Actividad

Menos mal que este fin de semana hemos tenido una hora más de tiempo porque he tenido una actividad social del todo insólita en mí y eso que llevo unos días con las cervicales dándome la lata y cuando voy por la acera a veces parece que sube y baja de los vértigos. Me pregunto a mí mismo si me estaré normalizando o algo. No sé.

El viernes cené con Sergio para celebrar su 21 cumpleaños. La cena del cumpleaños es un rito tan consolidado que hasta se saltó las clases de la Universidad para poder estar aquí (la Universidad está allí). Cuando me llamó el lunes para concertar la cena le dije que no sé yo (por lo de las clases, no por lo de la cena, claro) pero él insistió porque está de la asignatura de Magnetismo como yo del restaurante chino. Di que a Sergio le da para atrás el restaurante chino así que mejor. Descanso. La cena fue en otro sitio. No había rollitos de primavera ni chinos. En realidad no había nadie y eso fue un poco raro pero también estuvo bien porque pudimos estar todo el rato tan tranquilos en un mano a mano que fue de lo más divertido. Luego lo prolongamos en otro sitio. Cuando vamos a tomar unas copas y él se empeña en invitar y yo me empeño en invitar siempre recurro al mismo truco: “¿Cuántos años cumples?”, le pregunto sabiendo de sobra los años que cumple. “21”, responde él, que siempre pica, y entonces yo simulo hacer cuentas con los ojos mirando hacia arriba y le digo: “Todavía no me has alcanzado así que soy el mayor y mando yo: invito”. Y él se rie y se queja porque dice que nunca me va a alcanzar y yo le digo que eso se lo cree él.

El sábado tenía comida con Javi. El asunto era doblemente notable primero por el encuentro en sí, que ya nos teníamos añoranza porque él está muy ocupado y muy lejos aunque yo todas las semanas le mando ánimos y abrazos de martes por sms si es martes, o ánimos y abrazos de jueves por sms si es jueves. Los lunes, como sé que toca en un club de jazz de Madrid le mando un sms recordándole que una me la tiene que dedicar fijo. El a veces me manda abrazos porque sí y si es lunes añade que no se le olvida la dedicatoria. Ahora que le han puesto teléfono en casa ya podemos hablar en directo. Yo es que con los móviles tengo un problema: siempre pienso que voy a llamar en el momento más inoportuno. Anda que no me he ido por las ramas ni nada con tanto sms. Estábamos en que comer con Javi el sábado era algo doblemente notable, lo primero por las ganas y lo segundo porque en tropecientos años de amistad yo creo que no habíamos comido nunca juntos. Cenar sí, las tropecientas veces que no habíamos comido juntos. Javi y yo somos aves nocturnas.

Su voz al otro lado del móvil hizo de despertador el sábado por la mañana y sugirió ir a tomar algo para abrir el apetito. Te paso a buscar con el coche. Perfecto. Yo por las mañanas no funciono muy bien, voy como a síncopas y ralentizado y por eso le pregunté: “¿De qué color es tu coche para reconocerlo”? Y él respondió: “Del único que se va a parar a la puerta de tu casa, no te preocupes”.

Fuimos a tomar un aperitivo a un sitio concurrido y cuando me llevaba el vaso a los labios una voz de señor mayor dijo a mis espaldas:

EMEJOTA.

Lo dijo sin interrogaciones, en negrita y con mayúsculas, que lo escuché bien, y yo me llevé un pequeño sobresalto. Javi me dijo: “ya estás localizado y sin GPS!” y me volví hacia ese señor. “¿Si?”. Y él volvió a decir: “EMEJOTA” así que yo volví a repetir “¿Sí?”. Podíamos haber estado así mucho rato pero entonces me señaló con el dedo índice y entrecerrando un poco un ojo sentenció: “Tú tenías 5 años cuando viniste a mi boda”. Y claro, oyes algo así y se te queda cara de bobo, cómo te vas a acordar de eso, por Dios, y además una boda, que a mí me ponen malo. Y dice el hombre: “sigues teniendo la misma cara de chaval despierto, te lo digo yo”. El hombre llevaba gafas, todo hay que decirlo.

Luego fuimos a comer. ¿A dónde? (¿a dónde o adónde? mmm, cada vez tengo más dudas ortográficas, tengo que apuntarme a algún curso CCC de redacción) Da igual: todos los caminos llevan… al CHINO! Cuando la china me vio aparecer debió pensar: “¡Otla vez el del aloz con telnela y la coca coca-con-mucho-hielo-pol-favol!” Y allí estuvimos sentados a la sombra del árbol de plástico hablando hablando, riendo y comiendo; comiendo y riendo y hablando hablando hasta que la china se acercó a la mesa y dijo: “¿Algo más? Vamos a celal ya”. Y yo: “¿Ya?”. Y ella: “Son las cinco y media”. Entonces me di cuenta de que su mirada tenía en ese momento algo de Fu-Manchú y aceleramos la salida.

El domingo la voz de Javi volvió a hacer de despertador. En realidad su risa, su carcajada para ser más exactos. Es que la madrugada del sábado al domingo le estuve buscando por Internet una pieza de coleccionista que anda persiguiendo y para eso me metí en el underground de los foros jazzísticos, donde hay humo por todas partes y suena un blues de fondo. Y me dieron las mil, hora extra incluída, y como ya era por la mañana le debí dejar un sms de los de la mañana (ya ha quedado claro antes que por la mañana yo…) y yo no sé que pondría pero en respuesta me llamó y cuando respondí con un “Buenas!” se oyó una sonora carcajada. Y yo: “¿y esa risa”? Y la carcajada se redobló. Escuchar una carcajada así es reconfortante, de veras, pero también contagiosa, así que nos tenías a los dos riéndonos como bobos a esas horas inhóspitas de toda mañana de domingo. “¿Por dónde andas a estas horas, primico”?, le pregunté cuando pudimos recobrar la compostura. Y él me contestó que andaba a 100 kilómetros del chino estudiando la flauta travesera en un parque para aprovechar un tiempo de espera y, de paso, para los que pasaban por allí.

Una vez le compuse a Javi una miniatura para piano y se me ocurrió poner un acorde amplio que para desplegarse completamente necesitaba de la colaboración de uno de sus dedos sincronizado a la pulsación de mis manos. Lo grabamos así. Nos salió a la segunda. Si lo escuchas no se nota. Él sí. Yo también.

2 pensamientos en “Actividad

  1. Miguel Cane

    Querido Mariano:

    ¡Qué júbilo! Pasaste un week-end bastante movido, ¿Eh? Me alegro y lo celebro.

    Yo también tuve días enloquecidos, pero felices.

    Llego al norte del norte el 17 de Nov. y me iré hasta diciembre.

    Escribámonos.

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