Archivo por días: 4 marzo, 2007

Aventura

“El mundo entero canta una nana
porque el sol se ha ido a la cama”

Hay un señor que nos tiene con el alma en vilo porque está deshojando la margarita diciendo FNAC sí, FNAC no. Hablo del dueño, claro, que es un señor mayor, francés y millonario. Al parecer se aburre. Mientras se lo piensa nosotros no dejamos de dar gracias por todos y cada uno de los títulos que componen la colección Filmotecafnac en dvd porque de otra forma serían imposibles de encontrar. Seguro.

Acabo de disfrutar con esa hermosura que es “Black Jack” (1979). Le tenía muchas ganas porque es una rareza en la filmografía de Ken Loach. Por aquel entonces se hacía poner en los créditos Kenneth Loach pero con el tiempo cogió confianza y se puso el nombre de casa. Me recuerda de lejos el caso de H.C. Potter, el director americano que siempre firmaba así, con inciales, y un día, cuando yo era pequeño, salió en la tele el inolvidable Alfonso Sánchez y con su voz sincopada y gangosa dijo que a ver qué se pensaba este hombre que después de cuarenta años aún no se había hecho un nombre en la industria. Y tenía gracia.

El cine de Loach siempre se fija en la desigualdad de clases y se inclina por los desfavorecidos y algo de eso flota en el ambiente en esta película de aventuras ambientada en la Inglaterra del siglo XVIII pero fue terminar de rodarla y aparecer Margaret Thatcher en escena y Loach empezó a dar caña de manera que “Black Jack” quedó como algo exótico.

Aquí sale un maleante que es ajusticiado pero resulta que vuelve a la vida y se cruza en el camino de Tolly, un chaval que pasaba por allí, y se van juntos. Y el camino por esa campiña verde (porque la película es una deliciosa sinfonía de verdes, verde verderol, qué bueno el olor de ese verde, tan dulce) es también el camino iniciático que el chico recorre para encontrar la fuerza interior necesaria para salir adelante en un mundo hipócrita y cruel y donde encuentra su primer amor, una niña que parece estar loca pero no.

Y salen bosques, y caminos, muchos caminos, y claros en el bosque. Y hay feriantes que recorren esos caminos con sus carromatos y unas veces están aquí:

y otras allí:

y aparecen estos ojos increíbles, que los miras y resulta que no parecen ojos, es que son heridas, de lo preciosos, puros e inocentes:

Y salen charlatanes y asaltos y rufianes, y gente fina que es más mala que ni sé, y gente pobre que se porta mal para poder comer y gente pobre que no tendrá para comer pero al menos tiene corazón, que de todo hay. Y también muros cubiertos de musgo, y madreselva, y un carruaje que pasa veloz, adónde irá, y casitas de piedra con la piel tatuada por el liquen y la humedad, con chimeneas humeantes, y el sol que amarillea aún más el heno por la tarde. Y la música y las mantas sobre los hombros alrededor del fuego al anochecer, y las risas y las mesas de madera y las jarras de cerveza, mañana. Y la inocencia.

“Black Jack” es un poco de todo eso pero con rima.