesperanza”

Jonathan Strange y el señor NorrellEstoy leyendo “Jonathan Strange y el Señor Norrell”, de Susanna Clarke, con verdadero placer. Voy por la página 390 y lo único que lamento es que sólo faltan unas 500 más. Eso no es muy habitual, que un millar de páginas sepa a poco, pero es que en esta novela insólita, unas de las propuestas más originales desde hace mucho tiempo, todo es muy peculiar. La trama nos sitúa en la Inglaterra de comienzos del XIX para presentarnos a Jonathan Strange y al señor Norrell, magos. En su afán de reinstaurar la práctica de la magia, devolviendo a este arte su antiguo esplendor y el importante papel que desempeñó en el pasado de la nación, acuerdan poner sus habilidades al servicio del gobierno británico en su lucha contra Napoleón Bonaparte.

Susanna Clarke ocupó diez años en construir esta monumental historia que, conviene aclararlo por la coyuntura editorial actual, no está dirigida al público infantil, ni mucho menos. Se ha señalado, con poca fortuna, la influencia de Harry Potter y del universo de Tolkien a la hora de hablar de este libro cuando en realidad la novela de Clarke se inserta en la tradición del folletín clásico de Dumas y Dickens, de cuyos mecanismos narrativos hace uso con fortuna.

Hay muchas cosas que me están llamando la atención de esta novela, aparte de la historia, que me encanta. Por ejemplo, el ritmo de lectura. Me da la sensación de que es el propio libro el que lo determina y no el lector. A diferencia de tantos otros libros que me he llevado de vacaciones, éste parece imponer sutilmente cuándo debes dejar de leerlo, aunque tengas tiempo, y ganas. Luego retomas la historia donde la dejaste y para cuando llevas dos líneas ya estás inmerso en el universo absorbente que ha construído Susanna Clarke pieza a pieza con minuciosidad. Esa es otra de las cosas que llama la atención: hay infinidad de detalles en cada una de las páginas de este libro, a cuyo pie encontramos con frecuencia unas notas muy bien documentadas repletas de referencias bibliográficas, aclaraciones y anécdotas, (algunas de gran extensión) más sorprendentes si cabe si tenemos en cuenta que todas son imaginarias. Curiosamente, este divertido alarde de falsas precisiones, referencias y corroboraciones confiere al relato la definitiva verosimilitud literaria que toda obra de ficción persigue.

Es difícil resistirse también a las ambientaciones, tanto al telón de fondo general (el escenario de la época) como a una determinada atmósfera en particular. Da la impresión de que en la novela hay cosas que ocurren para que Clarke se de el gustazo de recrearse en el ambiente de un instante: los diversos matices del cielo durante una nevada, catedrales cuyas piedras parecen exhalar el frío de mil inviernos, crujidos de madera que ponen en evidencia el silencio de un lugar o los reflejos de las velas y de unas pinturas venecianas en un espejo como adjetivos de la penumbra de una elegante estancia.

A vuelta de página podemos encontrarnos combatiendo con el mismísimo Wellington contra los franceses en el frente de Portugal o bien adentrarnos en el fantasmagórico reino nocturno de Desesperanza, donde las almas desfilan en una procesión espectral o bailan la música más triste al claro de una luna de hollín. En la portada de esta novela inmensa la enigmática silueta de un cuervo reclama constantemente nuestra atención. Un placer espléndido.

“Jonathan Strange y el señor Norrell”, Susanna Clarke. Editorial Salamandra, 2005. En edición de bolsillo desde Marzo de 2007.

8 pensamientos en “Hechizos

  1. EFEjota

    pues sin ánimo de criticar este libro en particular, si que quiero decir que a mi eso de las notas al pié de página me desagrada en una novela. Es una constante interrupción en el hilo de la lectura. Y no, no puedo ignorarlas. Después de pasar por alto una llamada al pié de página, ya estoy todo el rato pensando “y… ¿sería algo importante?¿interesante?”.
    Delatan que un autor no ha sido capaz de integrar toda la información en la obra.
    Más complicado es cuando en un juego estilístico, las notas forman parte de la historia. Hace poco leí “Quién de nosotros” de Mario Benedetti, y su último capítulo era una únidad desgajada en dos partes: el cuento que se narra en el libro, y las notas que el ficticio autor del cuento añade en un libro ficticio que nos llega a través del libro real. En el caso que tu nos cuentas parece ser este el caso, ¿no?.

    De todas formas, me parece un incordio para el lector (real, el ficticio que se las componga).

  2. emejota

    Tampoco me hacen gracia a mí, efejota, reconozco que cuando en su día ojeé el libro en la librería me frenó un poco verlas, pero luego me di cuenta de que estas notas son de otro tipo. Y si aquí hacen gracia es porque no interrumpen el ritmo de lectura y porque a veces la gracia llega a ser literal: muchas de ellas destilan una ironía que tiene mucha gracia, la verdad.

    No estoy muy de acuerdo en lo de que las notas al pie delatan que un autor no ha sabido integrar toda la información en la historia, a no ser que el autor sea un poco ceporro, claro, que de todo hay. En cuanto aquí, se da el caso contrario: si se integrara su contenido en la narración la entorpecería.

    Anímate a leerlo que te lo vas a pasar muy bien.

  3. Ferre

    Otro de mis “a leer”. Aunque en este caso ya está en la estantería desde hace 1 año. Sí, llevo mucho, pero que mucho retraso… de hecho, ahora estoy leyendo uno que me regalaron el día de Reyes del año 2005. Sin prisa, pero sin pausa.

    De este “Strange & Norrell” sólo me han hablado bien: todos aquellos que lo han leído y a quienes conozco de una otra forma lo recomiendan sin reservas.

    Y si guarda relación literaria con Dickens y Dumas… mejor que mejor.

    Saludos,

    Ferre

  4. Erendira Rico

    Con esta, te has convertido en mi “sugeridor” de libro de cabecera! Quieres ser mi cibernovio! neh! bromeaba!, si?, si que si!!! jajaja, soy una amenaza para la salud…

  5. Pingback: La Idea del Norte

  6. C.

    Hacía tiempo que la lectura de un libro no me producía un placer lector tan auténtico, tan de la infancia (es que padecía de librofagia compulsiva en la niñez).
    Había visto algún ejemplar en la librería -aunque no ha tenido la difusión que merece (iba a decir que no entiendo por qué, pero sí lo entiendo)- y en las páginas del famoso círculo de lectores, pero, claro, ni lo uno ni lo otro son de fiar, porque últimamente no hay que confiar más que en el criterio de un buen lector. Y la verdad es que entre tanta bazofia fantástica, histórica y fantástico-histórica, una ya no sabe entre qué páginas meter la nariz…
    Voy por la 200, más o menos,y pienso prolongar la lectura lo que pueda, o lo que el libro imponga, sí, porque se disfruta tanto en todos sus detalles (y en la propia trama) que merece lo mejor: nada de lecturas de duermevela o de autobús. Butaquita y manta, a ser posible. El colmo ya es la taza de té -de la nata batida puedo prescindir-. Y esos ratos no se prodigan mucho últimamente; más bien escasean.
    Eternamente agradecida por la recomendación.

  7. emejota Autor

    Butaquita y manta. Y tarde de otoñó o de invierno. Ese es el escenario que imaginé para su lectura y mira por dónde lo empecé a leer en pleno verano. Pero no importó porque su capacidad de transportarte a otros escenarios es asombrosa. Me encanta la trama, la ambientación, su empeño minucioso por los detalles, sus personajes. Y tengo debilidad por la delicada recreación del reino fantasmal de Desesperanza.

    Me alegro de que lo estés disfrutando (algunos de mis próximos me miraban raro cuando les animé a que probaran)

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