Archivo por días: 24 agosto, 2006

Planeta

Pero vamos a ver.

¿Qué es eso de que Plutón deja de ser considerado planeta? Resulta que se han reunido 2500 científicos en Praga y han llegado a esa conclusión y lo han tachado de la lista. Tan anchos.

¿Y Praga? ¿Es que no se va a pronunciar al respecto?

Cuando yo era pequeño tenía un libro que se titulaba “El Sistema Solar” y lo miraba a todas horas fascinado ante las fotos, dibujos y datos de esos otros mundos. Conforme pasabas las páginas y los planetas estaban más lejos había menos fotos y menos datos, o eran fotos más borrosas. Todavía las Voyager I y II no habían empezado a mandar a casa las fotos de la excursión. En los confines de aquel libro, Plutón ocupaba una página raquítica pero era la página que yo más visitaba. Me intrigaba muchísimo la escasez de palabras y, sobre todo, me atraía sobremanera esa deficiente fotografía en blanco y negro de un disco pequeño y desenfocado porque todo eso, la ausencia de palabras, el blanco y negro de la imagen espectralmente borrosa, resultaba de lo más excitante. Venía a sugerir una cosa: lejanía y misterio. Yo me preguntaba qué habría allí, qué colores, qué parajes, qué hielos, qué silencios, qué pasaba a las cinco y cuarto de la tarde el miércoles, por ejemplo.

Plutón fue un ingrediente fundamental en la sustanciosa sopa con la que alimenté mis fantasías infantiles, motivo más que suficiente para que me sienta algo dolido con la decisión que 2500 tipos han tomado esta tarde sin consultarme. Plutón ya no es un planeta del Sistema Solar. He intentado averiguar por qué no y me he encontrado básicamente con dos argumentos. Uno, que en su órbita atraviesa el cinturón de Kuiper, con lo que no cumple con la premisa de haber limpiado su órbita de otros cuerpos celestes.

Y yo me pregunto: ¿y qué culpa tiene él?

Pero lo peor es cuando te dicen que los nuevos instrumentos de exploración y medición han revelado que, en realidad, Plutón es mucho más pequeño de lo que se pensaba; que es hasta más pequeño que la Luna y por eso a partir de ahora, además de haber determinado su destierro, se atreven a denominarlo, en todo caso, “planeta enano”.

Y eso duele, las cosas como son.

¿Algún problema con los planetas enanos? Porque, que yo recuerde, el planeta más hermoso del universo es un planeta todavía más pequeño. Tanto que en él sólo caben una rosa, un niño con bufanda y una silla. Lo descubrió Antoine de Saint-Exupéry orbitando en el capítulo VI de “El Principito” y de su exploración se trajo esta crónica:

El planeta del Principito“Ah, principito! Así fui comprendiendo poco a poco tu pequeña vida melancólica. Por mucho tiempo no habías tenido por distracción más que la dulzura de las puestas de sol. Me enteré de este nuevo detalle el cuarto día a la mañana, cuando me dijiste:– Me encantan las puestas de sol. Vamos a ver una puesta de sol…

– Pero hay que esperar…

– Esperar qué?

– Esperar a que se ponga el sol.

Primero pareciste muy sorprendido, y luego te reíste de tí mismo. Y me dijiste:

– Siempre creo que estoy en casa!

En efecto. Cuando es el mediodía en Estados Unidos, el sol, como todo el mundo sabe, se pone en Francia. Bastaría poder ir a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol. Lamentablemente, Francia está demasiado alejada. Pero en tu planeta tan pequeño, te alcanzaba con correr tu silla algunos pasos. Y mirabas el crepúsculo cada vez que lo deseabas…

– Un día, vi al sol ponerse cuarenta y tres veces!

Y un poco más tarde agregabas:

– Sabes… cuando se está tan triste a uno le gustan las puestas de sol…

– ¿El día de las cuarenta y tres veces estabas entonces muy triste?

Pero el principito no respondió.”

Pues 2500 tipos listos, sí. La que no ha dicho nada es Praga, que se sepa.

Madurez

Dice el pintor Luis Gordillo hoy en el periódico que “la madurez es ir abandonando algunos sueños para adecuarte a la realidad”. Me parece una definición terrible seguramente porque es cierta. El proceso no es fácil: una cosa es abandonar algunos sueños y otra abandonarse con ellos. Aunque pueda parecer extraño, hay personas que creen que están madurando cuando en realidad se están perdiendo. Pero quizá, asumir que uno se ha perdido sea el inicio y el punto de partida del proceso que conduce a la madurez. A mí me tocó madurar aceleradamente desde muy pequeño movido por las circunstancias pero ahora que me he hecho mayor me he dado de bruces con un descubrimiento incuestionable:

Me he perdido.

Y creo que, aunque no sea agradable sentirlo, es bueno saberlo para echar a andar.