Archivo por días: 22 septiembre, 2006

Vuelta

Pues eso, que ya estoy de vuelta (¿no se me nota en el tono de voz?) Es broma, lo del tono de voz digo, no lo de que estoy en casa, que estoy, desde ayer por la tarde. Venía cansado del viaje pero tenía que pasarme a última hora por la consulta de la psicóloga. Yo creo que lo hizo adrede para pillarme fresco y aprovechar para darme un buen repaso (entendámonos, claro).

Me tocó esperar. En la sala de espera busqué en la mesita donde se apilan las revistas y vi un número atrasado de “Muy Interesante” confiando que hiciera honor a su nombre para no quedarme dormido. Hablaba de la genialidad y del talento. En un recuadro de color ponía: “La otra cara del talento” y afirmaba que existen evidencias que demuestran que las personas que poseen un gran talento son proclives a desarrollar enfermedades autoinmunes. Pensé que sólo con eso ya tenía la consulta resuelta, la autoestima por las nubes y encima gratis. Pero no. Se abrió la puerta y apareció la sonrisa de la psicóloga.

Una confluencia de tres circunstancias interactuaron entonces (me dí cuenta porque la revista me había mostrado evidencias de que tengo talento y el talento sirve para darse cuenta de las cosas, incluso de tres a la vez). A saber: que yo era el último paciente de la tarde, que ella vio que el viaje me había sentado muy bien y que afuera caía el diluvio universal. El resultado: trabajo a fondo. Machaque. Dijo la psicóloga que toda la vida no he hecho otra cosa que “darme” y cuando lo dijo paró un poco porque me quedé pensativo, la verdad. Luego prosiguió con la precaución de quien quiere decir algo importante con tacto asegurándose de que estás escuchando, de que no estás ausente, y entonces dijo que quizá vaya siendo hora de que me de algo a mí mismo.

(-¿De hostias?, pensé yo.)

-¿De hostias?, dije yo.

Pero ella sonrió y no le dio importancia a esa pregunta porque supo que comprendí perfectamente lo que me estaba diciendo (al fin y al cabo, ella también ha debido leer ese ejemplar de “Muy Interesante”).

Luego añadió: “deja de darte de esa forma y verás entonces realmente con quién cuentas, para quién cuentas; además te recargarás por dentro, que es lo que necesitas ahora mismo”. Y terminó diciendo que ese “darme” podría ser tiempo, silencio, salir a cenar, decir “ya no”, lo que fuera. Durante un tiempo. Y que quizá había llegado el momento de empezar, no?

(Sí)

A la salida tenía una llamada de Belén. Ella creía que estaba cazando colores con la cámara en el horizonte del mar pero yo le dije que acababa de descubrir en una sala de espera que tenía talento, al parecer oculto, pero talento al fin y al cabo. Después de reirse me dijo que me quedara en algún portal que en 5 minutos pasaría a buscarme en coche para acercarme a mi casa. “No te vayas a mojar”, dijo. A mi escuchar estas cosas me emociona, de veras (¿vendrá eso en algún número de “Muy Interesante”?) pero le dije que no, que gracias, que después de cuatro horas de coche y de una entrevista tan intensa me vendría bien estirar las piernas y respirar un poco de aire aunque me mojara un poco (ya no llovía tanto aunque de repente me pareció ver pasar flotando un contenedor verde allá a lo lejos). Y ella: pues te acompaño a casa por teléfono. Y yo: pues muy bien. Y nos vinimos juntos.

Por la noche estuve pensando en lo de la psicóloga: darme, mirar por mí. Decidí que esa noche iba a dejar pasar el tiempo sin darme nada y que hoy lo dedicaría a empezar a pensar ¿qué necesito darme? por lo que concluí que, por lo visto, lo que me pide el cuerpo como prioridad es latir a ritmo pausado de segundo movimiento. Las notas del pentagrama ya se irán escribiendo.