Casualidad

Partimos de dos supuestos:

Uno. Estoy en una sala de espera la tarde noche del viernes ojeando una revista científica donde pone que la Voyager II se aleja del sistema solar a la friolera velocidad de 15 kilómetros por segundo. Ese dato ya lo conozco pero siempre que lo recuerdo cierro los ojos y cuento varios segundos (uno, dos, tres…) y me da vértigo pensar en la distancia recorrida por la pequeña sonda. Pero estoy en la sala de espera contando segundos con los ojos cerrados (uno, dos, tres…) y antes de que me entre el vértigo suena el móvil. Belén. Plan de viernes por la noche. Antes era refractario a salidas de fin de semana pero me debo estar haciendo mayor porque ahora el ofrecimiento me parece de lo más estimulante. Vale. Quedamos.

Dos. Hay un tipo por ahí. Veintitantos años. Tiene un rasgo destacable. Habla. Habla mucho. Bueno, eso dicen, porque recuerdo que en un curso de seis sesiones que impartí hace tiempo le dije por seis veces “buenos días, qué tal” y por seis veces “adios, hasta la semana que viene” y él no abrió la boca.

Igual le dolía una muela.

Pero una vez abrió la boca para decir algo de una persona cercana a mí. Dijo que si un día a esa persona le pasaba algo malo lo celebraría con champán. Espero que el champán al menos fuera de marca buena porque lo debió tomar. Las personas a veces tienen mala suerte en la vida y lo pasan mal.

(La persona en cuestión era (es) mi hermano)

Creo que el tipo también toca las maracas, o algo. Habla mucho y toca las maracas.

Bien, partiendo de estos supuestos, salgamos por ahí el viernes por la noche.

Entramos en un chino (sí, ya he superado el repelús de la última indigestión). Acostumbrado a ir entre semana, este viernes por la noche hay algo que me llama la atención. Hay gente. Demasiada. Es curioso que a mí las aglomeraciones me incomoden cuando precisamente mi trabajo consiste en desnudarme emocionalmente delante de mucha gente y eso no me incomoda nada, no me produce ningún pudor. Pero de pie contemplando el rebosante restaurante me doy cuenta de que lejos de sentirme incómodo hasta le encuentro gusto a eso de sentarnos a una mesa rodeados de todas esas personas, con sus respectivos rollitos de primavera y sus respectivos rollitos de finales de verano. Realmente, me debo estar haciendo mayor.

A los pocos minutos de estar sentados a la mesa y mientras me llevo el vaso a la boca, una pareja se sienta a nuestro lado, única mesa que queda libre en todo el restaurante y mi sentido arácnido se pone a vibrar de inmediato. Miro de reojo. No puede ser. Suenan maracas. Cristo!, que diría Chinaski. Evito girar la cabeza y hago intención de hacerle una pregunta de confirmación a Belén que dispone de un ángulo de visión mejor pero sólo acierto a ésto:

-¿…

Porque para entonces Belén ya está haciendo con la cabeza ésto:

(ahora hay que imaginar un gesto de afirmación)

Decido tomarme la cosa con humor porque hace tiempo aprendí que el rencor sólo sirve para envenenarle a uno más. Y eso no. Allá cada cual con su conciencia, aunque la verdad es que esa frase hecha sólo sirve si el cual en cuestión tiene conciencia. En fin. Estaba en que decido tomarme la cosa con humor y sin bajar la voz exclamo:

-¿Pero es posible???

Y Belén se ríe. Al principio tapándose la boca por timidez pero luego abiertamente. Y yo me acuerdo de Bogart en “Casablanca” cuando está sentado a la mesa y dice aquello de “entre todos los tugurios del mundo ha tenido que elegir éste!”. Y da un golpe con el vaso en la mesa que viene a sustituir a lo que los guionistas no se atrevieron a poner en 1942: “Joder!”.

(Tócala, Sam. Ya sabes lo que no quiero oir: maracas)

Belén se sigue riendo. Me encanta cuando Belén se ríe a carcajadas.

Es muy raro todo. Hacía siglos que no salía un viernes por la noche a un sitio que no fuera la casa de unos amigos y de repente tengo al alcance de la mano al tipo del champán y las maracas, tan al alcance de la mano que si estirara esta mano derecha con la que estoy tecleando las oes, las pes, las eles y las comas de este post, amén de la barra espaciadora, le tocaría en el hombro. Y la Voyager II tan lejos (uno, dos, tres…) Sí, la verdad es que todo es muy extraño.

Terminamos la cena. La casualidad quiere que nos sirvan a ambas parejas a la vez el licorcito raro ese que dan en los restaurantes chinos y que yo nunca pruebo porque me sabe a colonia. Lo que suelo hacer para no hacer un feo es mojar los labios y luego los remojo en coca cola y listo. Nos ponen los minúsculos vasitos sobre la mesa y a mí se me ocurre decir:

-¿y si brindamos con champán???

A Belén le da la tos.

No, no brindamos con champán. Ni falta que hace. Belén dice que brindamos por nosotros y así lo hacemos. Y yo mojo los labios y luego pienso que si brindara por el tipo de las maracas que tengo al lado no sería para desearle nada malo, sino para que algún día le entrara un poquito de eso que se llama “humanidad”. Y remojo los labios en coca cola.

Hace una noche extraordinaria y damos un largo paseo y acompaño a Belén a su casa pero encontramos un jardín nuevo (Belén me dice que lleva unos 3 años allí, el jardín, y yo me asombro y me repito que cada vez estoy más convencido de que desconozco por completo mi ciudad) y nos sentamos en un banco a hablar a media voz con el confortable susurro de los aspersores al fondo y el olor del césped. Y la luna arriba. Y hablamos mientras comemos caramelos de colores. Y nos dan las mil. Pero tan a gusto.

Yo guardo un mensaje de Belén en mi móvil desde hace muchos meses. A veces, cuando las noches son oscuras, enciendo la luz de la pantallita y leo: “Estaré siempre”. Y me duermo más tranquilo.

23 pensamientos en “Casualidad

  1. Every

    La verdad es que aunque hayas superado la última indegestión … no te lo ponen nada facil en los chinos, a mi se me hubiese indigestado la cena teniendo un personaje así al lado.

    Yo guardo todos los mensajes que me llegan al corazón y muchas noches cuando no puedo dormir me dedico a leerlos (tengo para un buen rato porque son unos 200 y 198 son de la misma persona).

    Pero hay uno entre esos 198 sms que jamás borraré: “Has sido la única persona capaz de ganarse mi corazón …”
    Y según lo estoy escribiendo me emociono, por que esa persona ya no está.

    Aunque sé que lo haces, aprovecha mucho ese “estaré siempre” de Belén.

    Un emocionado saludo.

  2. Barbarita

    “Creo que el tipo también toca las maracas, o algo. Habla mucho y toca las maracas”

    Jajaja, me encanta. Yo antes nunca sabía por qué me gustaba seguir leyendo unos textos y con otros perdía el interés. Me lo tuvo que explicar un amigo que sí sabe del oficio de escribir. Esa que señalo es del tipo de frase que me lleva de cabeza al párrafo siguiente.

    Es muy ameno y agradable leerte, Emejota.

  3. V

    Lo pagará. Una persona así lo acaba pagando y muy caro. Te lo digo yo.
    Vamos, que te lo aseguro.

    “El enemigo más peligroso es el amigo al que traicionaste”.

    V.

  4. Miguel Cane

    Querido Mariano,

    Así es esto de salir a cenar los fines de semana, te encuentras siempre de manos a boca con quien menos ganas tienes de ver.

    Siempre habrá algún maraca gandalla.

    Pero lo lindo, es el desenlace de la cena. Eso siempre sirve para darle esperanzas a uno. Aunque vengan de trasmano y al otro lado del mar. Enhorabuena.

    Un abrazo trasatlántico de
    M
    [Preparándose para salir a cenar en un Japonés]

  5. emejota

    Lo de “maraca gandalla” me ha hecho gracia, Miguel. No sé lo que significa pero me ha hecho gracia y lo voy a apuntar ;)

    (¿será cuestión de replantearse lo de cenar fuera los fines de semana? No, ni hablar!)

    Espero que tu cena en un Japonés no te depare sorpresas inesperadas. En todo caso, que sean sorpresas de las buenas.

    Un abrazo!

  6. emejota

    Hola V:

    Soy escéptico en cuanto a eso de “pagar” porque estos tipos tienen encima suerte y tienden a hacer esas cosas a gente que no toca las maracas pero que quizá tiene un poco más de seso, o corazón para, como mucho, escribir un post irónico sobre el asunto y punto. Post donde, para empezar, se obvian nombres, cosa que él no hizo en su momento.

    Bastante tienen tipos así con ser como son, lo que pasa que no se suelen enterar (que ya es el colmo)

    En cuanto al aforismo de “El enemigo más peligroso es el amigo al que traicionaste”… es que resulta que no somos amigos de este tipo (por fortuna). Si lo quieres, todo para ti! ;)

    Aquí, en este asunto, lo único que ha pagado es su cena en el chino. Que le aproveche.

    Un abrazo.

  7. emejota

    Pues mira qué casualidad, causal, que casualmente tu guión apareció en los postres y algún botón se quedó sobre el mantel.

    Un abrazo.

  8. emejota

    Si quieres algo verdaderamente ameno y agradable, barbarita, tienes que conocer al tipo en cuestión. Su incontinencia verbal es legendaria. No te lo pierdas! Pero igual en vez de llevarte de cabeza al párrafo siguiente lo que te puede pasar es que termines dándote cabezazos contra la pared de los nervios…

    (muchas gracias)

  9. emejota

    Hola every:

    Conozco algo de mensajes en número centenario que quedan grabados en alguna parte. En mi caso, conjugan en pretérito imperfecto pero con el tiempo descubres vacuna para eso y a otra cosa. Celebro que, a pesar de todo, no parezca ser ese tu caso.

    Un abrazo.

  10. muskarias

    Al “maraca gandalla” habrá que echarlo al saco donde debiera estar tambien “el abuelo de Heidi” pero sin la posibilidad de ir a la tienda de la prensa.

  11. emejota

    La diferencia está en que el abuelo ese, como tú dices, es realmente una mala persona y este chaval estoy convencido de que no; que es simplemente inmadurez, inconsciencia (aunque el daño no entiende de inconsciencias, es daño sin atributos). Al menos lo quiero pensar porque si no sería bastante descorazonador.

    Un abrazo.

  12. Anonymous

    El post de las 12:35 AM no lo es. Por lo menos en cuanto a la gente que te rodea emejota.
    La cual tiene todo mi respeto.
    No ha sido la intención que ha podido parecer.

    Saludos.

  13. emejota

    Estoy acostumbrado e inmunizado, no te preocupes. Pero si lo preguntaba es porque entrar en el terreno de lo personal creo que merece, al menos, salir del armario del anonimato. Es una cuestión de elegancia o de honestidad.

    Un saludo.

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