Permiso

Lo nuevo ha sido que hoy los médicos me han dado permiso para que diera un pequeño paseo. Esta mañana me han comunicado que el hematocrito ha bajado en nueve puntos, lo cual ha sido una buena noticia, y han dicho que si me encontraba con ánimos que probara, que lo intentara. La temperatura ha subido y eso ayuda porque antes no me dejaban salir por las heladas, y no porque fuera a pillar un catarro sino porque con una sangre tan densa, la exposición al frío y la consiguiente contracción de las venas no ayudaba precisamente.

Era mi primera salida a la calle desde ni me acuerdo, pero debió ser hacia el día de la lotería de Navidad y vale, de acuerdo, el hematocrito ha bajado y la temperatura ha subido, pero ha sido salir del portal y me he sentido como Juanjo Ballesta en “Cabeza de perro” cuando sale de aquel garage y recibe el impacto de la hostia sonora (con perdón) de la atronadora circulación del tráfico madrileño que le echa para atrás. Pues algo así. Me he sentido como Juanjo Ballesta y de paso he sentido también que el post sobre la peli quedara en el limbo del archivo por lo que he puesto un post-it imaginario para que el post se materialice aunque sea con retraso.

Comparaciones y anotaciones al margen, he salido del garage/portal y la acera, que todos estos años se ha mantenido lisa, pues ya no lo era tanto. Subía y bajaba un poco. Y la luz del sol lucía más, y yo caminaba como con ciertos titubeos. La ocasión la he aprovechado para tener un contacto humano en forma de abrazo y conversación llena de espacios en blanco (los lapsus) y abrazo de despedida que ha venido a representar de alguna manera el encuentro que me hubiera gustado mantener con tanta gente estas Navidades pero que no ha sido posible. Y digo bien, porque la tarde de permiso marca el inicio de un segundo capítulo en este culebrón hospitalario: a partir de mañana se reanudan las pruebas pero con una “pequeña” diferencia. La diferencia es de 95 kilómetros de distancia porque transcurren en otro hospital. 95 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. Qué pereza. Pero yo sigo siendo obediente.

El día me ha dejado especialmente cansado. Me estoy imaginando al Doctor Normal, diciendo: “eso es normal, es el primer día”. El Doctor Normal recibe ese nombre porque siempre dice “es normal”, y luego dice “oye Marisa, ya mirarás si me han dejado encima de la mesa las historias que he pedido antes”. Y se va. Yo también me voy pero a dormir. De los correos pendientes y los comentarios me ocupo mañana a la vuelta. Feliz dosmilsiente para tí también, Daniel, maestro.

Deja un comentario: