Archivo por días: 27 agosto, 2006

Comentarios

Este post terminará hablando sobre los comentarios del blog pero va a empezar comentando otras cosas.

Por ejemplo.

Hoy hace la friolera de 65 años que mi abuela se casó. Lo ha soltado a mitad de la comida. Antes sólo había comentado que al salir de casa esta mañana casi le ha dado frío y todo; después sólo ha vuelto a comentar que al salir de casa esta mañana casi le da frío y todo. Han sido los únicos comentarios. Yo he pensado que igual estaba un poco tristona por los recuerdos y eso o igual simplemente estaba callada porque recordar 65 años debe ocupar lo suyo. Mirémoslo de esta manera: el día que mi abuela se casó, la Warner Brothers todavía no tenía cerrado el reparto de “Casablanca”. Ahí es nada. (Es curioso que utilicemos expresiones como ésta, “ahí es nada”, para referirnos a 65 años). Ayer por la noche venía de cenar dándome un paseo y me adelantaron unos recién casados todavía vestidos de novios y ya iban discutiendo. Ahí me parece que igual encaja mejor lo de “ahí es nada”, aunque nunca se sabe. El caso es que, ¿qué es de Bogart, Bergman (Ingrid), Rains, Lorre y Curtiz? ¿qué de los hermanos Warner?

Nada.

Pero también es verdad que todavía nos queda París… y mi abuela comiendo ensalada.

Luego está lo de esta mañana.

Comprar el periódico en un sitio que no es un quiosco de periódicos sino una librería multi-usos tiene sus ventajas, sobre todo si es domingo: puedes quedarte mirando el escaparate y a la vez que ojeas las novedades ojeas si el horizonte está despejado. Es una buena estrategia porque dentro estaba, de nuevo, el maligno en persona, ¡horror! ese hombrecillo canoso de apariencia pusilánime al que dediqué en su día un post (me da pereza buscarlo así que no pongo el enlace) y que convierte en angelito de la guarda al mismísimo Tony Soprano. Para colmo se dirigía a la puerta en ese mismo instante así que he recurrido a la estrategia número dos: me llaman al móvil. La estrategia número uno es mirar de reojo por el escaparate entre libro y libro y la estrategia número dos es hacer como que de repente me llaman al móvil y digo sí, dime dime, sí, bueno, muy bien, perfecto, no no, de verdad, me viene bien, de acuerdo, en unos veinte minutos, te parece? vale, sí sí, sin problema, bueno, nos vemos, venga, hasta ahora.

Y ya está.

El periódico de los domingos vale un poco más caro y además tiene sus riesgos.

Y luego viene lo de antes de comer pero después de lo de esta mañana: lo de antes de que mi abuela comentara que hoy hace 65 años que se casó pero después de lo del periódico. Y es que me he puesto a hacer limpieza en el blog: suprimido los post que en su día quedaron en la nevera sin terminar de cocerse con la etiqueta “borrador” y que ya han caducado, clasificar la (abundante) correspondencia que “La Idea del Norte” origina vía e-mail (sí, amigos, hay vida más allá de los comentarios que aparecen en pantalla) y alguna cosilla más y he aquí que llegamos al momento que se anunciaba al principio, cuando decía que este post iba a terminar hablando de los comentarios del blog después de comentar otras cosas.

Me he dado cuenta de una cosa muy curiosa: según la estadística del blog, hay personas que llevan un año visitando a diario “La Idea del Norte” y jamás han hecho un click en los comentarios. Cabría pensar que lo que leen no les interesa pero si vuelven a diario es que algo les interesará, digo yo. Entonces, cual directivo de televisión examinando las audiencias de la noche anterior, me preguntó acerca de las posibles razones del desinterés que un sector de lectores muestra por lo que otro sector pueda opinar (hay un tercer sector, mayoritario, que no opina pero lee los comentarios). Y se me ocurren dos posibles respuestas: la primera (la acabo de apuntar) es que hay lectores a quienes les da igual lo que digan los demás acerca del post del día; con el post ya tienen bastante. Parecen no contemplar la posibilidad de que los comentarios puedan ser un lugar de debate donde el post termine de completarse. La segunda posibilidad es tan sencilla como plausible, que todo puede ser: que haya quien no haya reparado en que existen los comentarios.

Pues existen.

Se hace click sobre ellos y sale una ventanita donde se pueden leer las opiniones de la gente. Esto me recuerda que no hace mucho recibí un mail donde se me sugería que interrogara a los comentaristas en lugar de limitarme a responderles, para suscitar un diálogo, un posible debate. Y el mail añadía una sutil llamada de atención: “como antaño”.

(hmmm…)

En resumidas cuentas: que hay gente que puede contar que se casó hace 65 años (y siempre quedará París), que no está de más recordar que el mal está entre nosotros (pero siempre puede salvarse uno agarrándose al móvil) y que un blog es, también, un espacio abierto (eso siempre).

As Time Goes By…