Moto

Estaba detenido en un paso de cebra sin semáforo y han tenido que pasar dos coches y una furgoneta hasta que alguien tuviera a bien parar. Era una moto. Al ir a cruzar he hecho ese gesto que tendemos a hacer en estos casos y que es un gesto fugaz, híbrido entre el saludo y el agradecimiento y he aquí que entonces me he dado cuenta de que quien conducía la moto era el joven Malvás.

Dice mi amigo Pepe, el escritor, que lo del joven Malvás es borgesiano porque eso de que un personaje salga de un relato para que te lo encuentres y te invite a meterlo en otro es decididamente borgesiano. Esta frase ya la puse un día por ahí pero es que me ha venido a la cabeza porque el de hoy ha sido un encuentro distinto al de los demás, en el sentido de que ha aportado dos elementos novedosos. Por ejemplo: es la primera vez, después de tantos capítulos, que nos hemos mirado a los ojos; nada, un segundo, dos a lo sumo, pero qué duda cabe que el hecho es muy curioso. Porque para mirar al personaje de una historia a los ojos el autor no tiene más que escribirlo en el folio o en la pantalla del monitor y ya está. Pero ésto de cruzar las miradas ha sido distinto. Por cierto que esta expresión, “cruzar las miradas”, siempre me ha parecido una expresión un poco bizca y me cuesta enfocarla; por eso la utilizo poco y suelo cambiar de lentes verbales. Hoy no porque no sé dónde he puesto las lentes. Da igual. Estábamos en que el encuentro de hoy ha traído dos novedades y ya he dicho una. La segunda ha sido que en la expresión del joven Malvás se ha dibujado, por un instante, la indecisión de quien siente el impulso de saludar a alguien conocido y, al mismo tiempo, se abstiene de hacerlo porque no sabe muy bien quién tiene delante aunque le suene de algo. Lo que no sabe el joven Malvás es que tiene razón en ambas cosas: le soy conocido y no. Y viceversa. Eso también es borgesiano. Yo he cruzado la calle y, a mis espaldas, el sonido de la moto se ha deslizado hacia la derecha.

Al joven Malvás también le gusta el azul.

Un pensamiento en “Moto

  1. Rachel

    de nuevo aparece, tras unas páginas en pausa. Y esta vez un primer plano….aqui hay tela. Mucha tela

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