Archivo por días: 2 junio, 2007

Ciclo

Estoy regresando de un viaje al polo negativo del ánimo. Una nueva crisis de esta ciclotimia que la administración de los anti-TNF desencadena puntualmente como efecto secundario y que, por primera vez, se presenta ante los muros del tratamiento descrito para modular la intensidad de sus efectos. La ciclotimia es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por oscilaciones que van desde la euforia a la depresión.

Una crisis dura entre dos y cuatro días y no se presenta de repente, se anuncia con pequeños golpecitos que poco a poco te dejan a la intemperie en un estado de absoluta vulnerabilidad sin posibilidad de reacción ni defensa pero sí de plena conciencia de lo que ocurre, lo que acentúa la sensación de impotencia. Esta vez me propuse anotar las incidencias del viaje a pie de ruta para poder estudiarlas con detenimiento una vez pasada la crisis, algo así como quien contempla las fotos de un viaje tranquilamente en el salón de su casa al regreso. Pero no se puede. Esa es la primera conclusión que he sacado. Una vez que cruzas el ecuador del estado de reposo y te internas en la escala del menos uno, menos dos y demás, pronto pierdes la cobertura y no la recuperas hasta que, de vuelta, te encuentras de nuevo con el menos dos, menos uno, que es exactamente lo que está ocurriendo ahora. Sólo entonces empiezas a estar en condiciones de escribir (y todavía con dificultad, escribir este post está resultando como si no hubiera escrito antes ninguno) los detalles esenciales de lo que ocurre allá abajo.

Allá abajo la comunicación con el entorno queda reducida a la mínima expresión y cuando ésta se produce requiere de un gran esfuerzo. Al mismo tiempo, el sentimiento de vulnerabilidad al que antes me refería junto a una percepción de las cosas a través de un amplificador especialmente ecualizado hacia los graves te lleva a replegarte en una trinchera. Al otro lado de la ventana, la vista cotidiana del paisaje urbano resulta intransitable y hostil. Hasta la luz resulta hostil. Y aunque pongas todas tus fuerzas por evitarlo hay algo más poderoso que tira de tí haciendo que delegues, rehuyas o abandones obligaciones y responsabilidades considerando como tales hasta el mero hecho de ir a comprar el pan o el trato con la gente.

Cuando estás allá abajo, es necesaria una luz, siquiera pequeña, para desenvolverte. Esto me intriga y me impresiona a partes iguales: lo de la lucidez en las tinieblas. Porque allá abajo, cuando todo lo ves negro, frío y difícil, la mayor parte de las luces que te salen al encuentro son espejismos, reflejos; fuegos fatuos que se concretan en ideas o conclusiones todas ellas negativizadas. Pero tengo para mí la sospecha de que si aprendes a discriminar entre todas esas luces las que son fuegos de artificio de las que no, puede que des con esa lucidez que sólo se da en lo oscuro y que te permite traer hasta la superficie material para la reflexión.