Archivo por días: 20 julio, 2007

DNI

Hay quien va por la calle y cae y hay quien va por la calle y decae. Ayer por la mañana a mí me pasó lo segundo y por segundos y me dije vaya ya estamos otra vez. Pero luego parece que no fue a más. A menos tampoco. Por la tarde fue a mejor y mejor porque tenía que renovarme el DNI. En realidad tenía que haberlo renovado en 2002. Se comprenderá entonces que haya acudido a la comisaría con cierto terror por las posibles represalias. Mis amigos se ríen cuando me oyen decir que la autoridad me impone un respeto tal que me aterroriza. Suelo añadir entonces que a Hitchcock le pasaba lo mismo, y lo suelto por aquello de que cuando un argumento viene avalado por alguien de renombre parece que te toman más en serio. Pero no sé. Sin embargo, el rollo ese del falso culpable, del ciudadano que de repente se ve metido en un infierno horroroso me da sudores. A Hitchcock le salía eso tan bien porque también era una de sus pesadillas.

En las dependencias de lo del DNI me convierto en alguien muy torpe. La amable señorita te pide las fotos y el documento antiguo y yo digo si si si como ocho veces y como nueve añado lo de por supuesto por supuesto y las fotos se caen encima de la mesa porque saltan de la mano temblorosa mientras deseo de todo corazón no poner cara de sospechoso. Parecerá increíble, es decir, no creíble, pero ahí está mi madre para atestiguarlo. Mi madre me ha acompañado a lo de la renovación porque sí y por si acaso, qué pasa. Por si acaso qué, decía ella el otro día. Pues no sé, qué más te da, contestaba yo. Qué cosa más absurda, añadía ella. Y yo seguía leyendo un libro o algo parecido. He entregado las fotos y el antiguo carnet esperando que en cualquier momento la amable señorita se percatara de lo caducado que estaba y ya verás tú la que se arma seguido de la condena correpondiente pero en lugar de empezar a gritar con la cara coloradísima ha tecleado en el ordenador con gesto relajado y ha dicho muy bien pues ahora vamos a tomar la huella.

Lo de la huella también es un poco traumático porque al tener rota la prótesis del dedo índice de la mano derecha no puedo extender el índice de la mano derecha de manera recta sobre el papel y así se lo he advertido con cautela. Pues tiene que ser ese dedo, ha dicho la amable señorita. Ya se me estaba acelerando el pulso un poco más si cabe por lo que aquella indisciplina pudiera acarrear cuando se me ha ocurrido poner el papelito en el borde de la mesa de tal forma que la mano quedaba en un plano inferior al borde de la misma y la yema del dedo podía dar en la diana de la casilla establecida a tal efecto. Menos mal. Entonces una voz uniformada a mi derecha ha dicho aquí tiene para limpiarse la tinta y al girarme he visto que a la altura de mi cara asomaba la culata de un pistolón. Dios santo. Me he apresurado a coger de su mano la toallita que me ofrecía diciendo muchas muchas gracias gracias de verdad gracias gracias. Y a continuación nos han despedido ambos, la amable señorita y el amable agente, con sendas sonrisas igualmente correspondidas por nuestra parte. Y en la calle mi madre ha dicho ves cómo no pasa nada pero yo he contestado que para ser veinte de Julio la temperatura estaba hasta fresca y todo.