Archivo por días: 26 diciembre, 2006

Tarjeta

James Barrie y Michael Llewelyn Davies, Peter Pan, en los Jardines de Kensington (1906)

Aquí no hay ramito de violetas, ni marido que mire de reojo ni laísmo que valga, pero la variación en la letra de la canción es pertinente: Cada veintisiete de diciembre, como siempre con tarjeta.

Y es que por muchos años que pasen sigo recordando con especial afecto la nota que redacté y envié por correo postal (a la vieja usanza) a un determinado número de personas invitándolas a una conferencia sobre James Barrie que pronuncié tal día como esta tarde coincidiendo con el centenario de Peter Pan. Lo de la nota y el correo postal costó una pasta, vale, pero cuando se me ocurren cosas de este tipo disfruto tanto que me compensa con creces el gasto; por otra parte, celebrar el centenario de Peter Pan tenía su miga porque como es sabido por todos, “todos los niños crecen, excepto uno”: Peter. Eso pensaba cuando entregué en la ventanilla de la oficina de Correos el fajo de cartas.

Lo que se encontraron quienes abrieron esos sobres fue ésto:

Hay varias razones que llevan a un músico a evocar, en una tarde de Navidad, la imagen en sepia de un escritor y su más célebre personaje. He aquí algunas:-Una estatua en un jardín
-Una ventana cerrada
-Una función de teatro (no quedan entradas)
-Un niño que se muere
-Un viejo álbum de fotografías
-Una isla y algunos piratas
-El 1 de agosto de 1901, por ejemplo.
-Un par de cartas escritas al revés.

No sé si es muy normal que con los años uno sienta más afecto por una simple nota publicitaria que, pongamos por caso, un curso entero sobre alguna materia, por muy apasionante que resultara su preparación y por muy satisfactorio que fuera el resultado de dicho curso. Pero los afectos es lo que tienen, que son muy suyos. La verdad es que tampoco podía imaginar que aquella fría tarde de invierno la voz se me quebraría un poco al anunciar la muerte del pequeño Michael Llewelyn Davies, por ejemplo. Cosas del directo, supongo. Lo que pretendía con aquella nota era provocar la curiosidad del destinatario o destinataria, desconcertarle un poco, hacerle pensar: ¿pero esto qué es exactamente? Y exactamente no sé qué fue, pero el recuerdo es precioso y no me lo quito de la cabeza. Por eso lo vuelvo a citar de nuevo.