Archivo por días: 2 agosto, 2007

Hechizos

“Todas las noches sin falta, Lady Pole y Stephen Black eran llamados por la campana triste a bailar en los sombríos salones de Desesperanza”

Jonathan Strange y el señor NorrellEstoy leyendo “Jonathan Strange y el Señor Norrell”, de Susanna Clarke, con verdadero placer. Voy por la página 390 y lo único que lamento es que sólo faltan unas 500 más. Eso no es muy habitual, que un millar de páginas sepa a poco, pero es que en esta novela insólita, unas de las propuestas más originales desde hace mucho tiempo, todo es muy peculiar. La trama nos sitúa en la Inglaterra de comienzos del XIX para presentarnos a Jonathan Strange y al señor Norrell, magos. En su afán de reinstaurar la práctica de la magia, devolviendo a este arte su antiguo esplendor y el importante papel que desempeñó en el pasado de la nación, acuerdan poner sus habilidades al servicio del gobierno británico en su lucha contra Napoleón Bonaparte.

Susanna Clarke ocupó diez años en construir esta monumental historia que, conviene aclararlo por la coyuntura editorial actual, no está dirigida al público infantil, ni mucho menos. Se ha señalado, con poca fortuna, la influencia de Harry Potter y del universo de Tolkien a la hora de hablar de este libro cuando en realidad la novela de Clarke se inserta en la tradición del folletín clásico de Dumas y Dickens, de cuyos mecanismos narrativos hace uso con fortuna.

Hay muchas cosas que me están llamando la atención de esta novela, aparte de la historia, que me encanta. Por ejemplo, el ritmo de lectura. Me da la sensación de que es el propio libro el que lo determina y no el lector. A diferencia de tantos otros libros que me he llevado de vacaciones, éste parece imponer sutilmente cuándo debes dejar de leerlo, aunque tengas tiempo, y ganas. Luego retomas la historia donde la dejaste y para cuando llevas dos líneas ya estás inmerso en el universo absorbente que ha construído Susanna Clarke pieza a pieza con minuciosidad. Esa es otra de las cosas que llama la atención: hay infinidad de detalles en cada una de las páginas de este libro, a cuyo pie encontramos con frecuencia unas notas muy bien documentadas repletas de referencias bibliográficas, aclaraciones y anécdotas, (algunas de gran extensión) más sorprendentes si cabe si tenemos en cuenta que todas son imaginarias. Curiosamente, este divertido alarde de falsas precisiones, referencias y corroboraciones confiere al relato la definitiva verosimilitud literaria que toda obra de ficción persigue.

Es difícil resistirse también a las ambientaciones, tanto al telón de fondo general (el escenario de la época) como a una determinada atmósfera en particular. Da la impresión de que en la novela hay cosas que ocurren para que Clarke se de el gustazo de recrearse en el ambiente de un instante: los diversos matices del cielo durante una nevada, catedrales cuyas piedras parecen exhalar el frío de mil inviernos, crujidos de madera que ponen en evidencia el silencio de un lugar o los reflejos de las velas y de unas pinturas venecianas en un espejo como adjetivos de la penumbra de una elegante estancia.

A vuelta de página podemos encontrarnos combatiendo con el mismísimo Wellington contra los franceses en el frente de Portugal o bien adentrarnos en el fantasmagórico reino nocturno de Desesperanza, donde las almas desfilan en una procesión espectral o bailan la música más triste al claro de una luna de hollín. En la portada de esta novela inmensa la enigmática silueta de un cuervo reclama constantemente nuestra atención. Un placer espléndido.

“Jonathan Strange y el señor Norrell”, Susanna Clarke. Editorial Salamandra, 2005. En edición de bolsillo desde Marzo de 2007.