Rózsa 11 febrero, 2007
Escrito por emejota en : Cine, MúsicaA Alain
Se cumplen 100 años del nacimiento de Miklós Rózsa, inolvidable compositor. Su nombre lo has visto escrito en la cabecera de muchas pelÃculas de cuya atmósfera emocional fue directo responsable. Trabajar en cine con un músico enorme entraña ciertos riesgos: se apodera de la pelÃcula a nada que el director ande lento de reflejos. Fritz Lang tuvo que sacar brillo a su monóculo para mirar atentamente porque en los tÃtulos de crédito de “Moonfleet” (1955) las olas rompÃan furiosas contra las rocas de un acantilado al compás de una ráfaga musical de Rózsa que te empapaba el alma con la intención de irse de la lengua, porque allà estaba condensada la esencia de esta memorable pelÃcula de aventuras y melancolÃas.
Rózsa formó parte de esa generación de músicos europeos que vieron en el mundo del cine norteamericano una manera de canalizar su actividad creativa como compositores sinfónicos. HabÃa nacido en HungrÃa y su carrera musical se forjó a la sombra de Bartok, Kodaly y de la música modal del folklore centroeuropeo. De allà extrajo el material con el que construirÃa una personalidad musical muy singular y enormemente expresiva. Rózsa poseÃa un talento innato como narrador musical tanto de gestas épicas como de evocaciones lÃricas y dominaba como nadie el ritmo escénico: en lugar de componer fragmentos compartimentados puso especial empeño en trabajar la continuidad entre escenas, con la consiguiente contribución a la cohesión y a la fluidez narrativa. A él debemos esos momentos de transición una vez culminada una determinada acción que pronto se convertirÃan en lugar común:
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A la hora de componer Rózsa ponÃa en acción sus habilidades como melodista infalible, brillante orquestador (inconfundible su tratamiento del registro grave de los intrumentos de viento como color de fondo del lienzo de la partitura), contrapuntista minucioso, modalista modélico y hábil diseñador de motivos con los que poblar la textura sonora de sus obras. El resultado era un paisaje musical exótico y hermoso de sabor inmediatamente reconocible.
Rózsa tituló su autobiografÃa “Una doble vida” precisamente para señalar su condición de compositor “serio” y compositor de bandas sonoras (como si estas bandas sonoras no fueran asunto serio!). Ambas “vidas” confluyeron felizmente cuando Billy Wilder le encargó la música de la maravillosa “La vida privada de Sherlock Holmes” (1970) y Rózsa echó mano, sorprendentemente, de su “Concierto para violÃn y orquesta” compuesto en 1956. Las caracterÃsticas de ese concierto le venÃan a la pelÃcula como anillo al dedo: los compases iniciales del primer movimiento hacen sonar un patrón rÃtmico que se asemeja al bordón de las gaitas escocesas, paÃs donde se desarrolla la acción principal de la pelÃcula:
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Pero sobre todo, el concierto contiene una joya imprescindible: el solo de violÃn.

Es sabido que en el particular universo de Sherlock Holmes, el violÃn ocupa un lugar fundamental como elemento que contribuye a poner a pleno rendimiento la materia gris del detective. Pero aquÃ, además, el solo de violÃn, convertido en leit motiv de la pelÃcula, debe cumplir una decisiva función añadida: tiene que resultar emocionalmente conmovedor, porque en este retrato “privado” de Sherlock Holmes, el genial detective nos muestra su cara oculta, su semblante más humano. Y aquà el tema de Rózsa irrumpe con una belleza arrolladora y una desgarradora melancolÃa. El solo de violÃn que Rózsa rescata para este Holmes de carne y hueso es un grito, un ansia, un dolor profundo. Un instante maestro.
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