Agua

Todos los pesares se diluyen al contacto del agua del Mediterráneo, cuyas propiedades terapéuticas están asociadas a la luz que baña sus aguas. Por las tardes, a eso de las seis, el agua adquiere un azul intenso, y en su superficie chispean reflejos dorados como la arena. Si te adentras en el agua y dejas flotar la conciencia en esa marea continua de pequeñas y fugaces crestas que forma el agua, estás a salvo. Es lo que tiene este mar mágico y enigmático. Diriges la vista hacia la orilla y allí un manto vegetal de palmeras verdes se deja mecer por la brisa; si diriges la vista hacia la línea del horizonte, un placer hipnótico suspende la actividad de los sentidos y los deja a merced del compás que marca el agua en la que flotas. La eternidad comienza dos segundos después aunque es probable que cuando regreses de ese trance el reloj te desmienta. Ni caso.

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