Archivo por días: 17 julio, 2007

Piel

Juan José Ballesta - Ladrones

1. Contacto
Hay algo intensamente erótico en la fugaz relación que se establece entre un carterista y su víctima: hay un primer contacto visual del que surge una atracción, un poderoso apetito y, finalmente, un deseo que acelera el pulso y que incita al contacto físico. En esa idea incide Jaime Marqués en su notable ópera prima, “Ladrones”. Juanjo Ballesta practica esa seductora coreografía frente a un trajeado maniquí de medio cuerpo. Donde deberían ir las piernas penden unas varillas metálicas a modo de campanas tubulares que dejarán oir su estremecimiento si las yemas de los dedos se exceden en el contacto con la piel. Hay que ensayar poniendo los cinco sentidos en el tacto. El ladrón mira a los ojos profundamente, tensa las mandíbulas, traga saliva. La lengua recorre las comisuras de los labios en un gesto de nerviosismo que también parece lascivo mientras la mano inicia la maniobra de aproximación, girando la muñeca, introduciéndose en el bolsillo de la chaqueta, a la altura del pecho, un leve roce, una caricia. Y te roba el corazón.

2. Atracción
María Valverde es una chica bien que busca emociones, Juanjo Ballesta es un ladrón dispuesto a dejarle jugar y Jaime Marqués dispone el tablero con acierto. Hay secuencias en “Ladrones” planificadas y montadas con sorprendente acierto, como el robo de un cd por parte de Valverde en el Hipermercado ante la mirada casual de un Ballesta que se lanza a resolver la situación o la posterior secuencia en el autobús, preciosa ceremonia de seducción de Ballesta hacia Valverde ante las mismas narices del novio de ésta, esgrimiendo para la ocasión sus habilidades manuales con tanto descaro como deleite. La excitación del riesgo corre paralela en toda la película a la excitación por la persona deseada. Valverde y Ballesta electrizan la pantalla cada vez que se miran. Sus miradas están inmersas en el caudal del argumento pero al mismo tiempo parecen quedar atrapadas en un remolino y transcurrir en otro lugar. No en balde, Marqués suspende entonces el sonido ambiente y las envuelve en una banda sonora de un lirismo exento de afectación entonado por un conjunto orquestal de cuerdas. También el toque del arco estremece con su contacto la piel de la cuerda y la hace vibrar.

3. Excursus expresionista (cuántas equis!)
Hay una línea argumental básica en “Ladrones”, un leit motiv que, sin embargo, el personaje de Ballesta se reserva para sí: la búsqueda de la madre. Ballesta sale de un orfelinato en el que ha permanecido desde que su madre fuera detenida en el metro siendo él un niño. Ahora el personaje de Ballesta vive en un subsuelo, en el cuarto donde hasta hace un par de meses vivió la madre ahora ausente. Cada silueta de piernas apostada contra el ventanal de cristal traslúcido despierta en Ballesta la alerta de la posibilidad y, en ocasiones, le hace salir corriendo a la calle. Todos esos planos están rodados según una estética de marcada inspiración expresionista: las sombras alargadas, el escenario marginal y nocturno, la fotografía contrastada, los planos desde ángulos forzados y la música convenientemente a-sombrada, valga la expresión, que de expresionismo se trata al fin y al cabo al hablar de este ramal que surge del tronco de la película.

4. La primera persona del singular
Los críticos de cine dicen que las películas españolas carecen de imaginación y que están llenas de lugares comunes. Ellos tampoco tienen imaginación y por eso recurren a los lugares comunes. No termino de entender toda esa monserga cansina de que Ballesta traslada a la pantalla película tras la película el mismo papel de macarra, basando en eso su supuesta eficacia ante la cámara, cuando lo que Ballesta lleva película tras película a la pantalla es una respuesta en la que reside lo principal de su eficacia ante la cámara. En las últimas películas de Ballesta hay siempre un momento en el que alguien le pregunta: ¿y quién se hace cargo de tí?. Y él, indefectiblemente, contesta: yo. Aquí es el peluquero al que ha ido a ofrecerse como aprendiz nada más salir del orfelinato. El peluquero le pregunta: ¿y quién se hace cargo de tí?. Y Ballesta responde: yo. Nadie en el cine español es capaz de meter tantas cosas en un espacio tan reducido de dos letras. Hay algo en esa contestación que parece derrumbarse pero al mismo tiempo emerge de ella un sólido coraje. Tambíén nos podemos encontrar con un ser desvalido y, a la vez, un contundente gesto de autoafirmación. Hay muchos matices más que no hace falta buscar porque caben, están y se resumen en dos letras: yo. Y todo resulta conmovedoramente veraz. Como espectador es lo que más me desarma de Ballesta: la autenticidad y la franqueza atesoradas, de manera concentrada y resumida, en una breve respuesta. ¿Y quién se hace cargo de tí?

Yo.

(aquí no hay ningún macarra, además)

5. Piel
Todo en “Ladrones” es piel. El ansia por tocar la piel o el ansia de la piel por vibrar al tacto. Que todo en ella sea piel no quiere decir que sea una película epidérmica. No es lo mismo. Lo epidérmico es lo de fuera y tocar la piel supone el contacto con el calor de la carne jugosa que hay debajo. Y temblar. En “Ladrones” palpitan los pulsos, y los tactos se entremezclan en la seductora metáfora que propone la película: la atracción por el robo sigue unos mecanismos paralelos a la atracción entre los ladrones. Un movimiento en falso puede llevar todo al traste. El tacto pone ambos planos en común como queda de manifiesto en esa clase práctica en la que los dos ladrones, alumna y maestro, exploran mutuamente sus cuerpos en busca de la piel de la cartera y también de la piel que se ha dejado la cartera en casa.

Todo lo que quede más allá de la superficie no importa en esta película digna cuya propia piel es, en los exteriores, una fría fotografía de azules y verdes (abrigo para los rigores de la intemperie) Quizá por eso no llegamos a saber el nombre de los que se buscan y se tocan.

Diario

Actualizado

Un blog es un diario personal. Este por lo menos. No está de mal escribirlo para recordármelo a mí mismo porque a veces se me olvida. Si un blog es un diario personal debería recoger los quehaceres cotidianos y de manera igualmente cotidiana; no digo en plan querido diario y dos puntos, que eso no es cotidiano, eso es antiguo y cursilón, sino algo como de andar por casa. De repente me gusta la idea.

Me he levantado tarde, bueno, a las 10:15 o así.

(de la anterior frase es el “bueno” lo que le da el toque de diario personal)

Me he levantado a esa hora porque estuve hasta las tantas, siendo las tantas las 3:30 más o menos, leyendo a Neil Gaiman y asomado a la terraza porque ha pasado un señor por mitad de la carretera silbando lo del bueno, el feo y el malo y parecía que lo hacía en versión original. Hubiera sido muy surrealista si no fuera porque lo hacía en versión original y la gente que silba así, con esos quiebros y al mismo tiempo esa horizontalidad en la columna de aire a mí me da mucha envidia, qué quieres que te diga.

Por eso lo de las 10:15.

Ahora no son las 10:15, sino las 17:37 y eso quiere decir que tengo que dejar de escribir porque hoy sí que me voy al cine. Eso de dejar un post a medias y seguirlo luego también es muy de diario personal y me gusta también, sobre todo hoy que estoy en plan diario personal. Hay que darle al blog un toque de directo. Luego sigo.

Ya estoy de nuevo. Y otra vez en directo, recién llegado del cine.

He ido a ver “Ladrones” aunque eso irá en otro post porque luego Google me manda visitas a los comentarios de las pelis y a ver qué van a pensar esos señores si se enteran que me he levantado a las 10:15. Ni hablar. Lo que puedo contar aquí es que he visto “Ladrones” solito en la sala. Una gozada. He comprado la entrada, una Pepsi y me he internado por el amplio pasillo donde hay unas puertas con unos números grandes iluminados en rojo. Los ladrones estaban en la puerta número 4. Presidiendo la puerta había un cartel de la película donde María Valverde desliza los dedos entre la americana de Juanjo Ballesta y te mira como diciendo: mira lo que sé hacer, tú llevas cartera?. Me hipnotiza la mirada de Valverde. El silencio con el que te recibe una sala de cine vacía y en penumbra resulta maravilloso. Es un silencio cargado de expectación.

En lugar de trailers de películas han puesto anuncios de la tele. Uno de ellos incluso era un anuncio que anunciaba una cadena de televisión. Luego ha empezado la peli y como el scope no cabe en la pantalla (!) la han proyectado como en la tele, con franjas negras por arriba y por abajo. Si a eso le añadimos que he visto la peli solito lo que sale al final es un Home Cinema pero a lo grande y sin que te llamen al teléfono.

Hoy también he ido a comprar un par de camisetas porque la semana que viene huyo despavorido de aquí con motivo de las fiestas patronales. Me exilio en una playa. Ya veremos si los vaivenes del ánimo se sincronizan con el vaivén de las olas o si tenemos marejadilla.