Archivo por días: 3 abril, 2007

Vacaciones

Hay gente que estos días de vacaciones los va a pasar fuera. A mí casi me toca pasarlas ingresado en el hospital y aún no tienen muy claro los médicos de que no vaya a ser así. Yo desde luego lo tengo clarísimo: de ingresar ni hablar. Pero una cosa es lo que uno quiere y otra lo que la realidad impone. Toquemos madera. Padezco una gastroenteritis vírica que, para variar, se ha complicado bastante. No sé cómo lo hago pero todo mi historial médico está lleno de complicaciones e incluso de complicaciones de complicaciones (no es broma). Eso es por lo tuyo, dicen los médicos. Lo tuyo, lo mío. Soy una persona pegada a esa sombra: “lo tuyo”.

Una de las complicaciones es que mi sistema inmunológico se está haciendo un lío a la hora de combatir el asunto y no responde como se espera de un sistema inmunológico. En realidad, responder está respondiendo pero metiendo la pata. La principal preocupación está en que mi sistema digestivo no está asimilando medicación alguna, con lo que eso conlleva, y eso es lo que hace decir a los médicos que en estos casos lo aconsejable es un ingreso para administrar la medicación mediante vía. Entre los kilos perdidos, la fiebre, el dolor por “lo tuyo”, que no olvidemos que es mío, la tensión arterial por las nubes (porque la medicación pasa de largo), no sé qué de los electrolitos que no entiendo, y esta flojera que hace del esfuerzo de levantarse del sofá una heroicidad, pues qué quieres que te diga: no es plan.

De momento, como último recurso, han decidido reforzar la dieta (estoy del arroz hervido hasta el moño) con no sé qué producto de farmacia y administrar el antiinflamatorio por inyección, a ver cómo funciona la cosa. Como lo han decidido pasadas las 3 de la tarde, la primera inyección me la han puesto en Urgencias. La espera en la Sala de Urgencias observando a la gente, la angustia de los que esperan (o desesperan), el desconcierto de los que entran directamente al box 1 porque algo les pasa, las caritas de los niños ardientes por la fiebre, la ambulancia que llega de repente, en fin, todo eso, me hace pensar mucho. Para una persona sana, la conclusión a la que llego les parece una perogrullada; a mí, por el contrario, me encoge el alma. Y la conclusión a la que llego es que la gente no sabe valorar qué significa realmente disfrutar de una buena salud hasta que le llega el hachazo. Los demás problemas empequeñecen abismalmente ante esta prioridad: la salud. No saben qué afortunados son los que la tienen. No saben cuánto.

Me vuelvo al sofá, con la manta.