Archivo por días: 16 agosto, 2006

Azar

Brooklyn FolliesLo primero que se me ocurre decir de Paul Auster es que sus novelas no se transitan: se habitan. Te instalas en ellas, te adaptas enseguida al entorno y tienes la inquietante y atractiva certeza de ser pieza fundamental en el engranaje que da sentido y pone en pie ese escenario de palabras. Lo segundo es el misterio. Adentrarse en una novela de Paul Auster siempre me produce una sensación extraña, como si ese universo suyo en el que el poder del azar y las coincidencias determinan la existencia de los seres que lo pueblan afectara igualmente al lector. No es la primera vez que me ocurre. Yo adquirí su úlima novela, “Brooklyn Follies” (Anagrama), cuando salió allá por el mes de Marzo y fue la mención fortuita del autor en un post reciente la que me recordó que su lectura me estaba esperando, todavía. Y fue ponerme a leer cuando me di cuenta de que ahora era el momento justo de hacerlo. Yo estoy ahí. En realidad, más que yo mismo, quien está es mi circunstancia actual encarnada en un personaje.

A veces me pregunto si Auster posee la enigmática capacidad de captar aquéllo que, sin saberlo, quizá nos está afectando a todos independientemente de las particularidades de la existencia de cada cual: la sensación de sentirnos solos a pesar de que estemos rodeados de mucha gente, la necesidad de detenerse a reordenar las piezas del puzzle de la vida para poder obtener una imagen clara de uno mismo, la llamada al retorno como requisito para proyectarse hacia adelante, o el luminoso y revelador descubrimiento de ese refugio interior que nos aguarda y que aquí adopta el nombre de Hotel Existencia.

Por eso, coger entre las manos una novela de Auster supone situarse ante una experiencia turbadora, seductora e irresistible. La prosa fluye con pasmosa naturalidad, río de palabras, y su superficie es el espejo en el que el lector se adivina, se reconoce y se descubre, ya sea en el pensamiento de un personaje al filo de una página, en una carrera en taxi, o apeándose en el capítulo cuatro a mirar. Los libros de Auster tienen algo de oráculo que te brinda sabiamente todas las respuestas. Y hasta las preguntas.