Ensoñación 31 July, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , trackback
Cuando leí que había muerto Ingmar Bergman me vino a la cabeza la secuencia inicial de “Fanny y Alexander”, cuando Alexander y el aburrimiento están escondidos debajo de la mesa. Desde ese mirador privilegiado, Alexander contempla la estancia vacía en la tranquilidad silenciosa del atardecer y en la duermevela tiene una ensoñación en la que la habitación cobra vida y las cajas de música hacen sonar sus notas de metal y los cristales de las lámparas se estremecen y una estatua se despereza moviendo lentamente los brazos. Ese instante temprano de la película me gusta mucho porque a mí de pequeño me pasaban cosas así y luego ya no y es algo que echo de menos. En realidad creo que últimamente echo de menos mi infancia de una manera abrumadora. Cuando estoy con mi sobrina me gusta conversar y preguntarle cosas porque de esa manera tengo una visión de las cosas desde otra infancia que todavía no se echa de menos y eso es muy interesante. Por eso tengo muy en cuenta sus opiniones. Sentados en el sofá mirando la televisión, le pregunté ayer cuántos años tengo y ella se quitó el pulgar de la boca y respondió que ochenta. Ochenta, me repetí a mi mismo, pensativo. Sí, ochenta, volvió a decir ella, y se metió en la boca el pulgar otra vez. Ninguno de los dos quitó la vista de la pantalla, como si la conversación discurriera por verdades incómodas. A continuación le pregunté cómo era posible que en la película de Tigger cayera semejante nevada haciendo tanto calor hoy en la calle, si hasta llevamos manga corta y todo, mira, cómo es posible eso. Y ella se volvió a quitar el pulgar de la boca y fue a decir algo pero de pronto pareció pensárselo mejor y se quedó callada llenando el cuarto de estar de un interrogante en mayúsculas. Hay silencios en los que no puedes entrar cuando te haces mayor. Como consuelo, por la noche volví a poner el principio de “Fanny y Alexander”, cuando la estatua se mueve y se escucha un cosquilleo de música muy suave. Una vez vi en un cristal el reflejo de una cara que me miraba.





Comentarios»
La inocencia nos abruma cuando nos convertimos en adultos…como extraño sorprenderme por los trucos de magia y por tantas cosas de las que solo atisbo a recordar el principio.
Abrazos, querido Mariano.
(suspiro)
Lo primero que pensé, fue en Liv.
Y después, no sé por qué, en ti.
Norte soleado.
Abrazos de nuevo.
Hola Miguel!
Igual pensaste en mí por lo de los 80 años. Va a ser eso ;)
Hay una capacidad de mirar y percibir en la infancia que se pierde enseguida, Erendira. Lo terrible es que se pierde para siempre y aunque uno se empeñe en recrearla no consigue nada…
Abrazos a los dos.