Canguro

Hoy he hecho de canguro.

Es que mi hermana se ha puesto mala. Principio de neumonía, ya ves. Y después de comer se ha puesto fatal y ha dicho el médico que la llevaran a Urgencias.

Y ahí entro yo.

Lo primero ha sido bajar a la parada del autobús del cole a mi sobrina Isabel mientras mi sobrino Carlos dormía. No, no lo he dejado solo, cómo lo voy a dejar, qué cosas tienes, es que todavía estaban en casa antes de ir al hospital. Me han dicho: llévala a la parada de la esquina y dile a la señora que está con los niños que eres el tío de Isabel. Se llama Alicia. De acuerdo. Por la calle, mientras atravesábamos el parque, le he dicho a mi sobrina por lo bajini si esa Alicia era la del País de las Maravillas. Y ella ha dicho que no con cinco o seis oes, así: nooooo y se ha llevado la mano a la cabeza. Y luego ha dicho con tono de resignación: es la señoriiiita Aliiiiicia. Y yo: ah! se llama “señorita”? Y ella: que noooooo, que se llama Aliiiicia. Y yo: ahhhh, bueno. Y luego: entonces… no está el conejo blanco?? Y ella: no. Y yo: pues vaya. Y ella: el conejo blanco está en la tele.

En la parada del autobús había varias Alicias al principio porque eran varias las madres, o profesoras, o lo que sea. Y la chiquillería. Como ellas me miraban como diciendo y éste quién es pues me he apresurado a decirles: hola, soy el tío de Isabel. E Isabel ha añadido: es un poco tonto. Y risas de los canijos y canijas, claro. Criaturas, que diría Jack Lemmon en “La carrera del siglo” en su papel de Profesor Fate. He preguntado por Alicia mirando a las demás Alicias y entonces una ha dicho: yo soy Alicia. Efectivamente, no era la del País de las Maravillas. Pero seguro, vamos. Un beso a Isabel y vuelta a casa.

Me quedo solo en el sofá repasando las instrucciones, a ver: Carlos duerme en su cuna, suele despertarse hacia las cuatro y media, si no, le despiertas que luego por la noche no duerme; si se despierta antes le das de merendar esto y eso y bla bla bla. Y estoy en el sofá, frente a la tele, sin volumen. Es curioso, el concurso de La 2 de las preguntas es más entretenido sin volumen pero llega un momento que te cansas y miras otras cosas. Hay que ver la de cosas que hay en las casas ajenas. Otros libros, otras fotos, otras sillas, otras películas. Está la peli de Alicia, así que tiene razón Isabel: Alicia está en la tele. Eh, un momento: ¿Los Aristogatos? Mmmm, me la llevo pa piratearla.

Las cuatro y media y no se oye un solo ruido de la habitación de Carlos. Habrá que entrar. Entro sigilosamente y a tientas alcanzo la luz de la lamparita (por poco me resbalo con un muñeco blanducho que hay por el suelo). Carlos duerme plácidamente con el chupete en la boca. Le toco la puntita de la nariz y hace un pequeño movimiento con la cabeza. Le acaricio la mejilla y le llamo susurrando. Abre a medias los ojos y se me queda mirando desconcertado. Lógico, no soy su mamá, soy el tío. Hola, le digo. Mientras se despereza le digo cosas, le hago alguna cosquilla y cuando lo veo más espabilado le digo: hala, vamos arriba. Y lo cojo en brazos. Se me queda mirando fijamente mientras el chupete marca el compás de dos por cuatro, como la niña de los Simpson. Y entonces pasa algo muy gracioso: se le empiezan a cerrar los ojillos como si cayera en trance y poco a poco se le vence la cabeza hacia adelante con el resultado de que el extremo del chupete, ese cilindro de plástico rígido del que sale la arandela se posa en mis labios. Y yo: mmmmfshhhsmmff. Y Carlos dormido como un lirón. Y ambos conectados por el chupete, ya ves qué escena. Le coloco la cabeza sobre mi hombro, le paso la mano por la espalda y le acuno.

No le dejes dormir más de las cuatro y media que luego por la noche no duerme, me han dicho, pero es que, hija, me da una pena despertarle… Lo hago. Y justo entonces llega su padre. Qué cosa, oye, los padres tienen otra determinación, se manejan con ternura, sí, pero se les ve curtidos y van al grano. Claro, son centenares de siestas ya. La mía es que era la primera. ¿Ha llorado al despertar? No, no ha llorado. Es que a veces tiene mal despertar, sabes. Pues hoy no. Le paso a Carlos a sus brazos y le observo actuar. Mi misión como canguro ha concluído por hoy. Mi hermana está mejor. Pues mejor.

2 pensamientos en “Canguro

  1. Miguel Cane

    Querido Mariano,

    ¡Qué ilusión! (Será que yo también soy muy “niñero”) — y sobre todo, qué desempeño tan más brillante, ¡qué bien!

    Mis mayores enhorabuenas, por mantenerte conectado con ese niño interno y poder comunicarlo a los externos.

    Cariños a Carlos e Isabel.

    M

    (Que recién se entera que tendrá un ahijado u ahijada en Octubre)

  2. emejota

    Hay que mantenerse en contacto con el niño interior, Miguel. El niño que fuimos o el niño que quiso ser, da lo mismo. Pero no hay que soltarle de la mano.

    Enhorabuena, padrino :)

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