Dedicatoria

Rosa, la viuda de Julio, me ha hecho llegar el primer ejemplar de “Las pequeñas memorias” de Saramago tras desempaquetar la caja de la editorial. Las nieves no han sido obstáculo para el reparto. Lo del primer ejemplar era un ritual que hacía Julio con afecto sabedor de mi admiración profunda por la escritura de Saramago, tan rica en sonoridades musicales, tan melódica. Me reservaba el primer ejemplar y lo primero que hacía yo, muchas veces delante de él, es mirar la dedicatoria. Yo ya sabía que me iba a encontrar “A Pilar” pero es que lo emocionante era precisamente eso, la ausencia de sorpresa, la fidelidad fervorosa a ese nombre que dice de sí mismo lo que representa para el escritor: el pilar sobre el que se asienta su existencia.

En ausencia de Julio ha sido Rosa la que me ha entregado el libro siguiendo ese ritual simpático que desde hace unos años se ha convertido, por las circunstancias, en un instante de nostalgia y emoción. Esta vez me he llevado una sorpresa porque al ir a buscar la dedicatoria impresa me he encontrado con otra dedicatoria manuscrita en azul dos páginas antes y dirigida a mí. Decía, dice:

“El primero para emejota”, decía Julio. Ahora lo dice Rosamari. No es lo mismo pero… casi. Un abrazo.

Como se me ha puesto un nudo en la garganta le he dado un abrazo y dos besos que querían decir que claro que es lo mismo, por supuesto que es lo mismo. Y me he venido a casa muy agradecido y con el libro bajo el brazo cerca del pecho que es donde laten las pequeñas y las grandes memorias de cada momento.

5 pensamientos en “Dedicatoria

  1. Daniel Naranjo

    no emejota… no es lo mismo…
    Parece, pero no es. La mano que escribe no es la misma, y la intensión es otra. Es una que vale por dos: por julio y por rosamari.

    Yo no conozco ni al uno ni a la otra, pero igual desde este lado del atlántico logró sentirse el afecto.

    por ahora, solo me queda esperar unos meses (que siempre son muchos) hasta que llegué el libro a estos mares.
    un abrazo
    daniel

  2. emejota

    Tienes razón, Daniel: la intención es otra porque vale por dos, no lo había visto de ese modo.

    Este Saramago es distinto (que no distante) Porque esta vez no mira alrededor para contar la historia sino que mira hacia atrás. Para alguien que cuida tanto la sonoridad de las palabras y que hace de la tercera persona del singular y del tiempo presente una herramienta expresiva preciosa, utilizar el Yo y el tiempo pretérito es un cambio. Pero vibra lo mismo.

    Un abrazo.

  3. Miguel Cane

    Dedicatorias…

    ¿Sabes? Siempre he tenido algo con ellas. Cuando escribía relatos para el taller al que asistía, todos los dedicaba.

    Cuando apareció mi primera colaboración en una antología de verdad, cometí el error (pero, ¿lo era?) de dedicar el cuento a los amigos que lo habían inspirado antes que a mi madre, lo que resultó en un tango espectacular por parte de ella.

    Por eso ahora soy más cuidadoso… je.

    No, en serio.
    Creo que cuando dedicas una obra por tí creada es una manera de decirle al dedicado que le amas, que has hecho esto para manifestarle ese cariño y ternura.

    A veces, quisieras llenar una página con dedicatorias a mucha, muchísima gente por las más diversas razones.

    O a una sola persona.
    Aún si esa persona te ha herido.
    ¿Podría yo cambiar la dedicatoria de algo sólo porque la persona — aún sin saberlo- me ha causado dolor y desesperanza, me ha hecho llorar?

    No; al menos yo no. Porque esa persona también hizo algo para inspirar el regalo. Y de un modo u otro, ésto es maravilloso en sí mismo.

    O eso espero, donde debo recordar siempre no esperar nada.

  4. emejota

    Siempre he pensado que la dedicatoria es un género literario por sí mismo. En muchas ocasiones hay más calor, ingenio, talento y poesía que en todo lo demás. Me gusta pensar que pueda haber libros escritos como pretexto para lucir una sencilla dedicatoria.

    De la misma manera, en los blogs a veces aparecen comentarios que son todo un post memorable. Me refiero a este párrafo:

    “¿Podría yo cambiar la dedicatoria de algo sólo porque la persona — aún sin saberlo- me ha causado dolor y desesperanza, me ha hecho llorar?

    No; al menos yo no. Porque esa persona también hizo algo para inspirar el regalo. Y de un modo u otro, ésto es maravilloso en sí mismo”.

    Un abrazo, Miguel.

  5. Miguel Cane

    “Me gusta pensar que pueda haber libros escritos como pretexto para lucir una sencilla dedicatoria.”

    Y sí. Es cierto. Es el caso de la novela que ahora tengo a medias… existe como pretexto para lo mismo que aludía.

    Y no, no voy a cambiarle la dedicatoria, pese a.

    Gracias por las palabras que no merecía, por el consuelo y el abrazo.

    uno de vuelta, Mariano.

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