Archivo por meses: junio 2007

Vidas

Teresa (III)
12 de Junio, 20:50 h.

Desde que escribí la última frase en este cuaderno secreto que es mi paño de lágrimas han pasado cuatro bizcochos, dos clases de natación con el nuevo monitor (Héctor, muy prominente, todo prominencias), una visita al gimnasio, otra a la clínica a ver a Lourdes (se le complicó lo de la estética porque se le saltó un punto de una teta, la izquierda), seis entrevistas, varias discusiones con mi hijo Oscar y dos llamadas a Manuel, que sigue en pie de guerra en la guerra apareciendo en la tele en las noticias de las nueve siempre con la camisa bien planchada para satisfacción mía y luego de la audiencia patria, que ya le digo yo que la audiencia en lo que se fija es en eso, si la camisa está bien planchada, porque lo demás es siempre repetido. A mí, desde luego, me lo parece.

Han pasado estas cosas (y más, muchas más) desde que escribí la última frase, esa frase atroz: “Vamos a sacar del armario a Anónima Mente”. Y si no he escrito durante este tiempo es sencillamente porque no me ha dado la gana. Porque total, para qué volver a rememorar la pesadilla de esa tarde y de los días que vinieron cuando la única que conoce los hechos soy yo y nadie más que yo va a leer estas líneas. No, hay cosas que es mejor no rebobinar, es mejor saltar como hacen los dvds, que no rebobinan ni nada, sólo saltan, y así no ves ni siquiera en cámara rápida lo que no quieres ver, todo ese horror (necesario, lo admito resignada) del pacto con la editorial, y lo del estilismo con aquella asesora de imagen tan ordinaria, y lo del pelucón rubio que me obligaron a ponerme junto a las gafas oscuras para atender a los medios y saciar las miradas ávidas de la presencia de su heroina sin percatarse de la otra mujer que se oculta tras esa piel, asustada. Sí, soy una mujer fagocitada por su propia creación: yo inventé una heroína y ahora yo misma me veo obligada a meterme en el traje de otra heroína de las masas, Anónima Mente, preservando mi identidad para entregarme a mi público en cuerpo y alma. Igual igual que Sandra de la Vega, mi inspiración, mi sustento, mi todo.

Cuando Anónima Mente apareció en la escena pública empecé a saber de verdad lo que era llevar una vida doble. Poca gente se imagina lo que estresa entrar en un taxi siendo Teresa y salir de él siendo Anónima. Los taxistas se siguen llevando tal susto cuando les pago la carrera que para entonces ya no se acuerdan de quién entró y de eso me aprovecho. Por primera vez me vi ante cosas hasta entonces impensables en mi idílica y monótona existencia de residente de una urbanización exclusiva, pero me enfrenté a todas ellas con aplomo y dignidad, como por ejemplo en mi primera entrevista, de la que salí airosa. Era un periodista joven y esbelto que me preguntó por mis referentes literarios. Las mellizas en Santa Clara y Los Hollister, respondí resuelta. El mozo me miró con los ojos muy abiertos, sin duda impresionado por mi bagaje cultural. Me preguntó también por mis heroínas de ficción. Sandra de la Vega, contesté no sin cierto temblor en la voz por la excitación. Ya empezaba a picarme la peluca cuando me preguntó la última, menos mal, y era si en mi novela había algo autobiográfico.

Pues sí. Lo hay.

A mí me enseñaron a no mentir, a ir limpia y a saber comportarme en la mesa, y me debo a los rectos preceptos que las Ursulinas de Burgos me inculcaron con amor, paciencia y algún que otro bofetón. Por lo tanto respondí que sí, que en el capítulo 4 hay un homenaje a la hermana Angelines, mi mentora en macramé. El periodista debía ser muy culto porque se notaba que había leido mi libro. Se notaba porque dijo: se refiere usted a la pobre aspirante a modelo de pasarela que cae en las garras del maromo bigotudo. Pero yo me apresté a corregirle: no, me refiero al maromo bigotudo. En ese momento lamenté con toda mi alma que la entrevista no fuera en la tele para que todos pudieran ver la emoción indisimulada que el apuesto periodista mostró ante mi gesto para con la hermana Angelines, una emoción que le llevó incluso a inclinar su cabeza para ocultar su rostro en su brazo, agitándose sus hombros en señal de sollozo. Yo me levanté y posando mi mano en su hombro le consolé diciéndole: no se apure, joven, le comprendo. Y salí de la redacción en busca de algún callejón donde convertirme de nuevo en Teresa para aprovechar y pasarme por la tienda de Loewe. Encontré un callejón y había un abogado miccionando. Probé en otro.

Comprendí que una mujer bandera debe ponerse al día y en los escasos ratos libres que me dejaba el vivir la vida de Teresa y la de Anónima me puse a estudiar las obras completas de Agatha Christie. En los Diez Negritos me perdí al llegar al tercero, algo natural y disculpable teniendo en cuenta que desde los tiempos de escolar no había ejercitado la enumeración de ríos y afluentes y otras ramas del saber que forman, fijan y dan esplendor a una mente despejada. Inmersa en el estudio de las obras, el silencio se vio quebrado por una llamada telefónica. Una oferta de vértigo de la editorial de Jesús de Moranco como adelanto por la segunda entrega de Domina Men. 600.000 eurejos, osease, 100 milloncejos. Me caí de espaldas.

Tendida sobre la alfombra medité unos instantes. El Padre Emiliano insistía mucho en la fidelidad ante los compromisos y nos prevenía de los tentadores oropeles que utilizaba la avaricia como disfraz para llevarnos al infierno. Cogí el bolso, bajé rauda las escaleras hasta el salón, le dije a mi hijo que grabara a su padre si me retrasaba y fui a mi editorial con los consejos del Padre Emiliano sonando en mi cabeza. Entré en el despacho de mi editor, apoyé mis dos manos en su mesa, incliné mi rostro hacia el suyo y le dije: hasta luego, Lucas.

Sin pensar siquiera dónde iba a meter ese dineral, esa misma noche me puse a escribir como una posesa “Domina Men y el Murciano Eyaculador”.

Largo

Suena el Largo ma non tanto y, ciertamente, no es tan largo aunque podría sonar infinitamente y aún nos sabría a poco. La frase anterior no deja lugar a dudas de que que lo que suena es el segundo movimiento del Concierto para 2 violines de Bach. Yo descubrí muy pronto este concierto y lo quise tanto, tanto, que en el aburrimiento de una convalecencia al final de mi infancia lo saqué entero de oído, destrozando la cinta de cassette y probablemente el radiocassette entero de tanto rebobinar a poquitos. Eso ya lo conté un día. Lo que no conté es que cuando no convalecía me ponía a dirigirlo, arremangado y descamisado para mejor movilidad de brazos, y lo que hacía al dirigir era dibujar en el aire las prodigiosas líneas del contrapunto. De eso me acuerdo ahora, mientras suena este concierto milagroso, y sigo pensando que en una obra así el director debería hacer eso, trazar con las manos la coreografía de esta geometría poética, para que todos participemos de la fiesta, para que veamos la música y no podamos evitar decir un ahhh muy largo, Largo ma non tanto, y si es tanto mejor.

Y los solistas lo mismo, deberían extender las fronteras de la interpretación y hacerla también con el cuerpo y darse cortesmente el relevo y esto y lo otro; gozarían ellos, gozaríamos nosotros, la música misma gozaría y fluiría mejor ya que ahora sale un poco almidonada. Esta moda nueva acerca de cómo interpretar lo antiguo (qué paradoja) no me resulta simpática. Que hay que tocar con otros instrumentos distintos, pues vale; que la afinación es otra, pues de acuerdo. Pero esas directrices que ordenan que no se puede hacer ésto ni aquéllo, por ejemplo, entendiendo por ésto un rubato quizá y por aquéllo probablemente un suspirar, qué se yo, le hacen a uno decir, oiga y usted cómo lo sabe, eh? Pero los músicos hacen caso, porque los músicos tienden a hacer lo que les dicen en lugar de hacer lo que les dice su yo de dentro, no vaya a ser que sean distintos a los otros clones, y lo que se echa en falta es que alguien se salga de la fila y le eche bemoles, como hacían los Grumiaux, los Milstein, esos caballeros del instrumento cuyo instinto y olfato poético circulaba por las cuerdas del violín como una corriente eléctrica y luego se extendía culebreando desde la punta de la nariz a la punta de los pies. Y daba calambre. Los Milstein y los Grumiaux no necesitaban ni echarle bemoles a la cosa porque lo que hacían directamente era echarle cojones y ya está.

Mientras tanto han pasado, desperdiciadas, esas secuencias por quintas gloriosamente prolongadas que Bach nos regala, ingratos, y ahora suena el tercer movimiento, nos acercamos a ese orgasmo que estalla en el compás cuarenta y cinco para prolongarse un par de compases más pero todo debe estar bien medido, afinado, encajado en su sitio y con eso parece bastar. Ahora los violinistas hacen eso muy bien y por lo general tienen apellidos como de película eslovena subtitulada y en su curriculum pone que han estado en muchos cursos magistrales de verano, algunos hasta de invierno, primavera y otoño. Son gente muy viajada y todo eso. Pero no le echan cojones.

Convocatoria

En las paredes de este blog hay un espacio permanente dedicado en exclusiva a publicitar y alentar la labor de estos chavales. Para los lectores que residen en la zona centro y que han mostrado su interés por ellos en anteriores ocasiones les comunico que Kantika Korala de Leioa, la formación que dirige Basilio Astúlez, va a ofrecer esta semana un concierto en Madrid. Será este viernes, 29 de Junio, a las 21:00 horas, en la Parroquia de Santa Cruz (C/ Atocha, Nº 6). La entrada es libre. Creo sinceramente que una de las cosas buenas que podemos hacer a quienes apreciamos es recomendarles acudir a un recital de Kantika, sean asiduos o no a los eventos musicales, cualquiera que sea su edad: la experiencia siempre resulta inolvidable y enriquecedora.

Pero hay más: el pasado día 15 salió a la venta el dvd del “Requiem” de Karl Jenkins, grabado el 21 de Abril en el Palacio Euskalduna de Bilbao en su estreno en España. De él me ocuparé en breve porque me acaba de llegar (Gracias Rafa, Izaskun y Alain, es el regalo más bonito que me hacen desde… la anterior grabación). Tiene una pinta fantástica, con esa escenografía tan sugerente. A ver si me entero de dónde se puede adquirir y lo publico junto con la reseña.

Felicidades por el nuevo dvd, chicos, y felicidades anticipadas por el concierto del viernes, a vosotros y también al público que asista, porque estoy seguro de que va a resultar todo fantástico. Como siempre.

Incidencia

El servidor que aloja las imágenes y el audio de este blog está caído desde primeras horas de esta mañana. Por eso no se ve nada. Ni se oye. Aunque el progreso tecnológico haya avanzado mucho, las personas igual no tanto. Quiere esto decir que, aunque la publicidad de los servidores seduce a los clientes con unas promesas de eficacia dignas de la cámara de seguridad del Banco de Inglaterra, lo cierto es que las personas que le dan al botón no van a la oficina hasta el lunes por la mañana. Ojo, siempre cabe la esperanza de que eso que se llama “dar una vuelta por si acaso” se cumpla. Pero no sé.

Actualización (16:20h): mira qué bien. Parece que alguien ha dado una vuelta por si acaso. Ya podemos ver. Y oir.

Vidas

Teresa (II)
8 de Junio, 17:32 h.
Sí, yo soy Anónima Mente, la enigmática escritora cuyo nombre está en boca de todos y cuya verdadera identidad es cotizadísimo y principal objetivo mediático desde hace meses. Los programas de la tele emplean horas de tertulia haciendo mil conjeturas sobre la identidad pero no hay manera y al final tienen que dar paso a los anuncios y rendirse al Mister Limpio. A veces me entran ganas de llamar al teléfono de aludidos y confesar, sí, confesar como hacíamos con el padre Guzmán en el colegio, aquel santo varón que, según se decía, entraba en éxtasis en la sacristía con los monaguillos delante. Más de una vez descolgué el auricular decidida a confesar, suplicar, lo que sea para que a esa periodista no se le hinchara tanto la vena del cuello, que me da un repelús tal que me tengo que tapar la cara con uno de los cojines que nos bordó mamá como regalo de Reyes junto con el cervatillo de Lladró.

Pero las cosas no son tan sencillas como para quitarme la careta y mostrarles a todos que Anónima Mente es Teresa, Teresa de Burgos y burguesa a mucha honra. Revelar que yo soy la autora de esas fantasías calenturientas tendría unas consecuencias devastadoras para mi estatus y hasta para mi familia. Sí, yo sé cómo se siente Sandra De La Vega haciéndose pasar por mujer de la limpieza todas las tardes a las 5 en la novela de la Fea. La miro manejar el mocho en la tele mientras yo coso en mi máquina Singer a pedales, reminiscencia de mis clases de costura en las Ursulinas, y es todo un ejemplo de entereza a seguir. Dame fuerzas, Sandra De La Vega, necesito de tu coraje!

Cuando gané el concurso de narrativa erótica convocado por “La Cornisa Vertical” me pareció hasta divertido: el premio consistía en 6.000 eurillos y la publicación de la obra, nada por lo que preocuparse. Los eurillos no levantarían sospecha en casa, podían pasar perfectamente por una de esas atenciones de papá hacia algún capricho mío; en cuanto a la publicación, llevaba nombre falso, Anónima Mente y, según me dijeron desde la editorial durante la conversación telefónica en la que se me comunicó el fallo del jurado, mi novela lamentablemente no haría mucho ruído porque el mercado literario estaba fatal. Yo mentí como una bellaca al lamentarlo también pero por dentro me sentí libre, cómoda y segura y colgué el teléfono porque tenía vez en la peluquería.

A los dos meses se habían vendido 55.000 ejemplares.

Nadie se lo explicaba; yo mucho menos, claro. Mi libro era una cosa tonta que había surgido en las solitarias noches de los viernes cuando me picaba el gusanillo y me ponía a ver las películas codificadas del Canal Pus. No es que las viera con rayas, que somos de posibles y aquí se ve hasta el canal de las óperas, un canal estupendo para conseguir conciliar el sueño las noches de insomnio. No, aquí el codificado era mi mano, que me la ponía delante de los ojos y de vez en cuando abría un agujerito entre los dedos para mirar y me entraba el sofoco. Bueno eso al principio. Porque una noche me quité la mano entera al caer en la cuenta de que en esas películas tan vulgares, las mujeres éramos meros juguetes para la satisfacción animaloide del macho (y qué machos, si los viera el padre Guzman seguro que se rasga la sotana!) Y me indigné mucho y pensé en la posibilidad de que los papeles se cambiaran y apareciera una mujer-mujer que fuera el azote de tanta testosterona musculada. Y así surgió una heroína, mi heroína, “Domina Men”, que para quienes no estudiaron inglés en el colegio como yo y además perdieron su dinero en Opening y se quedaron sin cash y sin clases, significa “Domina Hombres”. Y ella protagonizó mi novela.

55.000 ejemplares.

Y todo un escándalo. Ni esa otra mujer, Sara, Sara Mago, vendía tanto. “Domina Men” pasó a ser, de la noche a la mañana, tema de conversación en todos los lugares. Monseñor Plástez dijo que era una indecencia, sobre todo lo de la página 165, y que él desde luego no pensaba leer ni la primera línea. Ukelele Tronchante salió en la tele diciendo que ya era hora de que la mujer tomara el nabo por las hojas. Yo escuchaba todo eso en silencio sin tiempo para asimilar las cosas, un poco aturdida, pero desperté a la cruda realidad de golpe y porrazo la mañana que el mismísimo Federico se dirigió a mí por la radio llamándome “sociata”.

Sociata! Yo!

Recuerdo perfectamente que aquella mañana terrible estaba en la cocina batiendo la masa para un bizcocho, porque una vez vi en un telefilme una cocina monísima, parecida a la mía, y la señora de la casa salía haciendo un bizcocho y el conjunto pegaba con la encimera que no veas así que decidí hacer bizcochos por las mañanas. Pero ese día estaba en casa mi asistenta filipina, que viene una vez por semana a planchar, y para disimular mi profunda turbación batí la masa más fuerte e hice un esfuerzo para confraternizar con los subordinados.

-Oye, Fermina.
-Diga, mi ama.
-¿Por qué te llamas Fermina si eres filipina?
-Ay, mi ama, es que mi mamá tuvo un romance con uno de Huesca.
-¿Y se llamaba Fermina??
-No, mi ama, se llamaba Evelio pero si me llamo Fermina pues mi papá no sospecha de ná.

De pronto sonó el teléfono y llegó lo inevitable: la presión mediática sobre la editorial era gordísima y los editores no estaban dispuestos a dejar de explotar el filón que tenían entre las manos así que tuve que escuchar algo que haría tambalear a la mismísima Sandra De La Vega, algo que retumbó en mis oídos como un ultimatum fatal y que retumbó así:

-Vamos a sacar del armario a Anónima Mente.

Revolución

Hay momentos en los que pienso que no he tenido hijos porque iba a tener sobrinos. Para mis sobrinos yo no soy padre, pero sospecho que tampoco soy tío. “Tío” es una etiqueta que sirve para nombrar pero en el fondo yo creo que no me ven como adulto o, más sugerente todavía, quizá me ven como uno de ellos dentro del cuerpo de un adulto. Me encanta. En los razonamientos, no encuentro dificultades para adaptarme a esa lógica peculiar con la que los niños interpretan el mundo; es más, lo que me divierte es comportarme como alguien que les hace preguntas para aprender de esa lógica. Me divierte por partida doble porque ellos se desconciertan un segundo o dos y acto seguido se enciende su mirada porque han entendido increiblemente el juego sin saber que de un juego se trata y actúan en consecuencia.

Esta tarde han venido a casa mis sobrinos, Isabel y Carlos, hacía tiempo que no venían por casa y tampoco por esta casa de letras. Abres las puerta y te encuentras conm dos pares de ojos muy abiertos y chispeantes que te sonríen desde abajo y antes de que te des cuenta estás debajo de una mesa con una careta de Shrek y contando simultáneamente tres cosas, a saber, el cuento del elefante para Carlos y el del sastrecillo valiente para Isabel, pujando ambos cuentos por ocupar espacio en mi regazo; lo tercero que cuento es hasta catorce mientras ellos revolotean entre carcajadas buscando un lugar para esconderse. Aunque se escondan hay que seguir contando los cuentos porque se esconden en la misma habitación y ay como dejes de contar. A Carlos le interesa saber sobre todo dónde está la mamá del elefante. Lo de contar hasta catorce es porque me piden contar hasta veinte pero yo digo que hasta veinte no sé porque ayer no fui al cole y entonces me dicen que bueno, pues hasta catorce pero hasta catorce, eh.

Cuando se marchan dejándote en ambos lados de la cara un reguero de babas y besos y miras la habitación patas arriba te das cuenta de que la casa ofrece una asimetría que no incomoda, es como si fuera la manera que tiene la propia casa de salir de la rutina, de alegrarse, de desperezarse. Yo creo que mis sobrinos me quieren e incluso puedo atreverme a llenar la palabra querer hasta que tenga mucho y poner ese adjetivo detrás. Puede parecer una obviedad sin importancia. Pero no lo es.

Lugar

Que digo yo que si después de tantas vicisitudes pasadas, presentes y lo que venga todavía estoy aquí, ahora, esta noche, aunque no sea Nochebuena pero tampoco buena noche, digo yo que en algún lugar encontraré mi sitio, algún día, debe haberlo, y no sólo un sitio físico sino también un lugar para crecer y para luchar, un lugar para equivocarme y rectificar, un lugar para sembrar los sueños aunque las manos encallezcan y no llueva, un lugar para el afecto, un lugar donde yo me encuentre, un lugar pequeño si quieres, pero que sea mío: mi lugar.

Digo yo que debe haberlo, tampoco pido mucho, en algún sitio estará, aunque ahora no sepa qué hacer, ni dónde ni cómo buscarlo (que prefiero creer que no sé buscarlo a que no pueda buscarlo, a que sea imposible, a que no haya un sitio para mí). A veces lo pienso y me asusto. Pero sí, tiene que haberlo, aunque el tiempo pase y las cosas se pongan cada vez un poco más chungas, pero qué más da si llegas al trabajo un poco más tarde, luego te quedas y recuperas; que más da que no te acaricien a la una y cuarto del reloj si alguien lo hace a las seis; y qué más dará si no tropiezas a las tres si la piedra te espera en mitad del camino a las diez. Qué más da la hora que sea para charlar; viene a cuento porque a mí lo que me gustaría ahora es hablar, no sé, de lo que sea, o escuchar, o jugar a que me haces una entrevista o al revés, a ver, buenas noches, buenas tardes, también te da miedo el ruido de los aviones, te sueles fijar en la luz de membrillo de septiembre, lees los prospectos, algo así, da igual.

Edward Said habla esta noche sobre Gould en una página sesenta y uno y dice que quizá “su energía verbal ocultaba la profunda crisis personal de alguien que, en realidad, no tenía adónde ir (…) Tras el deje habitualmente alegre de sus palabras acecha algo mucho menos seguro y satisfecho que lo que el tono de Gould permite entrever de forma explícita: de eso puede estar uno seguro.”

De eso se está seguro cuando a un blog se le pone un nombre así.

Vidas

Teresa
5 de Junio, 10:28 de la mañana.
Acaba de telefonear Ana para recordarme que tenemos que ir a visitar a Lourdes que por fin se ha hecho la estética. No sé cómo se las arregla Ana pero siempre llama en el único momento del día en el que puedo desahogarme de toda esta pesadilla. Me desahogo escribiendo porque ni siquiera Ana sabe lo que sucede. Nadie lo sabe, nadie lo puede saber y eso lo hace todo aún más angustioso. Desde hace unos meses llevo una vida paralela. No puedo decir que al principio fuera divertido porque aquéllo fue tan inesperado que apenas me dio tiempo a reaccionar; lo que sé es que luego ha ido pesando cada vez más. Lo más curioso de todo es que otra persona, en mis mismas circunstancias, estaría feliz en estos momentos, de eso estoy segura. Pero yo no.

Los días se hacen largos en esta urbanización privada de las afueras aunque procuro acudir con Ana a todas las actividades que se organizan. Pronto empezarán los cursos de natación en el club y volveremos a apuntarnos. La natación ayuda a relajar mis tensiones. Dentro de casa parece como si los minutos del reloj transcurrieran más despacio y no es que esté sola, no, pero vivir con un hijo adolescente no proporciona demasiados momentos de diálogo precisamente. En cuanto llega del instituto, Oscar se encierra en su cuarto con la música a todo volumen, la consola, el mess… Pero Oscar es un chico sano, deportista, sale con amigos y la palabra “chicas” está continuamente en su boca, como es normal en alguien de su edad, pero estoy segura de que no ha habido más, es demasiado temprano y mi hijo es un chico sensato aunque a veces la tele me hace dudar de estas cosas. Tampoco tengo queja de su rendimiento escolar: siempre ha sido un chico inteligente aunque no emplea muchas horas de estudio y es consciente de que tiene que sacar una buena nota media en el bachillerato si quiere hacer la carrera en la Universidad.

Por lo demás, mi hijo sabe que en esta casa hay 3 normas de obligado cumplimiento: nada de piercings, llegar a casa antes de las 2 los fines de semana y, de lunes a viernes, estar siempre a las 9 en la mesa para cenar con su padre, dado que es la única vez a lo largo del día que podemos coincidir los tres. Manuel es corresponsal de la tele en Oriente Próximo y siempre sale en las Noticias de las 9 por lo que tengo puesto un televisor junto a la mesa donde Oscar y yo cenamos, como si fuera un comensal más, y así le vemos. Menos es nada. Hablar por teléfono hablamos, claro, pero sólo cuando mira a la cámara y puedo mirarle a los ojos sé con certeza que está bien, porque esa zona es un polvorín y vivo con el alma en un puño sobre todo porque no entiendo quién es el bueno o el malo, la verdad, y mira que me lo ha explicado veces.

Lo de Manuel es pura vocación de reportero porque, en realidad, podríamos vivir holgadamente sin ese dinero. Mi padre nos regaló al casarnos esta casa de dos pisos y jardín en una urbanización exclusiva y desde entonces es generoso mensualmente. Pero entiendo a Manuel y respeto su decisión, nuestras discusiones nos costó, no quería ser un mantenido de nadie. Es mi padre quien no entiende que tenga que jugarse la vida todos los días y encima para una cadena progre. Mis padres es que son muy conservadores y nos dieron una educación muy estricta a mis hermanas y a mí en un colegio de monjas de Burgos. No pude ir a la Universidad porque se nos inculcó que nos debíamos a nuestros maridos y a la casa. Mi hermana Virginia se fue de casa porque siempre fue muy echada para adelante y muy moderna y les recordaba a mis padres que Franco había muerto hacía tiempo pero confieso que yo no hice nada por rebelarme. No tuve una adolescencia rebelde, más bien creo que fui una chica sosa de puertas afuera: mi adolescencia son tardes de domingo en una confitería de Burgos con Amalia y Esther hablando de Los Pecos y cosas así y aunque nunca me atreví a comprar el SuperPop, por dentro yo vivía todo de manera muy distinta a como después lo exteriorizaba.

No sé por qué estoy escribiendo otra vez sobre ésto si ya lo he contado en otros posts, supongo que es el aburrimiento y el silencio de esta casa. Y la necesidad de evadirme de esta tensión que a veces me asfixia. Porque fue precisamente el aburrimiento y las horas lentas del reloj los que me llevaron una tarde a subirme a esta buhardilla que acondicioné para que fuera a la vez un pequeño despacho y refugio, y después de ojear la revista de Ana Rosa (a la que estoy suscrita) ví en el periódico el anuncio de un concurso de narrativa erótica y sentí una punzada en el estómago que me decía que podía ser divertido intentar garabatear alguna cosa. Yo creo que fue más decisivo el carácter clandestino y secreto del acto de escribir más que la escritura en sí, porque yo nunca había escrito nada antes aparte de algunas cartas a Amalia, que ahora vive en Francia. Dejé volar la imaginación (tenía todas las horas del mundo para mí y todo el silencio) y enseguida empezaron a salir páginas y páginas de cosas que me ruborizaban cuando luego las leía por la noche con un poleo menta en las manos pero también me divertían. Creo que fue algo liberador de una manera superlativa aunque, a veces, estando escribiendo sola en la buhardilla, no podía evitar tener la sensación de que en cualquier momento alguien se asomaría por encima de mis hombros a leer y me reprocharía mi desvergüenza y por eso me detenía unos instantes temerosa. Quizá todavía pese en mí la influencia de Sor Venancia y sus enseñanzas de la EGB porque en algunos párrafos me preguntaba a mí misma si lo que había escrito no sería un poco pecado mortal.

Cuando terminé mi obra miré las bases del concurso. Era un concurso de ámbito nacional. Me mordí los labios mientras me decidía qué hacer, si enviarlo o no. Pero lo hice. Y gané.

Jamás imagine lo que se me venía encima a partir de entonces.

Nervios

Cuando el sábado terminaba el post sobre el inminente estreno de “Ladrones” aludiendo a la próxima paternidad de Juanjo Ballesta con 19 años, escribí que habría que esperar a ver cómo se toma eso el duende.

Pues parece que mal.

No deja de ser curioso que la noticia haya coincidido con la primera vez que el actor hace ésto:

Los plantados son los de El Mundo, se nota por la tipografía y por su característica forma de mostrar el despecho, más visceral que diplomática, que siempre me llama la atención porque yo reaccionaría igual, la verdad. Tras explicar que el actor ha tomado la medida aduciendo que en este medio no se le trata bien, el redactor añade que, sin embargo,

Al parecer, anda nervioso Juanjo Ballesta. El día que tirado en el sofá oí por la tele la noticia de la futura paternidad me incorporé un poco y dije uy y mi madre, que estaba en casa concentrada en la maquinita de los Sudokus preguntó ¿me decías? y yo respondí nada, nada y volví a tumbarme en el sofá mirando al techo con las manos entrelazadas sobre el ombligo, que es la postura de pensar. Y, básicamente, lo que pensé fue: uy. A veces, uy está lleno de significados variados y obvios.

Hoy también he dicho uy al leer la noticia y luego me ha dado por pensar que al menos siempre nos quedará “El viaje de Carol”, por ejemplo. Pero es que siempre tiendo a ser fatalista y a adelantarme a los acontecimientos un huevo. Soy un caso.

Madrigal (II)

(Viene de aquí)

El texto.

El poema que inspira esta composición está escrito por Jesús Mª de Arozamena, prolífico y versátil autor: libretista, guionista, letrista y demás istas. Valga como detalle curioso que casi de manera simultánea a la escritura de esta miniatura, el autor estaba escribiendo el guión de “El último cuplé” para mayor gloria de Sara Montiel. En el momento de escribir estas líneas Sara Montiel es una señora que fuma puros, lleva puestas las medias en las lentes de la cámara y tiene 182 años.

Es de suponer que, a petición de Guridi, Arozamena escribe este pequeño poema y el resultado es una obra que rezuma cierto modernismo tardío y que habla de princesas hechizadas y de reinos remotos. Está estructurado en dos bloques formados por 2 estrofas + estribillo cada uno siendo el estribillo, como es habitual, común en ambos grupos.

El primer bloque dice así:

“Érase una infanta suave como el lirio,
érase el dominio de no sé qué Rey;
érase una infanta mustia y silenciosa
que lloraba siempre sin saber por qué.

¿Es quizá, infanta, por el caballero
que en las rimas vino de aquel tu juglar?
Nadie sabrá nunca si un hechizo, niña,
te ha enseñado a amar.

Estribillo
¿Dónde estás, mi querido bien,
que con sólo verte me enamoré?
Allí donde vayas, aunque lejos vayas,
rosas de mi vida te llevaré.

En el texto coexisten dos voces, la de un narrador y la de la propia protagonista. La voz del narrador cumple una doble función: por un lado nos sitúa y nos describe los hechos (primera estrofa) y por otro interroga a la princesa (segunda estrofa) aunque ésta no va a contestar, limitándose en el estribillo a lanzar al aire sus ansias amorosas.

Dado que el texto que nos ha llegado como definitivo es el que aparece en la partitura, es posible que la mano del compositor haya efectuado algunas pequeñas modificaciones sobre el original de Arozamena para favorecer que música y texto se acoplen mejor. Me aventuro a apuntar esta posibilidad tras observar el segundo verso de la segunda estrofa:

¿Es quizá, infanta, por el caballero
que en las rimas vino de aquel tu juglar?

Despojado del maquillaje de la música, la sintaxis de este verso resulta forzada, siendo más lógica otra distribución de las palabras sin que los cambios afecten a la rima:

¿Es quizá, infanta, por el caballero
que vino en las rimas de tu juglar?

Todo apunta a que Guridi ha necesitado “aire”. En estos casos, entendemos por “aire” espacio, ruido, un relleno que sirva para completar la frase musical. Aquí el relleno vendría dado por la reiteración de la figura del juglar: si ya en el verso original estaba clara la referencia al juglar de la princesa (“de tu juglar”), el relleno pone énfasis en señalarlo (“de aquel tu juglar”)

El segundo bloque es más dinámico y en él, a diferencia del bloque anterior, interactúan las dos voces estableciendo un diálogo. Aquí, y ante los requerimientos de la voz narradora (primera estrofa), la princesa responde (segunda estrofa) revelando la verdadera naturaleza de sus pesares:

Todas las estrellas correrán a verle,
deja que le digan que serás para él;
que tendrá palacios, que tendrá tus risas,
y que de tus reinos él ha de ser Rey.

No digáis a nadie lo que nadie sabe:
todos mis amores sólo sueños son.
Mi amor es sin nombre,
por lo que yo lloro es por el amor.

Estribillo
¿Dónde estás, mi querido bien,
que con sólo verte me enamoré?
Allí donde vayas, aunque lejos vayas,
rosas de mi vida te llevaré.”

Vista en conjunto, la obra contiene figuras poéticas muy bellas (como el caballero que viene por la senda que forman los versos del juglar de la princesa); unas figuras que, al mismo tiempo, resultan muy sencillas y desprovistas de todo artificio innecesario. Es de suponer que la obra, si no dirigida a un público infantil, sí que es probable que fuera pensada para un coro de niños (recordemos que está compuesta para voces blancas).

Pero lo verdaderamente fascinante, tanto como para músicos como para profanos, comienza en este momento, una vez puesto el poema sobre la mesa. ¿Cómo proceder a la hora de ponerle música? ¿Creando una figura melódica que sirva de hilo conductor a través del poema? ¿Qué criterios seguir? ¿Por dónde empezar? ¿Qué estilo darle, quizá un estilo ligeramente arcaizante, acorde con el título, el contenido y la estética modernista? ¿Cómo corresponder musicalmente a lo que el texto dice? En definitiva: ¿cómo se pone en música un texto (este texto)?

Trataremos sobre ello en un próximo post.