Archivo por días: 9 octubre, 2006

Cumpleaños

Mi sobrino Carlos ha cumplido hoy dos años. Vino al mundo un sábado a la hora de comer. Cuando me asomé a la cuna de metacrilato donde dormía plácidamente mostrando los deditos arrugados por la larga estancia en la cálida piscina de la placenta sentí inmediatamente que algo salía de dentro de mi y entraba en comunicación con él y algo me dijo que así iba a ser toda la vida. Y mientras le acariciaba la cabecita se me puso un nudo en la garganta, porque la ternura late en la garganta cuando ya no cabe en el corazón, y con el pensamiento le dije: “tú y yo nos vamos a llevar muy bien, pequeñín”.

Dos años después, todavía se me pone el mismo nudo en la garganta cada vez que le veo, creciendo, serio cuando mira abstraído hacia alguna parte y el chupete marca el compás de dos por cuatro en su boquita, sonriendo desde un rincón del ascensor cuando se marcha con una complicidad desarmante porque parece decir, “lo sé, juntos, te entiendo”, o completamente absorto en el descubrimiento de que ese coche de colores se mueve adelante cada vez que su dedito acciona un botón y persiguiéndolo por el pasillo de casa mi madre de manera que me lo pone muy difícil para poder sacarle una foto.

Hay una parte de mí guardada en el corazón de Carlos, que es adonde acudo a veces con sólo cerrar los ojos para notar un calor dulce que hace acudir principios de lágrimas de alivio y ayes de ternuras que no saben de palabras. Ni importa.
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Visitas de Carlos a “La Idea del Norte”: 16 de Agosto de 2005, 10 de Septiembre de 2005, 12 de Octubre de 2005, 30 de Noviembre de 2005, 16 de Julio de 2006.

Moderación

Dieciséis meses y doce días. Es el tiempo que ha transcurrido hasta que a alguien se le ha ocurrido elegir una hora muy torera, las cinco de la tarde, para tener la valentía de esconderse en una identidad falsa y conseguir el honor de ser el primero en publicar en este blog un comentario descalificativo sin venir a cuento con el contenido del post. Así, sin más.

Lo más curioso de todo es que la persona en cuestión no ha caído aquí por casualidad, sino que ha apuntado bien. Bueno, en realidad ha sido un poco torpe porque ha entrado mediante Google poniendo mal el nombre de este blog. Da lo mismo. Mi amigo Alex, que sugirió prudentemente la instalación de un software de estadísticas muy detallado cuando este blog empezó a crecer más de lo previsto, me ha llamado a los pocos minutos con el pertinente análisis que, al parecer, arroja datos que no me haría mucha gracia saber, según ha dado a entender. Me huele a proximidad. Así que prefiero no saberlo. O por lo menos hoy no, que es el cumpleaños de mi sobrino y todavía tengo puesta en mi sonrisa su sonrisa de hombrecito de dos años.

Pero lo sucedido obliga a introducir algo que no me hubiera gustado nunca tener que hacer, porque me parece incómodo y algo desagradable, sobre todo en un lugar que siempre pretendió ser un lugar acogedor; me refiero a la moderación de comentarios que, desde hace unos minutos, está activada. Eso quiere decir que, a partir de ahora, todo comentario que se escriba se quedará en el limbo esperando su revisión. En resumen: que su publicación en pantalla no será inmediata, como ocurría hasta ahora, a no ser que yo esté al lado del ordenador en ese momento. La verdad es que me parece algo lamentable pero creo que es lo mejor para que este lugar siga siendo el lugar que era hasta las cinco de esta tarde. Y espero que todos sepan comprenderlo.