Archivo por días: 29 septiembre, 2006

Cólico

Me ha dado un cólico de riñón. El izquierdo. Un cólico de los fuertes. Todavía no las tengo todas conmigo porque persiste un punto doloroso, como un aguijón que quema, y una mala gana en el cuerpo que ni te cuento, pero de momento parece que hay tregua, supongo que debido al cóctel cuya receta consiste en:

-2 Buscapinas.
-1 Voltarén
-1 ampolla de Nolotil (bebida)
-1 protector de estómago (es la guinda del cóctel)

(No te asustes, muskarias, ya sabes que soy un poco yonki para estas cosas)

Hacía años que no me daba un cólico de riñón. Pero esta mañana me he levantado con un ligero dolorcillo en la zona de la ingle y luego me he sentado al piano y cuando he hecho un movimiento brusco para que mi mano derecha socorriera a la izquierda, que se encontraba en apuros en los bajos fondos del teclado, he notado de repente una descarga eléctrica familiar y me he levantado corriendo hacia la cocina entre juramentos y maldiciones porque mira que a mí me ha tocado pasar dolores malos pero es que un cólico de riñón, y sobre todo cuando notas que te viene fuerte, es para desesperarse. Así que mientras preparaba el cóctel farmacológico a todo correr le he pedido a Mari que me trajera del armario, por favor, la manta eléctrica. Y mientras tanto el dolor se ha hecho insoportable y me hacía dar vueltas a la cocina mientras intentaba ingerir galletas como si fuera el monstruo de las idem de Barrio Sésamo para hacer fondo de estómago y que todas esas pastillas no cayeran en vacío y entonces ha venido el sudorcillo frío y las ganas de vomitar. Y el vómito.

Me he instalado en el sofá al calor (cansino) de la manta eléctrica, con la botella de Font Vella al lado y de vez en cuando entraba Mari y se me quedaba mirando con cara de susto y decía:

-Vaya mal rato que estás pasando, hijo.

Mari es muy buena gente.

A mí cuando me da un cólico fuerte lo que más temo es tener que subir al hospital. Me saca de quicio eso de la espera mientras te retuerces de dolor. Se me dispara la ansiedad y aún es peor. Así que pongo todas mis esperanzas en el cóctel anteriormente descrito y en la botella de Font Vella. La última vez que no me quedó otro remedio que ir le dije al médico de urgencias que tenía un cólico de riñón y entonces dejó de escribir, levantó la vista y me dijo: “Eso lo dirá usted”. Y yo le contesté: “hombre, pues claro que lo digo yo, no te fastidia”. Luego tuve que volver al día siguiente y ese médico ya no estaba, estaba otro, y como los cólicos se repetían sin parar y mi vena neurótica e hipocondriaca estaba descontrolada le solté si había riesgo de fracaso renal (vale, de acuerdo, la noche de antes había visto un capítulo de “Urgencias”). Y dejó de escribir, levantó la vista y le dijo al asistente que me dieran un tranquilizante.

Ahora estoy sentado en el sofá con la manta eléctrica en el costado izquierdo, el portatil en las rodillas, el estómago algo revuelto y entre aburrido y alerta, porque el dolor agudo ha pasado pero queda por ahí un murmullo que me dice que luego nos vemos. Yo sigo bebiendo agua. Resignación.