Compositor

Tengo un problema con John Rutter (1945), el prolífico compositor británico, el John Williams de la música coral anglo-norteamericana (ya, ya sé, pero es que sus fanfarrias de metal tienen un aire a secuencia de acción en CinemaScope que no veas).

A lo que voy.

Hay compositores que tienen facilidad melódica y otros que tienden a un melodismo facilón. Y no es lo mismo, claro. El problema que tengo con Rutter es que se desliza en equilibrio, cual funambulista, por la fina línea que separa una cosa de la otra, oscilando un pelín hacia aquí y luego hacia allí sin terminar de cruzar del todo la frontera. Mira que es difícil mantenerse así. Pues eso pasa con Rutter. Por eso le escuchas y sí y pero y no del todo y a ratos, no sé si me explico.

A Rutter le tienen subido a los altares en los EEUU pero, curiosamente, los británicos son un poco más prudentes a la hora de profesarle entusiasmos. Y no precisamente por aquello de que “nadie es profeta en su tierra”, que en eso Rutter no se puede quejar, sino porque lo ven, cómo decirlo, “ligero”; hay que fijarse más en las comillas que en el adjetivo porque un compositor puede ser ligero y no pasa nada pero si es “ligero” ya ha bajado algún tono. A Rutter se le reprocha que tiende a ser predecible y dulzón y es verdad (aunque de vez en cuando te toca una tecla por dentro y algo se enciende) como igualmente es verdad que tiene una legión de seguidores abrumadora.

Ahora que lo pienso, tengo un segundo problema con Rutter y es el coro que dirige: los Cambridge Singers, que fundó en 1981. Ay con los Cambridge Singers. Suenan a una mezcla entre coro parroquial de iglesia de Massachusetts y coro de banda sonora de Mancini. Una cosa rara rara. Porque el coro parroquial de ese sitio tan largo pues queda bien allí y lo de Mancini ni te cuento lo bien que queda entre los 35 mm del celuloide (y fuera también). Pero es que, ¿ves? ahora estoy escuchándoles cantar el “Et Misericordia” del “Magnificat” (que es uno de los fragmentos de Rutter que más me desconcierta porque es el ejemplo perfecto y simultáneo del acierto y el desacierto en lo compositivo) y esos cantantes parecen los mismos que en los cincuenta cantaban las bandas sonoras de Disney.

En mi opinión personal, lo mejor de Rutter se encuentra en el “Benedictus” de su “Mass of the Children”, sobre todo cuando no lo cantan los Cambridge. La “Mass of the Children” fue compuesta tras la muerte de su propio hijo y para el Benedictus, Rutter concibió una melodía larga, sencilla, confortable e inspirada; cuatro adjetivos que dan como resultado que dicha melodía se defienda por sí sola y no precise de ninguna elaboración. El desarrollo viene dado desde fuera: Rutter se limita a repetirla tres veces pero “alumbra” cada repetición de manera distinta haciéndola pasar, en relevos, primero por el coro de niños, después por el coro de adultos y, finalmente, por dos solistas (soprano y barítono).

El estreno en España, el 23 de Octubre de 2005 en Bilbao, dejó un señor Benedictus y, ahora que caigo, me estoy dando cuenta de que al querer solucionar con este Benedictus el primero y el segundo de los problemas que tengo con Rutter me doy de narices con un tercero: por el horizonte asoma el simbolito del copyright que eclipsa el correspondiente trocito de audio que gustosamente pondría a continuación.

Hijo, pues van a ser todo problemas con este hombre. Y qué quieres que le haga.

Un pensamiento en “Compositor

  1. Rocío

    Hola, la primera vez que escuché algo de John Rutter fue hace pocos años, para mi era un compositor desconocido. Lo que escuché fue su Misa de Requiem y me llamó la atención por lo poco convencional que era. Después conocí su Gloria y, en ambas obras he de decir que hay partes que me encantan y otras que me aburren sobremanera. Está claro que las composiciones de Rutter no te dejan indiferente.

    Un saludo.

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