Paisaje 10 julio, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 8 comentarios , trackbackHe hecho una mudanza de tarde.
Fue hace un par de semanas. Me vine a otra habitación, puse una mesa frente a la ventana y encima de la mesa un ordenador, unos libros, una libreta y un par de bolÃgrafos. Todo como pretexto para poder mirar a partir de las siete menos cuarto al enorme árbol que se divisa enfrente, último vestigio vegetal en esta jungla de asfalto. No sé de qué especie es ese árbol (tampoco sé nombrar a los árboles; ni a los colores ni a los árboles) pero es muy frondoso. La palabra “frondoso” tiene también una cualidad frondosa, me gusta pronunciarla. Pues el árbol es muy frondoso y parece como si del mismo árbol surgieran articulaciones hechas de otros árboles. PodrÃa coger la cámara y sacarle una foto y asà me ahorro explicaciones y de paso lo inmortalizo, que cualquier dÃa de estos viene la pala y lo derriba, pero es que ahora mismo me da pereza, si eso otro dÃa. Las tardes de mucho viento, como hoy, las hojas de la copa se agitan y la luz del sol les hace cosquillas desde un lateral y es igual que cuando ves esos destellos reverberantes en la superficie del mar. Por eso lo de la hora, que el árbol por estar está ahà todo el dÃa. Pero es a partir de las siete menos cuarto cuando pasa eso. Debo ser el único habitante de la tierra que le hace caso a este árbol, visitándole por las tardes. Igual es algo raro esto de hacerle visitas a un árbol pero en estos momentos es lo que me más me gusta hacer.