Archivo por días: 19 septiembre, 2006

Mediterráneo

Ya estoy aquí de nuevo, a orillas del mar. Este Mediterráneo tiene un aspecto distinto tras las aglomeraciones de Julio y Agosto y los últimos temporales cuyas huellas todavía se notan en la textura de la arena. Parece un mar que siente cierto alivio, así lo percibo yo al menos que no hago otra cosa que mirarlo, aspirarlo con fuerza, pasear por su orilla…

El tiempo es espléndido. El cielo está igual de azul que cuando vine en Julio pero hay una diferencia hacia abajo de 15 grados, sopla una brisa de lo más agradable y la humedad ya no parece sacada del trópico, ni mucho menos. En resumen: así sí. Luego la inclinación del sol, que es distinta a estas alturas del año, le da al entorno un matiz especialmente atractivo. Dice el hombre del tiempo que este paréntesis entre temporales durará hasta el jueves. Perfecto.

Ayer hice un descubrimiento inquietante: soy adicto. A Internet. Pero en grado preocupante, en serio. Lo digo porque al llegar al hotel me informaron que la conexión íba a estar caída hasta hoy y lo que en principio fue recibido como un pequeño contratiempo sin importancia se convirtió, a las horas, en un verdadero síndrome de abstinencia. Vamos, que por la noche me escapé a buscar un ciber! Fue una experiencia kafkiana. Me senté entre un señor muy barbudo que escribía con dedos muy gordos mientras dejaba escapar unas risitas agudas y una chica que se insinuaba ante la webcam. Y yo en medio. Y arriba fluorescentes. Era todo un poco cutre y me sentí un poco cohibido, no sé, de repente no me veía yo hablando de la inclinación del sol y del misterio profundo de la línea del horizonte… así que me volví para el hotel un poco compungido.

Hoy me he despertado muy temprano (cosa rara) y me he dado un paseo por la playa antes de desayunar. Para cuando he vuelto el chico de recepción me ha dicho sonriente: “ya tiene conexión a Internet”, y eso me ha puesto muy pero que muy contento. Ahora que he llegado de comer estoy todavía más contento porque, de premio al mal rato de ayer, he descubierto que puedo conectarme desde le habitación (cosa que en Julio no pasaba, tenía que bajarme con el portátil a la zona Wi-Fi). De hecho, escribo estas líneas allí, o aquí, según se mire, habitación 110. En el pasillo escucho hablar a dos mujeres de la limpieza, que son un encanto en este hotel, de verdad. Una le acaba de decir a la otra que se ha apuntado a danza del vientre. La otra le ha dicho que a qué santo y eso mismo me he dicho yo y he dejado de teclear un poco poniendo la oreja, pero no se ha oído nada porque entonces una tercera les ha llamado desde el fondo del pasillo. Así que no sabemos a qué santo se ha apuntado a la danza del vientre. ¿Qué razones pueden empujar a alguien a apuntarse a danza del vientre?.

A lo que iba. Que aquí se está muy bien. El sol ya no hace insoportable la estancia en la playa, todo lo contrario. Hay el calorcito justo y la brisa refrescante. Y los atardeceres son para quedarse mirando con la cabeza inclinada un poco hacia la derecha. A mí es que me pasa eso cuando veo algo que me parece precioso, que me quedo mirándolo fijamente con la cabeza un poco inclinada a la derecha y creo que a veces hasta se me pone una sonrisilla en los labios. Otras me quedo como desconcertado, como ausente del tiempo y del día. Y paseamos mucho por la orilla. Lo escribo en plural porque he venido de nuevo con mi hermano y nos estamos riendo mucho. Y riéndonos tontamente, además, que son las mejores risas.