Envoltorio 26 noviembre, 2006
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Libros , 6 comentarios , trackbackVa una confidencia, que a estas alturas hay confianza: cuando voy a comprar un libro que he esperado largamente y en el que he puesto muchas esperanzas, hago que me lo envuelvan. Por supuesto disimulo diciendo que es para regalar y para darle el toque de verosimilitud definitivo añado aquello de “quÃteme el precio, por favor” (luego en casa le quito la pegatina de “Felicidades” porque me hace sentirme un poco culpable). En realidad tampoco estoy faltando del todo a la verdad: lo voy a regalar, más concretamente me lo voy a regalar. Pues eso.
Va una contradicción, ya que estamos: a veces me pasa que he esperado largamente el lanzamiento de ese libro y cuando lo tengo por fin en casa, envuelto, sin pegatina (y sin el precio), demoro su apertura y lo dejo un tiempo aparcado. De vez en cuando le echo alguna mirada apetecible pero no me decido a abrirlo. Ya sé que es una cosa un poco extraña pero yo creo que lo hago porque asà acreciento la emoción, o porque sé que cuando lo abra, el libro va a dejar de ser una placentera incertidumbre y eso me da mucha pena (hay incertidumbres más placenteras que las certezas placenteras).
Ahora mismo, mientras redacto el post, tengo a mi izquierda, envuelto en papel verde, la última entrega de Haruki Murakami, “Kafka en la orilla”, y le tengo tantas ganas y pinta tan bien… que por el momento me resisto a abrirlo. Ya ves tú. En su lugar, para abrir boca, me he puesto a releer su “Tokio Blues (Norwegian Wood)” y al poco de entrar en…
(un momento, perdón pero es que si no se me olvida y tengo que dar un recado: Alain, “Norwegian Wood” es la canción esa de los Beatles que utilizaba Bernstein para explicar el modo mixolidio en su programa de la tele y de la que nunca me acuerdo del tÃtulo. Pues ya me he acordado. Por si se me olvida la próxima vez que hablemos. Saludos)
Bien, sigo. SÃ, decÃa que me he puesto a releer “Tokio Blues” y al poco de entrar en el capÃtulo 4 he vuelto a decirme que de mayor quiero escribir un diálogo como el que mantiene Watanabe con Midori en un pequeño restaurante después de la clase de Historia del Teatro II en la universidad. El restaurante está a diez minutos de la facultad y Watanabe está comiendo una tortilla de champiñones con ensalada de guisantes. La tortilla de champiñones no me gusta y los guisantes no los entiendo, nunca he podido entenderlos, siempre me ha parecido que debajo de su disfraz verde hay una nada gris. Pero da lo mismo, el chaval está comiendo a gusto y en ese momento aparece Midori tras unas gafas de sol. Es que se siente rara por lo del corte de pelo y eso. Midori comerá macarrones pero después del diálogo que a mi me gustarÃa escribir de mayor. Hasta entonces, lees y barruntas un no sé qué, pero es en ese momento, en el restaurante del capÃtulo 4, en el transcurso de ese diálogo que resbala primorosamente, cuando caes definitivamente en las redes de Murakami y la verdad es que no te importa lo más mÃnimo. De hecho, ya me veo que lo voy a releer entero y luego, sÃ, desenvolveré con emoción el paquete que está a mi izquierda y que guarda un grueso volumen que viene al parecer repleto de enigmas.
Va una petición: lo del envoltorio no lo hago muchas veces, las cosas como son, dos veces al año, tres a lo sumo. Asà que por favor que nadie me delate, al menos hasta que me haga con el último de Neil Gaiman. Es que tiene todos los puntos de venir a casa envuelto.
(Gracias)
Despiste 26 noviembre, 2006
Escrito por emejota en : Varios , 4 comentarios , trackback26 dÃas después, Noviembre todavÃa no se ha dado por aludido.