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Palabra 10 enero, 2007

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios , trackback

Me han puesto un aparatito colgado del cuello y alojado en un costado como si fuera uno de aquellos viejos walkman y lo tengo que llevar puesto durante 24 horas. El aparato quiere medir la tensión arterial a lo largo del día y por eso cada 20 minutos te avisa con un par de pitidos suaves y entonces el manguito que tengo en el brazo izquierdo te aprieta un poco. Es como cuando te cogen del brazo para darte ánimos pero a lo frío, no sé si me explico. El aparato es un poco engorroso, la verdad, y le decía a la enfermera esta mañana que es un contrasentido que en tiempos de microcirugías, microcámaras y micros en general la medicina todavía utilice trastos semejantes y ella decía que sí pero que en fin. Pues nada, hija. A la salida me he cruzado con el médico que tomó las riendas del asunto en su día haciendo un ejercicio de autocrítica insólito: “lo hacemos mal”, dijo. Una vez le oí decir que los médicos curan con tres cosas: el bisturí, los medicamentos y la palabra. Lo último me gustó porque es verdad. Hoy ha dicho también que le tranquiliza verme ya con otra cara. A mí me tranquiliza tenerlo a mano por si acaso.

El cacharro ya pita otra vez.