Canción XII

Carmen BravoMe he puesto un poco melancólico cuando he abierto el periódico y he visto la necrológica de la pianista Carmen Bravo, viuda de Federico Mompou. Porque sí, no sé. Es como que termina de cerrarse un capítulo insólito de la historia de la música contado a media voz porque lo de Mompou es siempre una voz susurrante y su música un islote aislado en el océano lejos de los continentes de las escuelas y las tendencias y Carmen Bravo era la última superviviente real de ese mundo. Los demás contemplamos ese mundo de lejos cada vez que nos asomamos al pentagrama y ponemos las manos en el teclado y el alma nos dice ay cuando suenan las “Impresiones Íntimas”, y las “Canciones y Danzas”, y los “Paisajes”, y la “Música Callada” y así hasta el final de los secretos de esta música mínima en la apariencia en la que resuenan armónicos de cristal y hasta la penumbra del eco metálico de un tañido lejano de campanas.

Carmen Bravo fue el estímulo vital y creativo de este hombre callado e introvertido, de mirada observadora y fino sentido del humor. De la detallada necrológica me he quedado especialmente con dos detalles: que fue ella quien devolvió a Mompou al mundo de la composición tras una época de crisis creativa (dos obras en diez años) y con la frase que dice “Mompou nunca superó el final de la infancia y jamás supo enfrentarse a la lucha diaria por la vida”. Después me he sentado al piano a tocar la Canción XII, que es a un tiempo un poema hondo, una nana, un dolor y un caleidoscopio de nosequés que dibujan la silueta sonora de un silencio reconfortante.

F. Mompou: “Canción XII” (fragmento) Click para escuchar. Mp3, 820 K.

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