Sucesos 11 octubre, 2006
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 18 comentarios , trackbackDos acontecimientos de naturaleza singular han venido a turbar este apacible dÃa otoñal.
Uno: el concejal de cultura (sic) ha comparecido en la radio para decir:
Y ante la estupefacción de la periodista, de la mÃa propia y de los spaguetti que en ese momento han resbalado del tenedor, ha apostillado:
(Es comprensible)
Dos: me he comprado un iPod.
¿Cóóóóóóóómoooooooooooooo??? dirán los cuatro que me conocen en persona y que se asoman a este blog. Tienen razón. Ni yo mismo lo habrÃa supuesto hace dos meses pero ahora sÃ, ya ves tú. La posibilidad de echar mano al bolsillo en un momento dado y encontrar allà la música que me gusta, las voces (sÃ, sÃ, las voces) y las fotos de las personas dueñas de esas voces, o de lugares remotos, en el tiempo o en el espacio, o qué se yo, me resulta estimulante en estos momentos.
El iPod es pequeño y ligero pero, sin embargo, tiene una capacidad de memoria asombrosa; el color de su piel es negro grafito. Esto es muy importante y no lo digo por la estética (elegante, para qué negarlo) sino porque al tener esa textura no se marcan las huellas de los dedos en su superficie (una de mis manÃas: no soporto las marcas de dedos en cds, dvds, y demás superficies. Sufro mucho. SÃ, qué pasa).
Ahora le estoy dando de comer. Su apetito parece insaciable. Devora sonidos e imágenes a una velocidad increÃble y mientras lo hace estoy pensando que quizá su contenido diga mucho de la personalidad de su dueño. DÃme qué contiene tu iPod y te diré quién eres. Miraré a ver.