Archivo por días: 3 febrero, 2007

Gilels

Emil GilelsTenía 14 años cuando dí mi primer concierto de piano y todo mi interés residía en la segunda parte del recital porque quería reproducir una de las caras de un elepé de Emil Gilels tocando a Mozart. Así como suena (nunca mejor dicho). Es que ese disco me fascinaba. Hay dos elepés que han sido decisivos en mi vida: Jack Brymer tocando el clarinete con Neville Marriner y Emil Gilels tocando en solitario un recital de Mozart en directo en el Mozarteum. Bien es cierto que anteriormente me había marcado también mucho el disco ese de “Todas las brujerías del brujito de Gulubú se curaron con la vacú, con la vacuna luna luna lu” de Rosa León, pero eso fue en párvulos. Cuando tenía 14 años el disco de Gilels lo escuchaba una y otra vez y cuando empezó a chasquear y a hacer clas clas me lo grabé en una cinta. Qué disco, oye. Me gustaba oirle tocar esas cuatro obras, dos por cada cara del disco, las Sonatas K.281 y 310, la Fantasía en re menor y las Variaciones sobre un tema de Paisiello K.398 como en bucle, todo el rato. Me gustaba tanto que decidí montar la segunda parte de mi concierto con una de las Sonatas y la Fantasía. No se trataba de uno de esos temerarios pero disculpables impulsos adolescentes de creerse como un Gilels por un instante, exactamente durante una segunda parte. No. Era aún peor: se trataba de hacerlo igual y punto, sin vanidad siquiera, como el que se pone a imitar según sus posibilidades a algún político o a un famoso de la tele porque le gusta y ya. Pero es que no podía concebir esas obras de otra manera, con ese tempo tan reposado y al mismo tiempo tan enérgico.

Pasó el concierto, se rompió el disco y la cinta se perdió. También pasó el tiempo y todo ese tiempo busca que te busca el famoso recital de Gilels en el Mozarteum en Enero de 1970 en cd, que el cd no hace clas clas. Pues nada. En el 91, cuando el aniversario Mozart, albergué serias esperanzas de que alguien desempolvara al fin la grabación. Pues tampoco. ¿A qué esperaba Deutsche Grammophon a hacerlo?

Pues al jueves pasado.

Fue leerlo en el último número de “Audioclásica” y casi me caigo del sofá al suelo. Entiéndelo, es que son más de veinte años de espera. Así que me fui corriendo para El Corte Inglés. En mi caso, ir corriendo al CI supone hacer 80 kilómetros de tren de ida y otros tantos de vuelta pero da igual. Me llevé el recorte porque decirle a una dependienta de El Corte Inglés si tienen “Emil Gilels: the Mozart recordings, Deutsche Grammophon” es muy arriesgado. Que conste que no es una crítica hacia las dependientas, que bastante hacen, sino al Corte mismo, que igual las ponen un día en la Planta Joven como en la sección de dvd´s al otro y claro, las pobres no saben lo que venden. Así que me presenté con el recorte y le dije: “Dame una alegría y dime que tienes ésto”. Le dije de tú porque nos conocemos ya. Tantos discos juntos… Lo tenían y además con el descuento del 25 por ciento. Por un momento me pareció como una indemnización por los años de espera, qué cosa. Me puse más contento que ni sé y me subí a la cafetería a celebrarlo con una coca cola. Gilels sonreía en la portada también. Normal.

Ahora desde el jueves suena Gilels todo el rato. Suena igual que entonces e igual de bien. Obvio, pensarán algunos. Pues no: porque a los 14 años no escuchas igual que a los 37. Es como cuando guardas un recuerdo precioso de una película y luego la ves de mayor y es una bazofia y casi lloras de pena porque sientes como que has perdido un trocito precioso de la infancia. Pues aquí no. Suena igual de bien.

El de Gilels se ha calificado como un Mozart “oscuro”. Tiende a tocar con tiempos pausados y una pulsación enérgica que contrasta con esa traducción de la transparencia mozartiana que se concreta hoy en día en toques ligeros, sueltitos y delicados. Nada más lejos de eso aquí al encontrarnos un Mozart en las antípodas del de un Brendel o una Pires. Gilels tiene un toque recio, concentrado, enérgico y, sin embargo, increiblemente lírico y hermoso. Yo no sé qué pasa con los intérpretes de antes y los de ahora. Los de ahora tienen una técnica impecable pero son epidérmicos. Los de antes eran todo carne jugosa y palpitante y hasta las notas que resbalaban latían con fuerza. Los de antes además eran tipos muy sabios y los de ahora no se dejan una nota pero, por lo general y salvo excepciones excepcionales, tienden a tener dificultades para pillar una metáfora de un libro, por ejemplo, si es que pillan un libro alguna vez o saben qué quiere decir metáfora. Igual el secreto es que eran tipos que vivieron muy intensamente para adentro y ahora se vive muy intensamente hacia afuera. No es malo, pero tampoco es lo mismo.

¿Dónde estaba? ¿En la cafetería de El Corte?. No, ya no. Estoy con Gilels pero en casa. Escuchemos el carácter cantable y natural que tienen las escalas mozartianas en las manos de Gilels al comienzo del pasaje y la firmeza y la energía que imprime al final:

Click para escuchar. Mp3, 449 k.

Y ahora el impactante contraste que presenta el mismo fragmento transportado al modo menor en el que está escrita esta dramática y magistral sonata mozartiana. Es aquí donde el Mozart “oscuro” de Gilels se revela con esa intensidad tan característica e inolvidable del pianista ruso:

Click para escuchar. Mp3, 570 k.

Qué feliz reencuentro.