Archivo por días: 13 febrero, 2007

Flechazo

No es por ser agorero pero la cosa se acaba. Lo del enamoramiento digo. Se acaba siempre. Por eso cuando la gente se ha puesto a investigar la cosa han dirigido sus pesquisas al calendario para intentar determinar cuánto dura la batería y, de paso, mirar de qué está hecha la batería. Stendhal definió el enamoramiento como un trastorno momentáneo de la atención y calculó que “momentáneo” es una palabra que dura entre dos y tres años. Stendhal era de letras y por eso la definición le salió muy precisa pero los números no tanto. Ahora los científicos han hilado más fino y dicen que ni dos ni tres, sino que son cuatro: el enamoramiento caduca a los cuatro años. ¿Seguro?, les preguntas. Seguro seguro, te contestan. Hombre, a ver, trimestre arriba trimestre abajo, que tampoco se trata de fardar como cuando Tamariz te acierta la carta que has cogido de la baraja. Lo que quieren decir es que la naturaleza lo tiene todo calculado y cuatro años es el tiempo que necesita una cría humana para ser lo suficientemente independiente como para que pueda haber alguien que no sean los propios padres para ocuparse de ella.

En términos evolutivos, a partir de los cuatro años ya no es estrictamente necesario que mamá y papá sigan juntos. Si siguen es cosa de ellos pero desde luego la naturaleza se va a desentender del asunto. Para empezar, va a cortar el suministro de dopamina. Se nota cuando un día te levantas y miras a la persona que está a tu lado y te dices: “ronca”. La falta de dopamina no le hace roncar a tu pareja pero te hace darte cuenta a tí de ello; más exactamente, y para decirlo de un modo llano, de repente el ronquido de tu pareja te jode. Dicho así queda menos fino pero nos entendemos todos que al final es lo que importa. Te cortan la dopamina y es como si te despertaran de un trance y adiós hechizo. Por eso el amor de tu vida dura hasta que un día aparece alguien al otro lado de la calle. Y vuelta a empezar.

El problema es cuando a tu pareja se le acaba la batería pero a tí todavía no y entonces te quedas fuera de cobertura. Y eso jode más que el ronquido. Cabría pensar entonces que si bien el enamoramiento es un proceso instintivo, la sentimentalización del amor ocurre en otro nivel. Pero no agüemos la fiesta a los enamorados que hoy celebran la feliz combinación de sus respectivas químicas y carpe diem. Sólo al final del párrafo pone que Lidia aún no sabe que mañana llorará.