Madrigal (I)

No es frecuente dedicar monografías a obras pequeñas, quizá porque al ocupar poco espacio tienden a pasar desapercibidas en el estante. Sospecho además que, como el lenguaje a veces es muy suyo, se tiende a asemejar “obra pequeña” con “obra menor”. Conste que la culpa no es del lenguaje sino de quien lo utiliza. En cualquier caso, confieso mi debilidad por la distancia corta en cualquier disciplina artística siempre y cuando el autor haya sabido sacar provecho de la misma, cosa nada fácil, por cierto: en el mundo de lo breve hay que saber prescindir de toda hojarasca cuidando de no dejar a la obra tiritando a la intemperie; hay que ser capaz de captar la esencia de las cosas en pocos trazos.

Todo ésto viene a que me hubiera gustado dedicar una monografía conmemorativa del 50 cumpleaños del “Madrigal” para 4 voces blancas de Jesús Guridi; en realidad, el cumpleaños es la excusa para sacarle el jugo a esta maravillosa miniatura, una rareza exquisita en el repertorio de la música española del siglo XX. La paleta sonora de las 4 voces blancas (es decir, para voces femeninas o coro de niños) me interesa mucho como oyente pero, sobre todo, como compositor porque supone un reto: la tradicional disposición Soprano, Alto, Tenor y Bajo duplica aquí las dos primeras (Soprano I y II, Alto I y II) para suplir la ausencia de las dos últimas por lo que el rango sonoro se reduce y el timbre resultante es obviamente distinto. Conservar la textura de las 4 voces disponiendo de un rango de sonidos considerablemente menor es un obstáculo que el compositor debe superar, cosa que Guridi consigue aquí con creces aportando ingenio y maestría en el trazado de las líneas melódicas y sacando un inmejorable provecho a los recursos compositivos.

Como las circunstancias impiden por el momento acometer el trabajo en condiciones se me ha ocurrido colgar de manera episódica, entre post y post, algunos apuntes que recojan al menos las ideas esenciales del mismo. De esta manera quedan a resguardo para poder retomarlas en un futuro y, de paso, quedan a disposición de quien pueda estar interesado. Por ese motivo, en vez de limitarme a anotar bocetos esquemáticos, intentaré darles orden y forma adecuada para facilitar su comprensión. En diversos posts y sin una regularidad fija en cuanto a la fecha de entrega, abordaré en primer lugar el poema que inspira la música: nos preguntaremos qué dice, cómo lo dice, qué estructura adopta y si hay rastro de huellas de la mano del compositor en este terreno en lo que a posibles correcciones se refiere (cambio en el orden de las palabras, sustitución de adjetivos, etc) que permitan “calzar” mejor la música. Después nos adentraremos en la música y veremos, entre otras cosas, si ésta subraya el sentido del texto y cómo lo hace.

Al mismo tiempo, tengo previsto hacer una edición nueva de la partitura a partir de la edición publicada en 1956, que necesita un lavado de cara. La colgaré aquí en formato .pdf al final del estudio. Una advertencia relativa al audio: el señor Copyright ha dicho que lo único que se va a oir en esta serie de posts es un sonoro “no”, por lo que la tarea se complica un poco antes de emprenderla. Ahora tendría que escribir que soy “inasequible al desaliento” pero dicen los lingüistas que eso está mal dicho. A pesar de todo, en este caso lo soy.

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