Archivo por días: 21 diciembre, 2006

Lotería

Sigo pensando que la verdadera música de la Navidad es la de la lotería: la letanía de los niños de San Ildefonso, el rumor denso de los grandes bombos girando lentamente, la elevación súbita y emocionada de la entonación que preludia la llegada del premio, el consiguiente estrépito de voces y flashes, la puntualización serena del secretario de mesa (contrapunto riguroso a la melodía principal), las voces de la radio (vendido en la administración número tal), las risas nerviosas de los agraciados desde la tal administración bautizando la suerte con cava… El de este año es el último sorteo que retransmite Marisa Abad, una de las voces y rostros históricos de la tele, porque su nombre figura en la lista del ERE de Televisión Española. También la música pausada de su voz es un fragmento de paisaje de la Navidad que quedará fijado en la memoria de una mañana fría de Diciembre.

Reformas

Hoy me dejan descansar, cosa que agradezco. Ayer oí que los médicos barajaban esa posibilidad mientras esperaban unos resultados y alguien dijo: “así dejamos tranquilo al chico”. Estoy en esa franja de edad en la que unas veces dicen “así dejamos tranquilo al chico” y otras “así dejamos tranquilo al hombre”. A mí con tal de que me dejen un poco tranquilo, que me llamen como quieran.

He descubierto que lo que me agota en estos momentos es, principalmente, dos cosas: caminar por la calle y hablar. Es como si tuviera que hacer un esfuerzo muy grande para ambas cosas, para caminar porque voy con cierta sensación de vértigo que me hace ir alerta y lo de hablar porque mantener una conversación normal requiere en estos momentos una concentración equivalente a si estuviera haciendo una exposición oral sobre alguna materia complicadísima. En la parte positiva, que diría el “Un, Dos, Tres”, no se ha repetido una crisis como la del otro día y aunque la cabeza la sigo teniendo espesa al menos parece que puedo escribir con más soltura y ganas. Por cierto que estas noches estoy soñando con el “Un, Dos, Tres” de los primeros tiempos y con visitas a mi parvulario. Todas las noches, oye. Qué cosas.

Ayer Blogger dijo que se le había acabado la paciencia y que ya no me iba a preguntar si deseaba cambiar al nuevo sistema, que ya valía, hombre, y que además la fase Beta dejaba de serlo y que el sistema había pasado la prueba del algodón. ¿Seguro?, pregunté yo. Que sí, pareció responder él. Le di al botón de migrar (no sin cierta aprensión, a pesar de que me habían prometido que después de la mudanza me iban a dejar todo en su sitio) y salió un cartel diciendo que en un par de minutos la cosa estaría lista. Al final los dos minutos fueron siete horas pero hay que ser comprensivos: trasladar el piano de Gould, la fábrica de chocolate de Wonka, el Mediterráneo al atardecer, la tiorba de James Akers (tan frágil), la bibilioteca de Alberto Manguel, el álbum de fotos, e incluso deslizar la escalera de “Dublineses” con cuidado de que Anjelica Huston no salga de su trance (ni que caiga rodando escalera abajo) requiere su tiempo.

Una vez hecha la mudanza hay dos cosas que no me gustan nada, pero nada de nada: la primera la barra superior. No hay armonía en la colocación de los elementos, yo ya me entiendo. La segunda es peor porque una de mis manías es que la tipografía tiene que respirar y en la mudanza se han dejado una linea espaciadora entre el borde superior y el encabezamiento “La Idea del Norte”. Ahora está muy pegado arriba. Y qué más dará, pensarás. Pero mira que eres raro, pensarás. Pues sí que da y sí que soy raro, qué pasa. A ver si me remango la camisa y meto mano al código html de la plantilla, pero luego que ahora me da pereza todavía, lo que me faltaba para la cabeza espesa, meterme en la selva de etiquetitas del html. Y lo que sí quiero usar porque me parece muy práctico es el asunto de la clasificación de posts en categorías para tener listados los de música, los de libros, los de cine, los de neuras varias…

Luego.