Largo 26 junio, 2007
Escrito por emejota en : MúsicaSuena el Largo ma non tanto y, ciertamente, no es tan largo aunque podrÃa sonar infinitamente y aún nos sabrÃa a poco. La frase anterior no deja lugar a dudas de que que lo que suena es el segundo movimiento del Concierto para 2 violines de Bach. Yo descubrà muy pronto este concierto y lo quise tanto, tanto, que en el aburrimiento de una convalecencia al final de mi infancia lo saqué entero de oÃdo, destrozando la cinta de cassette y probablemente el radiocassette entero de tanto rebobinar a poquitos. Eso ya lo conté un dÃa. Lo que no conté es que cuando no convalecÃa me ponÃa a dirigirlo, arremangado y descamisado para mejor movilidad de brazos, y lo que hacÃa al dirigir era dibujar en el aire las prodigiosas lÃneas del contrapunto. De eso me acuerdo ahora, mientras suena este concierto milagroso, y sigo pensando que en una obra asà el director deberÃa hacer eso, trazar con las manos la coreografÃa de esta geometrÃa poética, para que todos participemos de la fiesta, para que veamos la música y no podamos evitar decir un ahhh muy largo, Largo ma non tanto, y si es tanto mejor.
Y los solistas lo mismo, deberÃan extender las fronteras de la interpretación y hacerla también con el cuerpo y darse cortesmente el relevo y esto y lo otro; gozarÃan ellos, gozarÃamos nosotros, la música misma gozarÃa y fluirÃa mejor ya que ahora sale un poco almidonada. Esta moda nueva acerca de cómo interpretar lo antiguo (qué paradoja) no me resulta simpática. Que hay que tocar con otros instrumentos distintos, pues vale; que la afinación es otra, pues de acuerdo. Pero esas directrices que ordenan que no se puede hacer ésto ni aquéllo, por ejemplo, entendiendo por ésto un rubato quizá y por aquéllo probablemente un suspirar, qué se yo, le hacen a uno decir, oiga y usted cómo lo sabe, eh? Pero los músicos hacen caso, porque los músicos tienden a hacer lo que les dicen en lugar de hacer lo que les dice su yo de dentro, no vaya a ser que sean distintos a los otros clones, y lo que se echa en falta es que alguien se salga de la fila y le eche bemoles, como hacÃan los Grumiaux, los Milstein, esos caballeros del instrumento cuyo instinto y olfato poético circulaba por las cuerdas del violÃn como una corriente eléctrica y luego se extendÃa culebreando desde la punta de la nariz a la punta de los pies. Y daba calambre. Los Milstein y los Grumiaux no necesitaban ni echarle bemoles a la cosa porque lo que hacÃan directamente era echarle cojones y ya está.
Mientras tanto han pasado, desperdiciadas, esas secuencias por quintas gloriosamente prolongadas que Bach nos regala, ingratos, y ahora suena el tercer movimiento, nos acercamos a ese orgasmo que estalla en el compás cuarenta y cinco para prolongarse un par de compases más pero todo debe estar bien medido, afinado, encajado en su sitio y con eso parece bastar. Ahora los violinistas hacen eso muy bien y por lo general tienen apellidos como de pelÃcula eslovena subtitulada y en su curriculum pone que han estado en muchos cursos magistrales de verano, algunos hasta de invierno, primavera y otoño. Son gente muy viajada y todo eso. Pero no le echan cojones.
Comentarios»
Creo que vi la luz de tu faro del Norte alumbrando el camino. O eso o fue la luz de tu alma de músico.
Un placer leerte, una lección encontrarte..
Saludos
Ays, los conciertos para violÃn de Bach. Y sus segundos movimientos. Este el del concierto en la m, el del Mi M, el de violÃn y oboe….tienen todos una lÃnea mágica sugerente hipnótica…preciosa
Yo creo que va a ser más bien la luz del faro, Camille, y que nos dure, pero muchas gracias por tus palabras y bienvenida a “La Idea del Norte”.
Jo, Raquel, ya podÃas tocar algún trocito aquà mismo, en esta ventanita de comentarios, que cabemos todos de sobra…
;)
sÃ, es una maravilla, lo voy a subir un poquito… ¿se oye?
Ay sÃ, voy a tocar el del concierto en la m ¿vale? es mi favorito.
Pero bajito que seguro que alguien está durmiendo aún.