"Alice" 20 agosto, 2006
Escrito por emejota en : Cine , 11 comentarios , trackback
Siento una debilidad especial por “Alice” (1990), de Woody Allen. Los crÃticos la suelen considerar una pelÃcula menor dentro de la filmografÃa del cineasta pero no nos especifican si eso es algo positivo o negativo. Quiero decir que hay ocasiones en las que una obra es mayúscula por su condición de deliciosa miniatura. Una “Gymnopedie” de Satie es una obra menor, pero precisamente su condición mÃnima es la que la hace grande. En fin, da lo mismo. Hoy he vuelto a revisar “Alice” y me sigue pareciendo una preciosidad. Hay quien se sorprende de la interpretación que hago de la pelÃcula pero para mà es tan obvia que entonces soy yo el que sorprende de quienes se sorprenden… Vale, dejemos de sorprendernos tanto y al grano. Yo veo en “Alice” un trasunto delicioso de “Alicia en el PaÃs de las Maravillas” narrado a través de la mirada de Woody Allen y con Nueva York al fondo. La esencia del cuento de Carroll está ahÃ, y sus huellas se pueden seguir sin dificultad. Para empezar, el tÃtulo de la pelÃcula algo dice, que para eso es el tÃtulo, pero es la caracterización de Mia Farrow, con su corte de pelo, su sombrerito de lazo y su atuendo mezcla de colegiala y caperucita roja la que empieza a despejar dudas.
Farrow, maravillosa en su papel como pocas veces, es aquà Alice Tate, una mujer casada con un hombre adinerado que vive una existencia tan acomodada como monótona lo que le lleva a buscar nuevos caminos que den sentido a su vida.
Las analogÃas con la Alicia de Carroll están presentes a cada momento, siendo estas el armazón del guión de Allen (guión nominado al Oscar, por cierto). Como la protagonista del cuento, Alice se adentra en el mundo de fantasÃa a través de una madriguera, aquà situada en el exótico barrio chino y representada por la puerta de acceso a la consulta del enigmático doctor Yang.

Es este personaje quien anima a Alice a iniciar la primera etapa de su viaje onÃrico mediante una sesión de hipnosis:

A partir de ahÃ, toda la pelÃcula está plagada de pasillos, puertas y escaleras incitadoras:



De más está decir que, a lo largo de su viaje, Alice se encuentra con una serie de personajes singulares en escenarios insólitos donde el tiempo y el espacio funcionan caprichosamente. Unas veces son unos escombros urbanos los que se convierten, a la vuelta de la esquina, en una solitaria casa de campo:


Otras veces, surge súbitamente un confesionario en mitad de un jardÃn:

Pero estos lugares no tendrÃan sentido sin habitantes. Aquà no hay un sombrerero loco y una liebre que inviten a tomar el té pero Alec Baldwin es un gato de Cheshire inolvidable cumpliendo su misión de señalar a la protagonista del cuento la dirección que debe tomar y se materializa y se desvanece en el aire dejando el perfil de su sonrisa irónica suspendido al claro de luna en una de las escenas más poéticas rodadas por Allen en mucho tiempo:


En una tesitura menos lÃrica, hasta encontramos una particular oruga que se convertirá en mariposa una vez se libere de su crisálida de espuma (y de mascarilla facial de barro):

Como en el cuento, la Alice de Allen se topa aquà y allá con brebajes con la correspondiente etiqueta “Bébeme”:

claro que aquà nuestra Alice no crece ni mengua fÃsicamente, sino que se crece ante las circunstancias. Que se lo pregunten al desconcertado Joe Mantegna que unas veces sentirá el acoso de la tigresa:

y otras apenas reconocerá a la apocada y frágil mujer que tiene a su lado (obsérvese que en el mundo “real”, Alice lleva un atuendo convencional):

En este recorrido comparativo no podemos pasar por alto siquiera con un ejemplo (hay más) un guiño precioso: hay en la pelÃcula escenas enteras en las que sólo un leve movimiento de cámara al final nos revela, burlona, que la hemos presenciado a través de un espejo (“Alicia a través del espejo”):


Por supuesto, esta Alice tendrá que despertar al final de su sueño. Pero aquà no se trata de un sueño biológico, sino de una metáfora: la Alice de Allen despierta de una vida de en-sueño a un mundo real que, a partir de su viaje iniciático por el paÃs de las maravillas, ya no tendrá las comodidades y el glamour de antaño pero, a cambio, le revelará una vida nueva, propia, una vida verdadera donde residirá su dicha y su fortuna.
Inolvidable Alice.
Aforismo 20 agosto, 2006
Escrito por emejota en : Varios , 2 comentarios , trackbackHay quien necesita estar solo y hay quien sólo necesita estar.
(Ideario del Norte, apéndice XVI)