Archivo por días: 14 octubre, 2006

Collage

A Ferre, modulando hacia otro tema.

Menos mal que está el dvd. Sí, porque muchas veces me pasa que pongo un episodio de “A dos metros bajo tierra” (Six feet under, Alan Ball) y cuando termina el minuto y medio de cabecera no puedo resistir coger el mando y volverla a pasar otra vez. Y otra. Me fascina, está a la cabeza de las cabeceras (valga el juego de palabras) o, si se prefiere, es la joya de la corona de las cabeceras, lo que es lo mismo porque, ¿dónde se colocan las coronaaaas? Pues en la cabeza.

(Me parece que me estoy yendo por las ramas)

(y puede que del árbol que sale… encabezando esta cabecera)

A lo que voy, que aprovechando que alguien ha tenido a bien colgar en YouTube la cabecera como Dios manda (formato 16:9, buena calidad de imagen y, sopresa!, sin los créditos impresos) me he decidido a comentarla. Pero sólo algunos aspectos porque si me pusiera a largar sobre esta cabecera (tantas veces visionada) nos podrían dar las uvas. Y como que no.

HBO es una cadena que echa el resto en el diseño de sus cabeceras. Aquí se trata de una cabecera narrativa porque nos cuenta muchas cosas pero no lo hace de forma meramente lineal sino que lo que presenta es un curioso collage de motivos y símbolos, todos ellos con un punto en común: la muerte.

La música hace lo mismo por lo que podría pensarse que el compositor lo tiene difícil. Pues no. No si se la dan a Thomas Newman porque Newman es un músico que brilla especialmente en ese terreno. Soy de la opinión que Newman trabaja creando pequeños e ingeniosos gadgets musicales, breves ráfagas que en muchas ocasiones funcionan en bucle, como ocurre en la genial banda sonora de esa película curiosísima que fue “Una serie de catastróficas desdichas” y que aquí nadie fue a ver: los mayores porque pensaban que era para niños; los niños porque les daba miedo. Yo como no soy ni mayor ni niño pues la vi. Y me gustó. Mucho.

(Me estoy volviendo a ir por las ramas)

Collage. Símbolos. En el ámbito visual y en el musical. Lo primero que vemos y oímos son los símbolos esenciales que van a reaparecer a lo largo de la cabecera: el cuervo (pájaro de mal agüero) y el árbol (ay los quebraderos de cabeza que les dio a los chicos de la HBO dar con “el árbol”!). Al mismo tiempo, y con igual importancia, escuchamos un acorde pianístico punzante y agudo que se repite con insistencia, un acorde de séptima mayor construído por superposición de cuartas. Traduccción: un acorde gélido. Un hallazgo lo del acorde, oiga. Dicho acorde viene a representar el impacto súbito que produce en nosotros el inesperado anuncio de un deceso, el estupor en el que nos sumimos en un trance así y el estado de confusión, preguntas, desconcierto, todo lo que se quiera, que viene a continuación. El acorde es un grito, un dolor. ¿Todo eso cabe en un acorde?. En este sí, desde luego.

Podría hablarse, y mucho, de la acertada sincronía entre lo que vemos y lo que oímos. Dos ejemplos: el hermosísimo plano de la separación de manos (se separan bruscamente coincidiendo con la enésima repetición del acorde -la brusquedad nos habla del doloroso momento de la separación, de la pérdida- para flotar en el aire a continuación a cámara lenta como contraste -representando, quizá, el estupor de quien se queda y el misterio que deja quien se marcha: ¿hacia dónde va?-). Otro ejemplo: la música se pone verdaderamente en marcha coincidiendo con el brusco giro que hace la rueda de la camilla de un difunto al iniciar su viaje a través de un largo pasillo de hospital que deja atrás el mundo de los vivos -representado por la silueta de un ser humano al contraluz- y se adentra en un más allá cuyo misterio insondable se traduce en un blanco deslumbrante que ciega la pantalla.

Pero lo que me interesa en este post no es tanto la sincronía como el trabajo de collage en sí, la suma de trocitos que, juntos, conforman un todo narrativo. En este sentido hay tres momentos especialmente significativos que se corresponden con tres reflexiones fundamentales que nos plantea el hecho en sí de la muerte, a saber: 1) la ancestral inquietud del ser humano sobre la posibilidad de la existencia de un más allá de la muerte; 2) la condición del ser humano como un ente mortal y 3) el inexorable paso del tiempo, la fugacidad de la existencia.

Estos tres fragmentos del collage están representados de la siguiente manera: la incertidumbre ante un más allá lo representa la cámara girando sobre sí misma mientras mira al cielo, al tiempo que la música cesa su ritmo dejando suspendido en el aire un acorde estático que viene a significar un instante sin contornos ni pliegues, un infinito, mil preguntas sin respuestas. El resultado es estético, estático y extático.

Similar procedimiento musical (ausencia de ritmo dejando flotar un acorde en suspenso) acompaña la breve ráfaga visual que representa la inexorabilidad del final: unas flores marchitándose en un jarrón mientras el acorde fluctúa, languidece.

Curiosamente, esta ausencia de ritmo en los fragmentos claves contrasta con el segmento que nos habla de la fugacidad de la existencia. Aquí no sólo hay ritmo sino que es un ritmo insistente; en realidad se asemeja al sonido de la maquinaria de un reloj: el paso del tiempo. No es menos significativo (y me parece todo un acierto) que las imágenes nos presenten entonces un recipiente de líquido de embalsamar graduado y numerado: simbolizan las dimensiones de un todo finito que descuenta latidos progresivamente.

Con estas pistas sólo queda disfrutar del estupendo y minucioso trabajo realizado que invita a ser visionado varias veces porque una vez sabe a poco. A mí me pasa. Menos mal que está el dvd y siempre puedes echar mano del mando a distancia y volver al principio. Sobra decir que lo que viene después de la cabecera está a la altura. Qué gran serie (ya difunta, por cierto).

“Six Feet Under” – Cabecera

(Click en el centro de la imagen para visionar el video)